Aceptar la realidad es un signo de fortaleza muy valioso


Con frecuencia, en consulta de pacientes, en preguntas de alumnos o personas que asisten a algún coloquio e incluso en charlas con amigos surge la importancia de la aceptación como manera apropiada y necesaria para permanecer en contacto con nuestra experiencia emocional interna, desafiando la tendencia a la evitación vivencial de nuestros temores y contradicciones, de los conflictos de la cotidianidad.

No es fácil, pero tampoco resulta imposible, que nos esforcemos por aceptar aquellas cosas o situaciones no deseadas de nuestra vida sobre las que tenemos poca o nula capacidad para modificarlas. Al final, la aceptación de estas realidades favorecerá el fortalecimiento de nuestra tolerancia a la frustración y la mejor comprensión de que los fracasos, las pérdidas y los desengaños forman parte de la vida y están en la fórmula misma del aprendizaje para los cambios que nos mejoren.

”Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma”.

Carl Gustav Jung

La aceptación es, por tanto, la capacidad para asumir la vida tal como es, tal y como nos toca vivirla. Tal es así que, en la aceptación se encuentra la «fórmula» para sentirse bien porque nos marca el camino de la superación. Alcanzar este estado, también pasa por empezar a entender que el malestar o el sufrimiento que nos toque experimentar por el hecho mismo de estar vivos, es algo «anormal» y contrario a tener salud mental.

Aceptar es un proceso de tolerancia y adaptación, no de lucha. Lo importante no es lo que acontece en el momento en el que aceptamos la realidad, sino cuáles son nuestras reacciones ante esos acontecimientos, porque es a partir de estar reacciones que afrontamos con mayor garantía de éxito experiencias vitales complicadas, las complejidades de aquello que nos toca afrontar.

ACEPTARNO ACEPTAR
IntegrarLuchar
AprenderCombatir
AdaptarRumiar
AsumirExigir
ReconocerRevisar
AsimilarQuejarse
Tomar concienciaEvitar
EntenderNegar
ComprenderRechazar

Aceptación versus Resignación

Ambos conceptos se relacionan directamente con los momentos difíciles, con las situaciones de crisis personal, pero hay que saber distinguirlos. Lo primero es que, aceptar la realidad, no significa no hacer nada y resignarse. Aceptación y resignación tienen en común que ambas acciones hacen referencia a dejar de intentar algo y se diferencian en casi todo lo demás.

La aceptación es un paso fundamental para mantener la estabilidad psicológica que nos proporcione tranquilidad y fuerza para seguir hacia una meta de recuperación o asimilación de limitaciones. Esta maduración psicológica nos lleva a la comprensión de que no tenemos que conformarnos con lo que puede ser mejorado , pero que tampoco podemos condicionar nuestras vidas en los esfuerzos vanos para cambiar aquello que se escapa a nuestro control.

La resignación te invita a no hacer nada y por tanto a ver pasar la vida.

En cambio, la aceptación nos anima a cambiar y a movernos por conseguir objetivos. Entendemos y sentimos que la realidad es así y que partir de ahí, podemos poner todas nuestras fuerzas en construir y modificar aquello que queremos. La fuerza de cambio es enorme. La aceptación potencia nuestro autocontrol, nos facilita las decisiones por las que nos hacemos responsables ante nuestros propios estados de ánimo para, en su caso, cambiarlo sin caer en la apatía de la resignación.

Las 5 diferencias claves

1 La aceptación nos ayuda a superarnos.

2 La resignación alimenta la pasividad.

3 La resignación no nos deja aprender de los errores.

4 La aceptación nos ayuda a ver las cosas con perspectiva.

5 La resignación promueve la indefensión.

Photo by Laura Tancredi

Nuestras experiencia vitales suelen estar mucho más relacionadas con lo que interpretamos de la realidad que con hechos objetivos en sí mismos. Las diferencias que acabamos de señalar entre aceptación y resignación permite sentar las bases para recuperarnos de los malos momentos mediante la manifestación fortalecida de la resiliencia.

Aceptación versus Tolerancia

En este caso, también, como en el anterior, estamos ante dos conceptos frecuentemente confundidos como similares, aunque son claramente diferentes.

