Puede que el símil o metáfora te parezca poco poética, incluso chirríe un poco en los oídos, con el mismo sonido viciado de las maquinitas sacándonos de quicio cuando tomamos un café en cualquier bar. Pero resulta muy ilustrativa para lo que pretendo exponer. Al final, tu misma, tú mismo, valorarás si acerté con el título de esta artículo, hablando, en el fondo de dependencia emocional y te apego obsesivo. Porque el hilo documental y argumentativo en el que me apoyo para escribir esto es una pregunta, tan simple como amplia y recurrente, muy frecuente que, probablemente, muchos nos habremos hecho alguna vez tras una ruptura sentimental ¿por qué no puedo dejar de pensar en mi ex pareja?

Con el «corazón roto»
Toda persona que haya sufrido un desamor quisiera borrar de un brochazo todas las emociones dolorosas que esa situación produce. Paradójicamente y de hecho, ese interés o afán por el olvido del dolor de la separación es el causante del desasosiego y las ansiedades que persisten tras el adiós. Los sentimientos intensos de tristeza de la experiencia nos produce una sensación abrumadora de que nunca vamos a poder superar ese dolor. Y es que cuando nos rompen el corazón nos duele. Es el dolor de la abstinencia, que es psicológico y físico, porque, como a los adictos a las drogas, afecta a esa parte de nuestro sistema límbico donde se encuentran y contradicen nuestras emociones.
Nunca jamás
Nunca o jamás, siempre es demasiado tiempo. Conviene sufrir a corto plazo, como conviene poner remedios lo antes posible a las situaciones que se pueden enquistar y asegurarnos una fuente de problemas en lo sucesivo, para tiempos venideros. Uno de los motivos por los que más sufrimos la agonía de una ruptura es el vacío temporal que nos deja la ausencia de alguien a quien quisimos. La persistencia en el tiempo de un vínculo emocional fuerte con el recuerdo de la experiencia sentimental fracturada, es como coger una pala y abrir un agujero. No dejaremos de limitarnos cada vez más nuestras posibilidades de regenerar nuestra realidad y encontrar vías hacia otros momentos de felicidad y bienestar psicológico, si no dejamos de cavar.
Y es que hay conductas auto perniciosas con el desamor que se parecen a una máquina tragaperras; invertimos, tiempo, recursos y expectativas en la búsqueda de un resultado exitoso que no se dará, o se producirá parcialmente, obligándonos a continuar enganchados a la misma rutina obsesiva.
No hago otra cosa que pensar en ti
Abundan las personas que acuden a la consulta de profesionales de la psicología con una sola idea, definida, clara , perturbadora y recurrente: «Ayúdenme a dejar de pensar en mi expareja«. Antes de esta decisión de buscar ayuda terapéutica suele haber todo un historial de desgaste y obsesión. La vida, durante los últimos tiempos para ellas y ellos, ha estado protagonizada por un círculo de intentos de reconciliación, de arrepentimientos, de sumisión. Han introducido todas sus monedas de la esperanza, en la ranura coin (bolsillo para monedas), esperando reunir los bonus hacia el gran premio final. Como en las tragadinero, los pensamientos majaderos sobre la expareja, se deben a la estimulación del circuito de recompensa cerebral de la dopamina. Si no somos capaces de fracturar en algún punto este círculo basado en el reclamo del «casi acierto», la persona acaba experimentando una cotidianidad cargada de ruina.

Hay quien intenta romper con este malvivir a base de empeñarse en el día en hacer mil cosas distintas, y aún así no hay manera de sacarse a la expareja de la cabeza. En ocasiones, nos involucramos en conductas de riesgo : consumo de sustancias tóxicas u otros comportamientos igualmente temerarios. Consumimos sustancias, personas, tiempo y dinero en querer olvidar, y en ese consumo nos consumimos.
El recuerdo constante de la persona perdida suele imposibilitar para muchas de las cosas que necesitamos hacer cada día y nos arroja en tareas y comportamientos inadecuados (acabamos de nombrar algunos), nos limita en el trabajo, en las relaciones y el ocio y en poner todo nuestro esfuerzo mental en los proyectos de futuro. El asesoramiento psicológico es una estupenda herramienta para superar estas situaciones de bloqueo.
Cómo sacarse de la cabeza a la expareja
No es fácil, especialmente si ha mediado amor en la relación. Tampoco lo es en los casos de dependencia o apego exagerado, aunque por motivos distintos. En general, para casi todos los casos funciona la actitud comprometida de romper el contacto, lo que en mis terapias denomino «Contacto 0» y que, básicamente consiste en dejar de acudir, interesarse o consultar aquellos recursos que pueden tenernos pendientes de la otra persona, como el teléfono y las conexiones digitales, las que sean.
El síndrome de abstinencia y la ansiedad por separación son los principales conflictos psicológicos que se han de afrontar en estas situaciones tan complejas. En la mecánica del amor y del desamor produce un fenómeno paradójico conocido como «atracción por frustración» (muy parecido al del jugador patológico frente a la tragaperras o a las apuestas online). El componente disruptiva de idealización ante lo perdido es su característica más singular y dañina. Esta manifestación psicológica del dolor por separación es mucho más frecuente en los varones que en las mujeres, ya que, como comenté en un artículo de hace algún tiempo, son ellos quienes ven más positivamente a sus parejas y mantienen mayor expectativa en la reconciliación, aunque en muchos casos sea más desde una perspectiva sexual que emocional.
Lo más adecuado cuando dejamos una relación es racionalizar las causas y sus efectos de la vida en común, los motivos por los que la relación no sobrevivió a la experiencia de la convivencia y a los retos que una relación romántica exige. Aceptar que ya no somos amadas o amados es algo que es mejor asumir lo antes posible. Cuando nos adentramos por ese camino, la importancia de la figura de la expareja empieza a difuminarse y por ahí empezamos a sanar nuestras quemaduras. El dolor emocional requiere su tiempo de curación.
Recuerda que el olvido no es una nebulosa que nos envolverá y borrará de repente nuestros recuerdos dolorosos. Si pensamos o creemos así, será difícil sacar de nuestra mente a quien en su tiempo tanto nos importó. El olvido es el recuerdo que ya no nos hace daño o su impacto en nuestras vidas es ya escaso y muy pasajero.


