La indefensión aprendida: vínculo con el sufrimiento


La indefensión aprendida, para que te hagas una idea de la importancia del concepto, es un principio básico de la teoría del comportamiento humano y animal, en general, que demuestra cómo los aprendizajes previos pueden producir cambios drásticos en el comportamiento, especialmente en lo referente a las actitudes pasivas ante las situaciones negativas, estando la persona en total capacidad para afrontarlas asertivamente. La indefensión aprendida es un fenómeno psicológico que afecta de pleno al plano existencial de humano.

En otras palabras, la indefensión aprendida es una condición basada en la sensación subjetiva de no poder hacer nada y, en consecuencia, optar por la pasividad , aceptando las causas del sufrimiento. Se trata, en la mayoría de las ocasiones de un estado mental, adquiriendo rango de síndrome en situaciones de violencia, cautividad o maltrato. El maltrato se convierte en costumbre. La indefensión aprendida en victimas de violencia de género o sometidas a vejaciones y torturas es un fenómeno más común de lo que cabria esperar. De igual manera, el síndrome se caracteriza por baja autoestima, tristeza continuada, complicaciones psicológicas ligadas a la frustración y percepción de fracaso (incluido el escolar). A nivel psicosocial se relaciona con violencia de género, doméstica, pobreza, discriminación, mala crianza con abusos y abuso de sustancias.

Y en síntesis. En el estado de indefensión aprendida no solo creemos no saber defendernos, sino que podemos llegar a pensar que tampoco lo merecemos.

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La desesperanza es el callejón sin salida de la indefensión aprendida. La persona está en un estado mental de conciencia donde piensa que no tiene ningún control sobre nada. Se convence de que no puede hacer nada por evitar lo que le sucede. Aleja de la conciencia que, en realidad, sí que puede. Por esta razón es un conflicto psicológico que se afronta, (con un pronóstico muy favorable de recuperación de una vida personal mejor) desde la psicoterapia. No es fácil, sin embargo, deshacer una experiencia cargada de estímulos negativos, dolorosos o desagradables, y la enorme frustración de sentirse incapaz de hacer otra cosa que no sea soportar.

La indefensión aprendida es aquella influencia sobre la mente capaz de mantener atado a un elefante a una estaca de la que se libraría empleando un poco de su fuerza. Esta imagen te aclarará las dudas que tengas sobre este asunto, si aún te queda alguna.

Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los mayores. Pregunté entonces a un maestro, un padre o un tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: «Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?». No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.

Con el tiempo, olvidé el misterio del elefante y la estaca, y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho esa pregunta alguna vez. Hace algunos años, descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo suficientemente sabio como para encontrar la respuesta: El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño (…)

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Fases de la indefensión

La indefensión aprendida se desarrolla a través de tres fases. Es imprescindible que el terapeuta conozca bien estos aspectos básicos del trastorno, en caso contrario o en la actuación de pseudoterapeutas ignorantes y atrevidos, la persona consultora puede sufrir una recidiva que complicaría su problema y lo cronificaría.

  1. La motivacional: ahí donde la persona deja de tener motivaciones, ilusiones personales para dejarse llevar por las voluntades ajenas.
  2. La emocional: al tomar conciencia de las situaciones adversas y el dolor va a seguir existiendo haga lo que se haga, uno termina rindiéndose para cubrirse de una tristeza asumida donde no hay escapatoria.
  3. La cognitiva: los pensamientos que suelen presentar los adultos y los niños caracterizados por la indefensión aprendida son siempre muy negativos, no son capaces de establecer adecuadas resoluciones a sus problemas, y de ahí, que casi siempre se derive en depresiones.

La indefensión aprendida no es un rasgo innato de personalidad. Nadie nace con el convencimiento de que no tendrá el control de su vida. Es un comportamiento condicionado a través de las experiencias, como ya hemos comentado, pero conviene no olvidar. Cuando la indefensión aprendida se deviene en síndrome, es decir, cuando concurre su sintomatología característica con otro tipo de cuadros patológicos, como la dependencia emocional o los trastornos de ansiedad, El riesgo de depresión aumenta considerablemente en la indefensión aprendida complicada.

