Como manejar a una persona burletera


La burla y el ridículo son, entre todas las injurias, las que menos se perdonan

Platón

La investigación psicológica hace mucho tiempo que ha demostrado cómo la personalidad puede influir en la necesidad de las personas de sentirse superiores mediante el uso del humor despectivo. Cuando alguien se burla de alguien, puede llegar a hacerle sentir denigrado, produce conmoción en toda la estructura de la autoestima, del autoconcepto y de la credibilidad en sí mismo de la persona ninguneada. No se necesita tener ningún problema de personalidad para actuar como persona burletera (burletero es un canarismo del español extendido por América Latina). Eso sí, conviene no considerar la burla como una chanza, ya que lo habitual es que sea una manera de desprestigio intencionado.

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El menosprecio de personas cercanas es, sin lugar a dudas, el que produce un daño de consecuencias severas, a veces insospechadas o imprevisibles. Sentirse humillado es una de las experiencias más desagradables que se pueden vivir que, en ocasiones, afloran reacciones traumáticas. Es en los entornos familiares, donde la burla se convierte en una costumbre perniciosa que, con el tiempo y la aceptación (sumisión) produce un deterioro psicológico difícil de reparar. Y es que, la burla, es una forma de menosprecio y de desprecio en una misma acción.

Es decir, introduce falta de aprecio por la vida, pero no solo la de la persona menospreciada, sino la propia del burletero/a. Cuando menospreciamos damos escaso valor a las cosas y a las personas, cuando la mofa incorpora el desprecio niega cualquier posibilidad de empatía y supone, por lo general, un medio de inculcación de los derechos de terceros, que suele ir cargado de agresividad verbal, a veces, también , física. La burla es una forma de maltrato, habitual en la violencia de género, en los acosos de todo tipo y en las conductas de poder que degradan, humillan o victimizan.

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En un reciente artículo de Leonidas Hatzithomas de la Universidad de Macedonia (2021), se exploró cómo el llamado «humor de desprecio» se radicaliza cada vez más en nuestras modernas sociedades, convirtiéndose en un fenómeno atractivo que a través de los medios de comunicación, especialmente la televisión, se instala en nuestro día a día. No se trata exclusivamente de un afán basado en las apariencias, que pretenden disimular una vida mediocre de las personas que practican o se identifican con la chufla y la grosería como manera de sentirse superiores a los demás.

No, no es tan simple como la necesidad de lucirse. Quien se burla de los demás como una manera de autovalorarse, suele manifestar rasgos de personalidad sarcásticos, cínicos e hipócritas; no arremeten contra cualquier persona; en realidad el objeto de sus burlas, especialmente las más perversas, van destinadas a aquella personas con altos niveles de gelotofobia (miedo a ser objeto de burlas), que temen la interacción social de las risas y las bromas sanas o manifiestan sintomatología esquizoide (excesiva introversión, aislamiento). Quienes utilizan el humor de desprecio quieren sentirse mejores que los demás. No es de extrañar encontrar entre ellos y ellas, personas inteligentes, muy formadas, con una gran cultura acumulativa, que, sin embargo, arrastran experiencias de mediocridad en sus relaciones, necesidades de aprobación y comportamientos narcisistas.

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De quien disfruta del humor despectivo

El humor perverso vuelve a las personas atrevidas, osadas, prepotentes, planas emocionalmente y escasamente asertivas. El deseo de superioridad contiene estrategias personal de de adaptación para evitar las situaciones percibidas de propio ridículo, de vergüenza ajena y para recuperar la autoestima. En muchas personas ( la evidencia de la investigación es abrumadora), utilizar el humor despreciativo no es una manera (como argumentarían los freudianos) de liberación de la excitación fisiológica impulsada por motivos sexuales y agresivos, sino un forma de compensación de una experiencia vital, especialmente durante la infancia y la adolescencia (en menor medida en la adultez joven) de burlas y menosprecios.

En no pocas ocasiones, estas personas comparten también los rasgos de personalidad de los gelotofilicos, es decir, personas extravertidas, espontáneas y seguras de sí mismas que disfrutan sacando partido de situaciones incómodas, que encuentran en el humor perverso una forma divertida de relación. Les gusta tanto dar como recibir. Es un deseo de superioridad lo que lleva a los «humoristas» despectivos a descargar sentimientos de rabia, ira, desprecio e intolerancia sobre quienes pueden, pero también el miedo a sentirse inferior a sus «víctimas».

¿Cuál es la mejor manera de recuperarse de un desprecio?

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La burla y la crítica malintencionada nacen de la frustración interna y esa es la razón por la que se intenta descalificar a otra persona, especialmente a aquellas con las que se mantiene algún tipo de vínculo de cercanía, familiar, emocional o laboral. Teniendo esto claro, lo primero es tener en cuenta que el problema de desajuste personal no está en la persona criticada o sobre la que se ejerce algún tipo de burla o broma pesada, sino de quien emite la burla.

Pero, la persona burlada, insultada, también tiene un problema porque está siendo agredida. El daño que sufra dependerá del valor que le de a las palabras, insinuaciones y calumnias del burletero/a. Ayuda mucho a minimizar el impacto de estas críticas saber que, probablemente, obedecen a algún tipo de resentimiento, y, como probablemente se conozca al que nos trata de burlar, es fácil que conozcamos el motivo de su frustración, lo cual contribuye a restarle valor.

No resulta fácil abstraerse de las burlas y las críticas injustificadas y perniciosas. Pero tenemos la libertar de decidir y elegir como abordar y sentir las ofensas o burlas de alguien. Algunas de las siguientes recomendaciones tal vez te sean útil si te ves en una situación de humor de desprecio.

1. Elogiar: si la persona te descalifica contéstale con un elogio. Si te dice eres un idiota, tu dile que es muy inteligente. Todo maltratador tiene una herida interna, e intenta ser superior para que no lo hieran.
2. Usa el humor: cuando te descalifiquen, acéptalo con humor. Es una salida para no engancharte. -Eres un idiota, -claro y tú muy inteligente que ya te diste cuenta.
3. Enseñarle cómo quieres que te traten. Si vives con la persona que se burla o maltrata o no la puedes evitar entonces puedes en algún momento hablar a solas con ella y le explicas cómo te gusta que te traten.

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Probablemente la persona se siga burlando por eso hay que tratarlos con compasión ya que los que ocupan burlarse de los demás seguramente es porque tienen heridas muy profundas de inferioridad, falta de afecto, abuso psicológico y/o maltrato en sus historias de vida y no han sabido sanarlas.

Si eres de los que se burla o critica a los demás es una oportunidad de sanar heridas que tal vez no tenías conscientes.  Burlarse no es lo mismo que ser chistoso porque al burlarnos estamos denigrando a otro, para ser chistoso se necesitan ingenio y creatividad sin usar la agresión a otras personas.

Si has sido objeto de burla de otros y te ha afectado es una buena oportunidad para revisar el tema y trabajar en tu autoestima pero también piensa que tienes la libertad de elegir qué hacer con esa crítica. No le otorgues a nadie el derecho de afectar tus sentimientos, siempre recordando lo que vales como persona y reafirmando todo lo positivo que encuentras en ti.

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