Sentimos atracción por muchas personas. Es decir, al menos al principio, coincidimos a lo largo de nuestra vida con diferentes personas capaces de estimular nuestro circuito de placer, por atracción, por enamoramiento, por empatía o sencillamente por afinidad. Sucede que con alguna de ellas podemos llegar a tener una conexión muy especial y duradera.