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Indefensión aprendida y depresión

Existe dos tipos de impotencia aprendida, al menos son las variables con la que trabajamos algunos profesionales, útiles cuando te encuentras en las trincheras de la psicoterapia, desde los tiempos de Seligman y sus colegas. Hay que prestar especial atención a cómo manejar cada uno de ellos ya que ambos son predictores de la aparición de episodios depresivos.

Existe una indefensión personal, la sensación de impotencia se focaliza en la persona misma y en la idea de que otros podrían encontrar la solución o evitar su dolor, porque el sujeto se cree incapaz de hacer nada. En la indefensión universal, la persona afectada, no solo cree en que no puede hacer nada al respecto, sino que, en realidad nadie puede. Los sentimientos de malestar que generan tanto una como la otra, por no verse capaces de hacer las cosas bien, pone en marcha mecanismos de frustración , de derrota y de culpa que provocan importantes e impactantes déficits emocionales. Es el inmejorable caldo de cultivo para que se desarrollen trastornos del estado de ánimo severos. Las impotencias específicas que han durado mucho tiempo(como en los maltratos) son, sin duda , las más peligrosas en cuando al riesgo de desencadenar más síntomas depresivos.

La indefensión aprendida en el maltrato.

En el maltrato continuado, en la violencia contra los más vulnerables, la indefensión aprendida es uno de los síndromes más habituales entre las víctimas de abuso de poder. Una persona rendida, resignada a su suerte, que vive convencida de su inutilidad, es fácil de manipular. La víctima se fataliza a sí misma en un mundo lleno de realidad adversa. Esto explica por ejemplo, por qué en las dinámicas de acoso, abuso, maltrato y violencia, una persona es incapaz de reaccionar ante las conductas de otras personas que atentan contra su integridad física y emocional.

Cabe ser comprensivos y entender que en el complejo mundo del maltrato en la pareja o hacia personas especialmente vulnerables, las respuestas pasivas y de sumisión son el resultado mayormente de la indefensión aprendida. Por mucho que nos sorprenda ver o enterarnos de como alguien aguanta maltrato y vejaciones, los vínculos basados en la dependencia y en el miedo desestabilizan a la persona de manera psíquica y emocional; el cerebro se desconecta, se habitúa y asume la pasividad y la falta de control como una forma de supervivencia distorsionada.

Una de las mejores especialistas en el campo de la violencia en la pareja relacionada con la indefensión aprendida, es Leonora E. Walker. Conforme a la excelente anatomía psicológica que ha hecho esta psicóloga de la indefensión aprendida,, las respuestas características de este síndrome se emiten no solo para evitar el sufrimiento, sino también para no pensar ni siquiera en ello. Este proceso, altamente doloroso, se acaba integrando como un mecanismo de defensa de los más perversos y destructivos porque facilitan el ciclo de la violencia y los maltratos.

La victima empieza a vivenciar el impacto de estos hechos de manera continuada. Se da cuenta de que si reacciona, corre el riesgo de sufrirlos nuevamente de manera más intensa. El maltratador o maltratadora, por término medio, puede mostrar después una conducta de arrepentimiento y la promesa de que no volverá a suceder. La otra persona lo cree y continúa la relación. Sin embargo, al poco vuelve a darse un episodio violento y la víctima asume entonces que no hay salida. Lo mejor es aceptar la situación y no reaccionar.

La indefensión aprendida en el holocausto nazi de judíos.

Para los nazis los judíos y otros grupos de personas, no eran más que un número tatuado en la piel de un brazo. Esto ya de por sí los deshumanizaba. Muchos nos hemos preguntado, alguna vez, incluido Seligman, por qué los judíos no reaccionaron con violencia ante la crueldad de aquellos fanáticos asesinos. Los cautivos en los campos de concentración eran miles y sus carceleros, aunque bien armados, muy pocos en comparación. Revueltas y rebeliones bien organizadas, como ocurrió en el campo de exterminio de Sobibor, hubiera evitado gran parte del genocidio.

