Cómo identificar la impotencia sexual psicológica
Cuando un hombre está físicamente bien, pero no es capaz de mantener una erección, lo más probable es que sufra de una disfunción eréctil de etiología psicológica. hablamos de una situación continuada en el tiempo que se presenta en la mayoría de las ocasiones en las que se inicia un encuentro sexual y, en especial en el momento de la penetración de la pareja.
Suele ocurrir que, el hombre, después de una mala experiencia, en la que no pudo lograr una erección o la perdió en medio de la relación sexual comience a preocuparse en si le podrá volver a ocurrir, con lo cual en la siguiente relación se enfrente a un coito nervioso y le pueda volver a ocurrir. A muchos hombres les ha ocurrido, les ocurre y les ocurrirá. Esto solo debe ser considerado como un problema si se produce con frecuencia, si se trata de una incapacidad para tener erecciones en la mayoría de las ocasiones.
Qué provoca la impotencia sexual psicológica
Existes muchas causas por las que puede aparecer una disfunción sexual. La disfunción eréctil es una de las más comunes. Tiene su origen tanto en causas físicas, como la hipertensión arterial, la diabetes, la mala alimentación o la vejez. Pero, con gran frecuencia, la impotencia sexual, como la falta de deseo sexual, son consecuencia de factores que residen predominantemente en nuestra mente. La impotencia sexual psicológica es, sin duda, compleja y difícil de tratar; está cargada de miedos; pero reversible.
La alteración emocional es la principal causa de esta disfunción sexual. El cerebro es parte del órgano sexual, por lo que si algo no funciona bien en nuestra mente, lo veremos somatizado en nuestro comportamiento sexual. Usualmente, las causas fisiológicas son más comunes entre los hombres mayores, mientras que los psicológicos afectan mayoritariamente a los más jóvenes.

La impotencia sexual psicológica puede y suele estar detrás de la tristeza producida por un ruptura o la pérdida de un ser querido, el exceso de responsabilidad laboral o el agobio del cambio de circunstancias personales. Los complejos, la falta de confianza, el aburrimiento y la pobre autoestima son también causas recurrentes de este problema, especialmente por la carga de pensamientos distorsionados y rumiantes son poderosos enemigos de los estímulos sexuales.
Ansiedades y depresiones, son causa frecuente de la impotencia sexual, en muchas ocasiones agravadas por los tratamientos con antidepresivos inhibidores de la recaptación de serotonina, que también afecta a otras fases del ciclo sexual, como la excitación o el orgasmo. Los trastornos alimenticios y los trastornos de la personalidad, en particular el trastorno límite de la personalidad, también están asociados a la disfunción eréctil.
El estrés
Líos de pareja y familiares, problemas en el trabajo, situaciones económicas adversas, son, entre otras muchas, situaciones estresantes que pueden tener consecuencias, también, en el plano sexual. El estrés es, sin lugar a dudas, uno de los factores más determinantes en la impotencia sexual psicológica. Y por eso merece esta breve atención diferenciada.
En las situaciones de estrés prolongado, se libera exceso de cortisol, lo que produce una alteración endocrina por la acción de esta hormona que afecta a numerosas funciones de nuestro cerebro y del cuerpo humano en general. El estrés inhibe la segregación de testosterona, lo que supone un grave problema para la erección. El estrés es el mayor generador de miedos y de incertidumbre ante el acto sexual.
Así como el estrés es enemigo de la sexualidad, el sexo es una de las mejores maneras de reducir el estrés.
Son varios los estudios (es de relevancia el publicado en la revista científica PlosOne) que explican cómo el sexo ayuda a combatir el estrés, y cuanto más frecuente sea es el sexo complaciente, menos son los niveles de estrés. El alto grado de satisfacción emocional y la liberación de mayor cantidad de oxitocina están en la base de este hecho científico.
Terapia en la impotencia sexual psicológica
Durante muchos años los tabús y la presión social han sido un gran impedimento para recibir tratamiento psicológico en relación a las disfunciones sexuales. Los sentimientos de vergüenza y de culpabilidad han condicionado la exposición y superación de estos problemas, generando gran insatisfacción y frustración personal y conflictos entre las parejas. Afortunadamente, los cambios culturales y el avance de la ciencia ha permitido abordarlos con mayor eficacia y eliminarlos como un factor de precariedad de la calidad de vida.
Cada vez más comprendemos la importancia de la ayuda psicológica en muchas cuestiones relacionadas con nuestra vida psíquica y social. Identificar las emociones que nos pueden estar generando impotencia sexual y gestionarlas adecuadamente es una necesidad básica para solucionar este tipo de problemas.
Reducir los niveles de estrés y ansiedad es un camino inevitable para afrontar con garantías de éxito este tipo de disfunción sexual. Terapias como la cognitivo conductual, o la de Aceptación y Compromiso han demostrado su eficacia en el abordaje terapéutico de estos trastornos cuando son de origen psicológico.
Hablar abiertamente y con sinceridad del asunto. Evitar pensamientos que produzcan dudas sobre uno mismo. Reorientar las relaciones sexuales o aprender a centrarse en los estímulos sexuales de cada momento, son objetivos que se alcanzan con una buena terapia psicológica acompañada por un/a buen especialista.



