¿Tus ojos revelan lo que estás pensando?


En un estudio del Departamento de Psicología de la Universidad de Washington (Brida, Pereverzava y Murray) sobre respuesta pupilar, concluyó que los cambios en el tamaño de nuestras pupilas no solo de debe a lo que ya sabemos desde hace muchos tiempo, los cambios de la intensidad de la luz; se contraen ante la luz brillante y se dilatan en respuesta a la escasez de luz, sino que también se producen cambios de tamaño en relación con cambios internos en la persona, relacionados con el estado emocional o el esfuerzo cognitivo y atencional.

A los participantes en esta investigación se les pidió algo tan sencillo como lo que pueden hacer tú en este preciso momento. Fíjate en el gráfico siguiente.

Fija tu mirada en el punto central y sin dejar de mirarlo presta atención, si eres mujer al círculo brillante, y si eres hombre al oscuro., pero si mirarlo realmente, como si solo pensaras en el disco. Hazlo antes de continuar.

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(Esta discriminación de género me la acabo de inventar con el único objetivo de que no se de distracción). Conforme a las pruebas obtenidas en el estudio, tus pupilas habrán sufrido una modificación de tamaño, constricción en el caso de las mujeres o quienes hayan optado por el disco brillante y dilatación para todo aquel que sin dejar de mirar el punto central haya tratado de prestar atención al disco oscuro. Este estudio realizado con una muestra de alumnos de la Universidad abrió el debate sobre si los se producirían cambios en las pupilas debidos a pensamientos.

Photo by lalesh aldarwish

Cambios en las pupilas inducidos por la imaginación

En 2014 varias investigaciones (Psychological Science) vinieron a determinar que, efectivamente, la pupila del ojo se ajusta a la luz imaginaria. Es decir, el simple hecho de imaginar algo brillante u oscuro es suficiente para producir la respuesta pupilar. Monitoreados los diámetros de las pupilas con un rastreador ocular infrarrojo mientras los participantes generaban imágenes mentales «cielo soleado», «habitación oscura», se comprobó este movimiento ocular.

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Las respuestas pupilares, aunque no están bajo control directo de nuestra voluntad, si que reaccionan indirectamente a la intensidad «luminosa» de nuestro pensamiento, aunque en menor proporción que los estímulos reales. Pero los cambios pupilares debidos a los pensamientos son tan evidentes que otras personas pueden ser capaces de apreciarlos. En consecuencia, nuestra aparente capacidad indirecta para modular el tamaño de nuestra pupila usando la imaginación puede resultar un poco ominosa para nuestra privacidad. Algunos aspectos de nuestra imaginería mental pueden quedar al descubierto, detectado quizá por el movimiento ocular, pero, principalmente por la conducta subyacente.

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