La gerascofobia (también denominada midorexia) es un miedo irracional a envejecer y a cumplir años que, frecuentemente provoca distintos niveles de ansiedad por anticipación.
En una sociedad como la actual, cada vez más preocupada por la imagen, que ejerce una presión de consumo sobre todo lo relacionado con la preocupación de muchas personas por verse joven, dificulta vivir la experiencia del envejecimiento como lo que es, algo natural. En los casos más extremos del rechazo a envejecer se suele observar el fenómeno de la gerascofobia. Hablamos, entonces, de una situación en la que el miedo a envejecer y el nivel de exigencia física y mental para tratar de retrasar lo inevitable, puede generar problemas como el trastornos obsesivo-compulsivo, los trastornos de ansiedad y la depresión.
Hay una enorme diferencia entre cuidarse, estar bien, sentirse joven, y la obsesión por tratar de evitar o retrasar un hecho natural como es el envejecer. Las personas con gerascofobia muestras una preocupación patológica ante cualquier síntoma propio del hecho natural de envejecer, como el descubrimiento de arrugas, canas o flacidez muscular, o deterioros en la capacidad cognitiva. Como ocurre en otro tipo de fobias, los pensamientos son muy negativos, en este caso relacionados con el propio envejecimiento.

Distinción de la gerascofobia con otros conceptos
Midorexia, obsesión por parecer más joven
Recientemente, a nivel popular, ha surgido el término “midorexia”, aludiendo a una conducta obsesiva por aparentar ser más joven o evitar a toda costa la aparición de signos relacionados con el avance de la edad: excesiva adherencia a ciertos hábitos o rutinas (deportivos, nutricionales u otros), alta recurrencia a tratamientos estéticos tal vez obviando riesgos, ocultación deliberada de la propia edad… Todo para mantenerse en esa eterna juventud anhelada. La midorexia es una conducta que puede ir asociada o no a la gerascofobia, no un trastorno reconocido en ninguna clasificación formal de trastornos mentales.
Gerontofobia, aversión a las personas mayores
Gerascofobia no es lo mismo que gerontofobia, aunque provienen de la misma raíz griega: ger, pero mientras que el primer caso hace referencia al verbo envejecer, el segundo lo hace al sustantivo geron (anciano, viejo). La gerontofobia es, pues, la aversión hacia las personas mayores, asociándolas a decadencia, enfermedad o decrepitud. En tanto que fobia, conlleva la aparición de ansiedad ante situaciones que puedan requerir interacción o compartir espacios o momentos con personas ancianas.
Edadismo, discriminación por edad
Otro concepto a distinguir es el edadismo, que hace referencia a conductas o actitudes de discriminación hacia colectivos de personas por razón de su edad que, a menudo, se dirigen hacia las personas mayores. En este caso, hablamos de un problema de clara base sociocultural como cualquier “-ismo” o forma de discriminación ante unas características personales determinadas.
Sugerencias para abordar la gerascofobia
A nivel colectivo
Como ante muchas otras cosas, una de las mejores estrategias es la prevención, abordando los sesgos o estereotipos arraigados en la sociedad, que pueden conducir a una visión negativa del envejecimiento y a promover conductas como el edadismo, presente en muchas actitudes cotidianas, incluso en el lenguaje que se emplea para referirse a las personas mayores.
Es particularmente pertinente conceder espacios explícitos en los currículos educativos para tratar la cuestión del envejecimiento y sus vicisitudes, así como la promoción de las relaciones intergeneracionales mediante acciones específicas.
Por supuesto, el fomento de la investigación para la detección precoz de enfermedades neurodegenerativas u otras y contribuir así a disminuir los años vividos con discapacidad y fomentar una vejez plena y autónoma a la que sea menos temeroso acercarse.
A nivel individual
Un artículo periodístico del medio digital “65 y más” aborda la cuestión de la gerascofobia con distintos profesionales y se recogen distintas recomendaciones que aquí reflejamos, junto con aportaciones propias:
- Actuar para la prevención de enfermedades como el Alzheimer, procurando una vida saludable: cuidar la alimentación, realizar ejercicio físico, mantener la mente activa, evitar hábitos tóxicos y seguir los controles médicos pertinentes.
- Evitar la soledad no deseada, cuidando y manteniendo el vínculo con la familia y las amistades, saliendo y participando en actividades sociales.
- Es importante conectar con los propios objetivos y valores vitales a la vez que se revisa todo aquello que ya hemos conseguido o cumplido. Estas reflexiones pueden ser de ayuda para dotar de significado personal a cada etapa de la vida.
- Ante la ansiedad derivada del temor a envejecer, es recomendable aprender estrategias para controlarla, como el mindfulness, las técnicas de relajación o de respiración, así como para la gestión de los pensamientos negativos. Si la ansiedad se acompaña de problemas de inseguridad o autoestima habría que plantearse una consulta profesional para que evalúe la necesidad de una intervención psicoterapéutica.
El deseo latente de ser inmortal o eternamente joven es casi tan antiguo como la humanidad y puede surgir individualmente en algunos momentos en los que, por cualquier motivo, se exacerba la consciencia de cómo de implacable es el paso del tiempo o de los cambios corporales o de la propia imagen según se cumplen años. El temor a envejecer es natural y, hasta cierto punto, comprensible. No obstante, cuando sobrepasa ciertos límites y se convierte en un miedo anormal y persistente, hay que plantearse la posibilidad de estar padeciendo una alteración psicológica, como es la gerascofobia.
A veces conviene recordar que envejecer es un regalo que no le llega a todo el mundo y que vale la pena encarar cada etapa vital con la máxima satisfacción posible antes que angustiarse por un devenir inevitable.


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