La ansiedad es algo que nos acompaña y nos acompañará en determinados momentos de nuestras vidas y ante distintas situaciones. Es una de esas evidencias que nos alcanza a todos. Ya se ha repetido hasta la saciedad. La ansiedad es un mecanismo de adaptación y sobrevivencia humano. Útil en muchos aspectos de nuestras vidas. La controversia o extrañeza que pueden ocasionar estas afirmaciones solo se debe al hecho de que confundimos ansiedad con trastorno de ansiedad,
Cuando mi hijo obtuvo su carnet de conducir y le dejé llevar mi coche por primera vez, durante algunos minutos ambos experimentaremos episodios de una cierta ansiedad intensa. Al final de esta aventura, treinta o cuarenta y cinco minutos, nuestra ansiedad habrá disminuido considerablemente. Si repetimos este ensayo uno o dos días más, nuestro nivel de ansiedad será mucho menos intenso y más breve. Cuando semanas después me lleven por carretera o atraviese con ellos la ciudad en coche, la ansiedad habrá desaparecido.
De cuando la ansiedad se trastorna

A diferencia de ir viajando al lado de un novato (experiencia que casi todos podemos haber vivido, o que al menos es fácil de imaginar); las personas que sufren de un trastorno por amaxofobia (miedo a conducir) sufren un trastorno de ansiedad muy limitante. En consulta me he encontrado con casos difíciles de personas que perciben el tráfico como una amenaza y a las otras personas que conducen como peligrosas. Se trata de un trastorno de ansiedad, inducido por diferentes miedos, que produce desregulación emocional.
La ansiedad, como hemos visto en el ejemplo, cuando no disminuye de manera natural, se convierte en persistente, se trastorna y nos trastorna. Los pensamientos de preocupación distorsionada son la causa de este enquistamiento ansioso de nuestra mente. Pensar en amenazas y peligros ( «si conduzco me puedo matar o matar a alguien) y la impotencia que aflora desde esta vulnerabilidad («no soy capaz de conducir un coche») hará que la ansiedad se vuelva patológica y majaderamente recurrente.
Paradójicamente, en la mayoría de los trastornos de ansiedad ocurre que se trata de pensamientos y creencias sobrevaloradas, tanto en la probabilidad de que un hecho ocurra, como en la intensidad de la amenaza o peligro, de ocurrir. La ansiedad problemática casi siempre va de la mano de la anticipación, de cosas que no han producido y que probablemente nunca se producirán.
Catastrofizar
En sacar las cosas de quicio y perder el sentido de la proporción somo los humanos verdaderos artistas. Nos convencemos, rápidamente, de lo peor. Las experiencias, algunas de lo más corrientes, las convertimos en un suplicio. Es como si, nuestra mente ansiosa ,corriera delante de la vida, pisando a fondo el acelerador cognitivo. Es decir, pronosticando que lo catastrófico es mucho más probable de lo que en realidad parece, o incluso es. Los diferentes miedos básicos que subyacen a los trastornos de ansiedad nos hacen pensar peligrosamente.
La catastrofización es un constructo psicológico complejo que alude a variables emocionales y cognitivas focalizadas muy negativamente hacia el dolor (real o anticipado). El cerebro escanea ansiosamente señales de peligro, esta anticipación sesga nuestra capacidad de razonamiento y nuestro sistema de memoria, de manera que desarrollamos la tendencia a recordar la ansiedad experimentada en otros momentos pasados y la traemos a nuestra realidad presente como expectativas amenazantes. Todo nuestro sistema mental se queda estancado en un estado mental de ansiedad. Es decir, la ansiedad es como un virus que ataca a todo nuestro sistema operativo.
Catastrofizar hace que nos veamos como personas débiles, incapaces de hacer frente a pensamientos acelerados de amenazas percibidas, anticipadas. Dudar de si mismo, junto a una profunda sensación de incertidumbre, intensifica la creencia de vulnerabilidad de la persona ansiosa. La consecuencia más dramática de esta situación es que implica una distorsión de la realidad: nos consideramos más incapaces de afrontar los pensamientos peligrosos de lo que en realidad somos.
Cuando sobrevaloramos el peligro desde una actitud o afrontamiento personal infravalorado, se produce ansiedad elevada.
Las estrategias en terapia cognitiva ensenan a detectar y desactivar los pensamientos exagerados, automáticos, sobre amenazas y peligros.
Salir corriendo
Escapar y evitar son las conductas más frecuentes para controlar la ansiedad. En contadas ocasiones también podemos darnos la vuelta y luchar, pero esto, en realidad, ocurre casi siempre que no tenemos salida. Tras sentir una ansiedad imposible de soportar lo que hacemos es abandonar inmediatamente la situación. Sin embargo, y pese a lo que podemos pensar como lo más apropiado para disminuir la ansiedad patológica, salir corriendo no es de las mejores estrategias para reducir la ansiedad.
Hace tiempo que la investigación clínica en psicología han demostrado que las estrategias de escapada o evitación, contribuyen , y mucho, a la persistencia del trastorno de ansiedad por mucho más tiempo.. La huida y la evitación tienen generan tres importantes situaciones conflictivas:
- Dificulta que la ansiedad se reduzca de forma natural.
- Nos impide descubrir la falsedad del pensamiento ansioso automatizado.
- Supone una gran limitación de nuestra actividad. La evitación nos hace sentirnos débiles, dependientes, condiciona toda nuestra vida.
La terapia cognitiva nos ayuda a reducir y eventualmente a eliminar modelos de evitación insanos para conseguir así que la ansiedad se reduzca de manera natural.



Una explicación muy amena, gracias
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