El arte de aprender a relativizar los problemas y mejorar la vida


A la mayoría de los problemas de la vida debemos considerarlos solo obstáculos, porque podemos superarlos.

Blas Ramón

La vida, al menos para la mayoría de nosotros, suele ser un vaivén de situaciones que hemos de afrontar. Algunas resultan enormemente placenteras y no nos cuesta nada transitar por ellas; las emociones que nos activan nos hacen disfrutar y vivir bien. Otras, por el contrario nos hacen aflorar otras emociones provocadas por el estrés, la incertidumbre o la ansiedad. Estas, naturalmente, no nos gustan nada y suele inducir a la precipitación o, en algunas personas, a una inhibición con efecto rebote neurótico (culpas, envidias, ira, tristeza, desesperación). Lo más habitual ante la adversidad es que los problemas nos parezcan enormes, difíciles de solucionar. La gestión emocional ante los problemas es una asignatura pendiente de la mayoría de nosotros.

Una de las reacciones básica en el aprendizaje de la gestión de las emociones, es la relativización. Relativizar es un recurso inigualable para darnos cuenta de la verdadera dimensión de un problema. Relativizar nos amplia el foco sobre una determinada cuestión, nos abre la dimensión de cómo lo vemos en comparación con cómo es en realidad la situación a la que nos hemos de enfrentar. Relativizar es una suerte de arte que nos puede ayuda a vivir mejor.

Relativizar los problemas nos es olvidarse de ellos, ni mirar para otro lado esperando que se solucionen por sí solos o que alguien venga a darnos las soluciones y sacarnos del apuro. Etimológicamente, relativizar significa poner en relación con otra cosa, y eso es lo que quiero hablarte hoy, y ofrecerte algunas pautas para relativizar de una manera eficaz ante las situaciones que te preocupan.

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Aprender a relativizar nos ayuda al equilibrio personal, a vivir con más tranquilidad, armonía y conciencia de bienestar. La felicidad suele alojarse en las conciencias tranquilas. Relativizar los problemas es darles la importancia que en realidad tienen, ni más, ni menos.

Pautas para aprender a relativizar

Ajustar o cambiar la forma en que enfocamos un problema

Los problemas personales solemos verlos en primera persona. Esto que parece una obviedad, es el eje sobre el que gira la dimensión del problema. La falta de perspectiva sobre una asunto que nos preocupa o incluso nos mantiene en vilo, alerta, lo hace más difícil de resolver. Tomar la necesaria distancia emocional facilitará la manera, las estrategias y las decisiones que hemos de tomar para solucionarlo. Mirar nuestro problema como si lo viéramos desde fuera o desde la visión de otra persona introduce una evaluación más racional del mismo.

Ser consciente de la verdadera importancia de lo que nos ocurre reduce la exageración y permite afrontar la situación en su justa medida, porque nos permite saber diferenciar entre lo que podemos hacer, ajustar o cambiar, y lo que no. En la actualidad, muchas personas crean problemas donde no los hay o creen que son problemas circunstancias normales y triviales de la vida. No serás más o menos feliz por las circunstancias que tienes, si no por la forma en que las vives.


Las ayudas técnicas en casos de situaciones productos de accidentes, ayudan a relativizar el dramatismo del problema y a comprender que en muchas ocasiones de la vida podemos hacer cosas para mejorar


Utiliza la tercera persona contigo mismo

Para poder relativizar los problemas de nuestro día a día, conviene tener una buena salud mental. Una adecuada gestión emocional proporciona la confianza suficiente para poder decidir qué es lo realmente importante y cuál es la mejor manera de afrontarlo. Tu actitud también será fundamental, de ella podrá depender que aprendas a relativizar las cosas o no.

Para alcanzar este nivel de conciencia, la estrategia de analizar las cosas como si le pasaran a otro facilita el análisis y ayuda a alcanzar mejores decisiones. Por tanto, cuando te encuentres en una situación problemática, piensa qué le dirías a un amigo que pudiera estar pasando por la misma situación.

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Ponte en lo peor

Cuando algo te angustie o preocupe en exceso, intenta pensar en lo peor que podría pasar, imagina por un momento en lo peor que te podría suceder. Esta forma de relativizar te permitirá que te des cuenta claramente de tus miedos, de si realmente están justificados, o si los estás exagerando. Ponerse en lo peor nos ayudará a gestionar nuestras emociones ajustándolas a la realidad de lo que nos sucede y sus consecuencias.

Cuando lo peor es solo la proyección de nuestros temores, comprendemos y podemos comparar con ese «futuro negro e incierto» la magnitud real de nuestro problema. Como consecuencia de esta reflexión, adquirimos la tranquilidad suficiente y necesaria para saber cómo afrontarlo. Con frecuencia acabamos comparando lo que nos pasa con aquellas otras situaciones en las que resolvimos un problema que también nos acuciaba. Apoyarte en los éxitos del pasado también te ayudará en la ocasión presente.

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