Ser más agradable es sencillo y está en tus manos. Algunas claves


Ser una persona más agradable está al alcance de la mano de cualquiera. Es sencillo, aunque a veces los humanos tenemos la majadera costumbre de complicar las relaciones con los demás. Contrariamente a lo que se piensa (quizá tú también seas de esta idea), ser simpáticos o antipáticos no viene señalado en nuestro código genético. No somos, por naturaleza, una cosa o la otra, ni siquiera una intermedia entre ambas. Ser alguien afable o, por el contrario, una persona agria, no depende de la psicología de nuestra personalidad, pero sí de la formación de nuestro carácter.

El carácter no es algo que sea producido por nuestro cuerpo, aunque en su formación influya el temperamento heredado. Su estructura se fundamenta en la interacción con las influencias del ambiente y la experiencia individuales. El carácter es un proceso, por eso no es un valor fijo, inmutable o inalterable. Cambia. Puede ser modelado, tanto en su expresión en la forma en que nos relacionamos con los demás, como en los fenómenos internos de la mente, como los recuerdos, que lo guían. Pero insisto, especialmente para aquellos que creen en el «yo soy como soy«; ninguna estructura cerebral, ni ninguna parte de nuestro sistema nervioso central, simpático o parasimpático, produce el carácter de cada uno.

Que el carácter cambia lo sabe todo el mundo. Para, precisamente, conseguir que esos cambios sean beneficiosos para nuestra salud mental y psicosocial, deberemos intervenir sobre los factores sobre los que se constituye el carácter: la emotividad, la actividad y la resonancia (inteligencia analítica, impulsividad,egocentrismo…) Para actuar sobre el carácter y mejorar nuestra empatía y asertividad, de manera que resultemos personas más agradables, te propongo las siguientes pautas o claves.

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Hábitos que definen a una persona agradable

1 Muestra sincero interés por la otra u otras personas.

Haz preguntas honestas. Cuando alguien siente que se le presta atención o se interesan por él/ella, percibe al interlocutor de una manera muy positiva. Para alcanzar este objetivo lo más importante es no juzgar.

Las personas somos muy rápidas para juzgar a los demás, pero muy lentas para corregirnos a nosotras mismas.


2 Expresar agradecimiento. Esforzarse por ser genuinos.

Decir o pedir por favor y dar las gracias es algo simple, asertivo, pero que muchas veces pasamos por alto o damos por hecho ¡ Pues muy mal hecho! las personas aprecian mucho los pequeños detalles. Ser agradecido nos acerca a lo más propio de los demás, nos abre puertas y corazones. Genuinos y honestos trasmite mucha confianza.

Si eres honesto tal vez no tendrás muchos amigos, pero serán los correctos.


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3 No te creas el centro de atención, aunque lo parezcas. Evita la arrogancia

En esta era de la telefonía móvil y de las apariencia, alguien muy agradable es quien se centra en la conversación. Es muy normal que las personas se aparten de quien busca acaparar la atención. Para no situarnos en un pedestal simplemente hay que ser más amigable y considerados; los demás lo agradecerán y disfrutarán. Ser cortés es solo cuestión de intentar ver las cosas desde la perspectiva de la otra persona. Si puedes hacer algo por ella, hazlo.

La arrogancia que expresa una imagen de superioridad, demuestra un complejo de inferioridad profundo.



4 Colabora, trabaja, ríe con las personas con las que te relacionas. Ser coherentes.

La cooperación y el trabajo en equipo pude conllevar múltiples beneficios en todos los ámbitos de la vida. No me refiero únicamente al ámbito del trabajo sino también a las situaciones cotidianas de la vida. Hay que procurar ser coherentes y consistentes en el trato con los demás, evitando ambigüedades o dar esa pésima impresión de ser alguien que no se sabe por dónde va a salir. El aprendizaje en el control de las emociones facilita el trato agradable.

Cuando uno no vive como piensa, acaba pensando como vive.


5 Uso de un lenguaje corporal positivo y la sonrisa

Las personas agradables son conscientes de qué gestos o tono de voz emplean en cada momento. Evitan los comportamientos que pueden acarrear alguna connotación negativa, como cruzar los brazos, y saben ajustar su cuerpo a las particularidades de cada encuentro. Esta habilidad les convierte en personas con las que los demás quieren hablar.

Sonreír es un rasgo va en línea con el lenguaje corporal. Para gustar a alguien, hay que sonreír de una manera positiva. La persona que recibe esta sonrisa devolverá el gesto con confianza y buenas maneras.

Tocar a a una persona cuando se habla ayuda a crear un ambiente de confianza. Eso sí, hay que saber con quién se puede tener este gesto y en qué circunstancias. El contacto corporal hace que el cerebro libere oxitocina, una sustancia que provoca buenas sensaciones. Sin embargo, un patinazo en este aspecto puede provocar la reacción contraria.

El cariño es tocar con respeto el alma de otra persona.


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