“Un cambio de dieta no ayudará a una persona que no cambiará su pensamiento”
Muchos de nosotros y nosotras, cuando nos miramos o hemos mirado alguna vez al espejo nos hemos visto gordos, sea por sobrepeso o por obesidad. Y nos hemos sentido descontentas y desanimados. En la mayoría de las ocasiones, es el impacto de este descontento el que nos hace iniciar dietas y tratar de quemar calorías en gimnasios o largas caminatas. Ocurre que tenemos la tendencia majadera de confiar y depositar la confianza para reducir el peso, en las propiedades de las dietas y en las horas de ejercicio, en vez de hacernos responsables de uno mismo. Esto sucede porque el factor que más desestimamos en los problemas de obesidad es el emocional. Y fíjense si esto es relevante, que en las últimas tendencias de dieta y ejercicio, las cualidades emocionales de la persona son los principales determinantes del éxito en la lucha contra la obesidad y el sobrepeso.
Décadas de ensayos clínicos muestran que ni el tipo de dieta ni el tipo de programa de ejercicio contribuyen a la pérdida de peso más allá del corto plazo Ni las dietas cetogénicas, actualmente tan populares, y tan comerciales, han mostrado superioridad sobre otras dietas reductoras de calorías, ni las dietas bajas en grasa, vegetarianas y altas en proteínas, han demostrado beneficios especiales para perder peso a menos que también reduzcan la ingesta de calorías. Incluso las dietas con evidencia más sólida de salud, como la dieta mediterránea, fracasan cuando los cambios en el comportamiento externo de una persona no son el resultado de cambios psicológicos internos. En un libro clásico del comportamiento humano, de 1902, fíjense si ha llovido, James Allen resumía la conexión entre el pensamiento y la salud de la siguiente manera: “Un cambio de dieta no ayudará a un hombre que no cambiará sus pensamientos”
Una imagen corporal negativa puede desencadenar problemas psicológicos como depresión, baja autoestima, ansiedad social o dificultades en las relaciones interpersonales.
Abordaje psicológico de la obesidad y el sobrepeso.
Yo tuve cerebro de gordo- me comentó alguien una vez. Nadie lo diría, viendo a un individuo con algún kilo de más, como muchos de nosotros cuando ya hemos cruzado el umbral de los cuarenta y cinco años. Al contrario, parecía un tipo saludable. Sin embargo, alegaba que su vida había sido un inferno de consumo de comida y dietas. Sus peores recuerdos se relacionaban con problemas psicosociales relacionados con la discriminación y la marginación, y una ansiedad que le llevaba a un consumo compulsivo de comida y conductas de riesgo de carácter bulímico cargadas de sentimientos de vergüenza y culpabilidad. Con el tiempo y un tratamiento multidisciplinar, que incorporó un abordaje psicológico cognitivo-conductual, esta persona mejoró. Basta con mirarle para darse cuenta de cómo los cambios de pensamiento y de conducta han mejorado su calidad de vida.
Los cambios psicológicos relacionados con la confianza y la motivación que propician la mejor toma de decisiones en relación a la salud en general y al sobrepeso y la obesidad particularmente, no se pueden vender en píldoras, gimnasios o planes de dietas y, por lo tanto, no se comercializan en la industria de la pérdida de peso. No tener en cuenta los factores psicológicos en un tratamiento integral de esta patología es la base de los abandonos y fracasos en la resolución del problema, y de consecuencias que acentúan o cronifique un exceso de peso como trastorno de la conducta alimentaria
Las elecciones más saludables de dieta y ejercicio son el resultado de ideas, valores, creencias y emociones que promueven y sostienen elecciones más saludables, y sin ellas estas elecciones no pueden perdurar. Aunque estos cambios internos no se pueden comprar ni hackear, se pueden desarrollar.
La obesidad y el mismo concepto “bajar peso” ha sido siempre considerada como un trastorno médico metabólico. En consecuencia suele ser abordado desde una perspectiva farmacológica acompañada de recomendaciones para reducir la ingesta, implementar dietas bajas en calorías y cambiar las conductas de vida sedentaria. Las situaciones emocionales han sido consideradas, generalmente desde esta óptica, como factores secundarios. Afortunadamente, esta visión del problema, ha cambiado sustancialmente en los últimos años.
Las intervenciones psicoterapéuticas en obesidad y sobrepeso se desarrollan a partir de dos ejes fundamentales, el de la motivación y el de la psicoeducación.
Recomendación para profesionales
Motivación
La advertencia del médico de la necesidad de bajar de peso se muestra poco eficaz en la práctica diaria. Las personas con obesidad a menudo tienen dificultad para encontrar motivaciones que les permitan cambiar el comportamiento, al centrar todo su foco de atención como intermediario o como finalidad en la comida. Como consecuencia de la irrupción de la psicoterapia en el tratamiento multidisciplinar de esta patología, o de las conductas que llevan al sobrepeso, se produce un efecto de autocuestionamiento. Es decir, el afrontamiento por parte del paciente de patrones de pensamientos y creencias asociados a la frustración de las expectativas de reducción de peso y la desmotivación para continuar con los tratamientos.
La intervención psicoterapéutica, teniendo en cuenta lo dicho, se fundamenta en desarrollar estrategias en la persona afectada para promover la voluntad de cambio de hábitos inadecuados a través de crear la disonancia cognitiva suficiente para favorecer la sensación de incongruencia (revelar los autoengaños emocionales), que acabe repercutiendo en un aumento de la motivación.

Psicoeducación
mayoría de las personas con obesidad o sobrepeso que acuden a un tratamiento psicoterapéutico han realizado numerosas dietas con resultados, por lo general, muy insatisfactorios. Casi todas tienen la cabeza llena de información excesiva e inadecuada sobre tratamientos de obesidad, alimentación sana, procesos de adelgazamiento y una enorme ansiedad provocada por una exigencia de encaje psicológico en la sociedad de la delgadez. Sus esquemas mentales vienen muchas veces marcados por la pérdida de peso rápida y, más de una vez, casi a cualquier precio; porque la aceptación propia y de los demás a menudo está por encima de los motivos de salud. Las dietas están cargadas de significados desproporcionados e inadecuados que el paciente es necesario que acabe por reconocer.
A través de la psicoeducación se adquiere un conocimiento sobre la propia realidad del paciente, del papel que desempeñan las emociones en este trastorno de la alimentación, se aclaran las responsabilidades de las conductas y la comorbilidad psicológica que dificulta la motivación para afrontar con garantías la resolución de estos problemas. Siempre teniendo en cuenta las limitaciones que puede tener la psicoterapia en los casos más complejos




Esclarecedor. Magnífico artículo.
Me gustaMe gusta