Gran parte de la respuesta al genocidio, a porqué aquellas gentes habiendo perdido toda esperanza de sobrevivir, prácticamente se entregaron a la muerte, está en el fenómeno del que venimos hablando desde hace un rato. Muchos de aquellos hombres y mujeres exterminados sostenían la creencia de que ellos, por sí mismos, no podían hacer nada para liberarse, salvo mostrar sumisión y resignación.

Cómo superar al indefensión aprendida.

De poco ayuda que alguien intente ayudar repitiéndole constantemente a la víctima lo que debería hacer o cómo debería pensar. Resulta tan inútil y tan contraproducente como decirle a un enfermo de gripe que deje de sentirse mal. La situación de desamparo personal con la que llegan estas víctimas a consulta, a veces es inmensa. Los consejos «de amigo» suelen sobrarles; los habrán escuchado cientos de veces, Hay que entender que estas personas han de hacer frente al impacto de un trauma que le exige para recuperarse, la reconstrucción de la propia identidad., la autoestima y casi todas las habilidades sociales básicas, como la asertividad. para desarrollar fortalezas que le permitan seguir adelante. En el caso de maltrato y violencia, será imprescindible un buen asesoramiento legal.

La indefensión aprendida se puede solucionar. Requiere abordar los esquemas mentales enraizados en la persona. La psicoterapia, en consecuencia, suele ser la mejor opción de tratamiento de los esquemas disfuncionales propios de este síndrome y de aquellas otras alteraciones psicológicas que suelen, como ya sabemos, acompañar a este trastorno. La urgencia en el tratamiento está en la necesidad de desestigmatizar a la victima. Empezar a que la persona, a través de la recuperación de su autoestima, empiece a recuperar su capacidad para la toma de decisiones, es un camino arduo, pero al que se llega de la mano de un buen acompañamiento profesional que propicie la activación de la resiliencia del paciente. Si tú que me lees, te encuentras en esta situación, te recomiendo que valores bien la ayuda profesional que se te ofrece. Los atajos del positivismo pseudocientífico suelen llevar a las recaídas.

Para tratar la indefensión aprendida se deben tener en cuenta diferentes perspectivas de tratamiento y escoger la que mejor vaya acorde con la persona y la situación del momento que esté viviendo. En la actualidad, los tratamientos cognitivos y conductuales y las terapias de aceptación y compromiso están ayudando a estos pacientes en la restructuración de pensamientos y emociones. Muestran gran efectividad, especialmente si se acompañan de cambios en el estilo de vida, recuperación física y activación arousal general del organismo.

No son los únicos posibles y pueden ser complementados por tratamientos muy prometedores para abordar esta impotencia vital. Desde la neurociencia, estudios de actuación sobre la corteza prefrontal ventromedial y la inhibición del núcleo del rafe dorsal, o la estimulación magnética transcraneal, pueden ser de gran apoyo a la psicoterapia de la indefensión aprendida.

3 respuestas a «La indefensión aprendida: vínculo con el sufrimiento»

  1. Entiendo la intención del artículo y comparto gran parte. Pero le parece que la situación de los judíos en cautiverio puede ser un ejemplo de indefendion adquirida? No puedo visualizar una soguita atada a un pie de elefante allí. Un lugar con guardias armados, hostiles, sobre gente mal nutrida, torturada. Sin llegar a ser comparable cada lugar de encierro con poder ejercido con armas podría entrar como ejemplo y no veo a presos, a pesar de su mayoría en número, enfrentar a sus carceleros ; o en comisarías. Además de la sensibilidad que tiene éste tema en la población. No me parece un ejemplo atinado. Por lo demás me pareció un muy interesante artículo.

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