Compararte con los demás te impide ser feliz


Los humanos, somos muy propensos a las comparaciones con otros humanos. Lo hacemos de forma inconsciente; como quizá resulte excesivo asegurar esto, digamos que nos comparamos casi sin darnos cuenta. Es una conducta, además, muy influenciada por la cultura en la que nos desarrollamos y que nos exige unos estándares competitivos que favorecen las comparaciones, a veces casi patológicas.

Las comparaciones son odiosas, especialmente porque influyen sobre nuestra autoestima, tanto si la sublima como si la debilita. En ambos casos nos sitúa fuera de la realidad y las angustias y las ansiedades acaban instalándose en nuestras vidas.

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Las comparaciones perjudican el crecimiento personal

Hay quien asegura que compararnos puede tener consecuencias buenas, porque medimos nuestros avances y nuestros éxitos. Esta perspectiva neoliberal, arraigada en el mundo del marketing y también en el base de ese positivismo estúpido que no entiende que negar o tratar de evitar que suframos no es sino una forma de sufrimiento y que la negación del fracaso es, en sí misma, un fracaso, no es más que una estrategia para generar expectativas, y las expectativas, ya lo he comentado en más de una ocasión, son las autoras intelectuales de las frustraciones.

Somos únicos, somos irrepetibles, compararnos con otro ser único e irrepetible es una actitud innecesaria y estúpida con la que solo conseguimos dañar nuestra seguridad y nuestro amor propio.

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No nos hace iguales querer ser o tener lo que otro. Nos hace infelices. Porque, además, buscamos las comparaciones con aquellos que tienen más que nosotros o creemos mejores que nosotros, lo cual produce un efecto devastador sobre nuestra autoestima, especialmente si somos personas muy susceptibles, impresionables o manipulables. Pero, también afecta negativamente a quienes tiene otros rasgos de personalidad o carácter.

Qué hacer para no compararte con los demás

No hace falta convertirse en un ermitaño para evitar compararse con los demás. Siempre, de alguna u otra manera, nos compararemos. Pero si que podemos tener en cuenta algunas ideas, algunas conductas y también, determinadas conductas, que nos ayudarán a compararnos menos y a no sufrir por las comparaciones.

Las siguientes recomendaciones se las debemos a la psicóloga Elsa Andron

Identifica en qué situaciones lo haces

A menudo nos comparamos sin darnos cuenta y el resultado es normalmente negativo (autoestima baja, agresividad, enfado, envidia, incluso celos). Por eso, antes que nada, debemos tratar de observar nuestra conducta y analizar nuestros pensamientos:

  • ¿Cuándo te comparas con los demás?
  • ¿En qué contexto lo haces?
  • ¿Por qué lo haces? ¿Con qué objetivo?

Habitualmente nos comparamos cuando deseamos algo o tenemos un objetivo personal. Por esta razón, es importante hacer un primer ejercicio de análisis para conocerse mejor y tratar de entender con qué propósito nos comparamos.

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Relativiza

Compararse con los demás es una acción irracional. A menudo comparamos cosas que ni siquiera son comparables. Es importante tener en cuenta que todos somos únicos y tenemos nuestro propio temperamento, personalidad e historia. Por lo tanto, no tiene sentido comparar nuestro rendimiento en el trabajo con el de otra persona, pues lo que somos tiene una gran influencia.

Es necesario que tengas esto en cuenta cuando te compares con alguien. Por ejemplo: si comparas tu trayectoria profesional con la de un compañero porque envidias su puesto, recuerda que seguramente no conozcas su situación real, por lo que no puedes juzgarla. Debes tener en cuenta la situación global. Comparar nuestra situación (que conocemos perfectamente) con la situación de otro (que solo conocemos por las opiniones de los demás o por la manera en que la persona en cuestión presenta parte de su carrera) resulta irrealista, incluso nefasto.

Para, desconecta, respira

La época en la que vivimos nos incita a compararnos socialmente. Las nuevas tecnologías y las redes sociales hacen que siempre estemos conectados de manera virtual con los demás (compañeros, empresas) y en muchos casos se trata de conexiones ficticias. En efecto, las redes sociales pueden hacer que baje nuestra autoestima, porque presentan una imagen truncada y falsa de los demás. Siempre es bueno recordar que en este tipo de plataformas de comunicación todos proyectamos lo mejor de nosotros mismos e incluso cosas que no son del todo ciertas (maquillamos nuestra trayectoria profesional y mostramos una amplia red de contactos, pero en realidad tenemos pocas relaciones auténticas).

Valora tus logros

Ponerse el listón demasiado alto incita al fracaso ya que, si nunca alcanzamos nuestros propósitos, nos desmotivamos. Es importante fijarnos objetivos realistas y factibles, y felicitarnos cuando los alcanzamos. Por ejemplo, antes de fijarnos el objetivo de conseguir un puesto en cinco años, deberíamos pensar: ¿es realista? ¿es factible? Quizás sería mejor esperar un año y pasar por un puesto intermedio? También es importante repasar el camino recorrido y valorar nuestros pequeños logros, que se convertirán en una victoria a largo plazo.

La gente con la que nos cruzamos en nuestra vida profesional y personal es la que nos inspira y hace que nos fijemos objetivos. Nuestro objetivo con este artículo es ayudarte a que sigas inspirándote en los demás pero sin infravalorarte ni sentir envidia. Reflexiona sobre la meta que quieres alcanzar. Párate un minuto y piensa: ¿alcanzarla me hará realmente más feliz?

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