Psicoterapia de sentido común para dejar de fumar


Quien fuma sabe que lo mejor que puede hacer para mejorar su salud es dejar de fumar. Esto, que parece tan obvio, sin embargo no es fácil de llevar a la práctica. Fumar es una adicción que estimula estructuras cerebrales de placer. La nicotina llega al cerebro para unirse a una serie de receptores y estimularlos para que liberen dopamina, un neurotransmisor directamente relacionado con las sensaciones de placer. Sin embargo, y en contra de lo que se cree (de oídas), los efectos psicoficiologicos del consumo de tabaco no son, precisamente, los que hacen de esta adicción algo tan costoso de superar.

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La mayoría de las personas, que acuden a mi consulta con la convicción de la necesidad de dejar de fumar, manifiestan lo difícil que les resulta pensar que ya no deberán volver a fumar un cigarrillo en la vida. Esta percepción de abandono hedonista del «placer de fumar», no es otra cosa que una forma manifiesta de ansiedad anticipatoria. En consecuencia, la intervención psicoterpéutica fundamentada en objetivos alcanzables, de corto recorrido, tienen éxito en la lucha contra el tabaquismo. Un esfuerzo de 24 h. renovables sin fumar, suele dar muy buenos resultados, especialmente en la sensación de control y en la capacidad de nuestro compromiso para alejarnos del tabaco.


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Cómo reducir el ansia de fumar.

Una sola calada de un pitillo apenas logra unir un 30% de los receptores acelticolínico necesarios para liberar dopamina, tres o cuatro caladas ya alcanzan el 70% de la cantidad de receptores necesarios para reducir la ansiedad que produce la necesidad de fumar. Esta búsqueda de complementar el placer con el control de la ansiedad explica el uso continuado del tabaco entre los adictos. Fumar constantemente para que esos receptores no pierdan sus lazos de unión y el cerebro no eche en falta la nicotina.

En este sentido, quisiera llamarles la atención sobre un hecho que, aunque pueda parecerles insólito, es muy real. Debido a que esa ocupación de los receptores cerebrales se produce, incluso, con bajos niveles de exposición a la nicotina, se produce un efecto similar en los fumadores pasivos habitualmente expuestos. En consecuencia, cualquier persona expuesta a los efectos nocivos del tabaco, requiere de una desensilibización de los receptores nicotínicos (nAchRs), para aliviar la ansiedad. Es en esta acción en la que la Terapia de Aceptación y Compromiso (TAC, en adelante) está adquiriendo notabilidad terapéutica. Ya son muy numerosos los estudios y la evidencia empírica que demuestra que la TAC

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En la práctica psicoterapéutica, las personas que dejaron de fumar usando TAC, en ocasiones acompañada de reestructuración cognitiva desde la metodología Cognitivo-Conductual, han permanecido abstinentes durante mucho tiempo o incluso para siempre. También han sabido manejar mejor las situaciones y estimulaciones ansiosas que subyacen a las recaídas. La TAC ha superado la eficacia de los parches y de otros muchos tratamientos farmacológicos para dejar de fumar.

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La Terapia de Aceptación y Compromiso para abstenerse de fumar

No fumar es una forma lógica de mantener la salud. Pero, no siempre obedecemos al sentido común, como ocurre cuando nuestras vidas están supeditadas a un proceso adictivo. No es sencillo evitar los desencadenantes y pensamientos que nos conducen al consumo de una sustancia tan tóxica como el tabaco. Las prácticas terapéuticas científicas, en estos casos, son de gran ayuda para introducir en la vida del adicto, del fumador en nuestro caso, de un poco de sentido común.

El enfoque terapéutico de la TAC se dirige hacia ese objetivo. Involucra a la persona a través de un lenguaje claro, ejercicios de interés y ayudas de aprendizaje inteligente, lo que repercute notablemente en la reducción de las recaídas y abandonos de la terapia. Esta realidad viene recogida en alguna de las principales revistas médicas del mundo. Entre los datos publicados a favor de la TAC, encontramos cómo el aprendizaje en habilidades de flexibilidad psicológica a que inducen estas terapias, permiten mejorar las tasas de éxito para dejar el hábito de fumar. De igual manera, la aceptación de los factores desencadenantes internos del tabaquismo, como impulsos, pensamientos y emociones, permite el abordaje motivacional para dejar de fumar a través de la fortaleza de los valores propios.

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La TAC y las ciencias del comportamiento contextual han pasado décadas estudiando procesos de cambio. En el caso de la acción psicológica en la adicción al tabaco, ha alcanzado un notable consenso en cuanto a su eficacia para afrontar este desafío de salud física y también mental.

Fumar reduce la esperanza de vida en 10 o más años, una gran parte de esta perspectiva macabra puede reducirse con una buena acción e implicación terapéutica. El compromiso con la propia salud, y la de los que nos rodean, es una buena base para dejar de fumar.

¿Por qué es importante centrarse en la terapia científica y en la evidencia de los tratamientos?

Sencillo.

Porque la vida importa.

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