La aceptación es un hecho incondicional, sin juicios de valor, sin «peros», aceptando las circunstancias tal y como son. La tolerancia, sin embargo, implica asumir una circunstancia emitiendo un juicio de valor negativo, es decir, una actitud de «soportar» o «aguantar» a la que subyace un profundo oposicionamiento y malestar.

Aceptar necesita de que se conjugue la empatía en nuestra forma de relacionarnos con los demás o en la visión que tenemos del mundo. En la tolerancia la empatía o el perdón no es imprescindible. Podemos tolerar sin aceptar. En la tolerancia hay una distancia formal, que no implica la voluntad de tender puentes, como sí ocurre en la aceptación, cuya vocación es la de aprobar, la de recibir.

Aceptación: Una estrategia emocional muy valiosa

Especialista en Terapia de Aceptación y Compromiso. Consulta aquí

La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) ha venido demostrando que tomar contacto con la realidad de lo que sentimos, de nuestras experiencias, sentir e identificarnos con nuestras emociones (sin intentar evadirnos de las sensaciones desagradables ni emitir juicios de valor) es una de las mejores maneras de alcanzar una adecuada regulación de nuestras emociones.

Es relativamente frecuente, especialmente en los casos en que abordamos en consulta episodios de ansiedad exagerada o trastornos de ansiedad, encontremos pacientes cuyo principal problema desadaptativo sea la falta de aceptación por lo que está sintiendo. Se trata de personas que gastan gran energía en la desesperanza de dejar de sentir ansiedad y que, con frecuencia consiguen el efecto contrario. La evitación experiencial de emociones, no es la mejor manera de afrontar un problema de ansiedad. Esta forma de escapar, aunque proporcione cierto alivio momentáneo, solo contribuye a enquista emociones y sentimientos contrariados y se relacionan con mayores complicaciones psicológicas.

Aceptar es identificar, sentir, dar espacio, normalizar y expresar cualquier emoción por desagradable que ésta nos pueda resultar. Es, si duda, uno de los mayores retos que debemos superar para alcanzar nuestro bienestar psicológico y vital.


¿Por qué determinadas personas tienen más problemas con la aceptación?

Para muchas personas, la simple idea de aceptar la realidad les repele. Este rechazo está relacionado con los distintos factores que dificultan la aceptación, como son: la importancia del problema, el hecho de que sintamos no tener control sobre lo que nos pasa o la dificultad de dar un sentido al sufrimiento que nos puede provocar la realidad que nos negamos a aceptar.

De igual manera, los problemas de aceptación también se relacionan con algunas características personales como tener una baja tolerancia a la incertidumbre, creencias irracionales, personas con esquemas morales muy rígidos o la tendencia a atribuir a factores externos (la suerte, el karma) nuestros problemas. La intolerancia emocional conlleva, también, la negación o no asunción de lo que ocurre, provocando evitación experiencial y/o cognitiva.

Beneficios emocionales y conductuales de la aceptación

Ver la realidad tal y como es en nuestro presente ya es una buena manera de afrontar positivamente nuestra vida; porque aceptar no es quedarse de brazos cruzados viendo pasar la vida, sino, por el contrario, supone prepararnos mentalmente para actuar sobre aquello que consideramos importante, valioso y bueno para nuestras vidas.

Son beneficios destacables:

  • Mejora nuestra capacidad para los cambios adaptativos a nuestra realidad.
  • Propicia los pensamientos racionales y objetivos.
  • Aumenta nuestro aprendizaje resiliente para afrontar situaciones venideras.
  • Actitud propositiva en la búsqueda de soluciones. Desbloqueo.
  • Ahorro de energía, optimización del tiempo.
  • Aumento de la autoestimas, de la sensación de control personal.

Nuestras fortalezas ante la vida se construyen superando tres barreras: el miedo, la resignación y la indiferencia.

José Saramago

Una respuesta a «»

  1. Me ha gustado mucho el artículo. Precisamente, tengo un trastorno de ansiedad y vi puntos en los que no había caído y son muy necesarios para aprender a llevarla.

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