Sabemos cuando desayunar y conocemos la velocidad de la luz en el vacío y cuándo ocurrirá el próximo eclipse de luna. Y, sin embargo, cuando esperamos que pase algo, miramos las manecillas del reloj y parece que no se mueven. El tiempo nos atrapa la conciencia a través de las percepciones individuales.
La percepción humana del tiempo siempre estará lejos de cualquier cosa que pueda tener una medida precisa. Porque el tiempo no existe por sí solo sin una mente que lo perciba. El tiempo consciente no es el tiempo que hace funcionar los relojes. Como en el amor, en las malas épocas, como en el sonido de una piedra que rebota en el agua, o los pasajes de un libro cerrado, el tiempo habita en nuestra conciencia de las cosas y de sus consecuencias.
Hay quien plantea que la raíz del tiempo está en la simultaneidad. Un reloj que avanza al atardecer y algo que sucede a cierta distancia del reloj, aunque no tenga nada que ver con él, establece esa simultaneidad. Pero eso es solo una experiencia mental, ya descartada por Einstein en la teoría de la relatividad entrando en conflicto con la física global. En cualquier caso, el movimiento en la esfera de un reloj tiene poco que ver con la cognición temporal con la que los humanos nos relacionamos subjetivamente con nosotros mismos y con lo que nos rodea.
Me viene a la cabeza, en relación a lo comentado en el párrafo anterior, aquel razonamiento de Berkeley, el filosofo irlandés del siglo XVIII, cuando escribía que » ni nuestros pensamientos, pasiones e ideas formadas por la imaginación existen sin la mente«, dando a entender que el tiempo es una huella en la mente, una impronta de la imaginación, un continuo de ideas, un ritmo de la conciencia humana.
Pero, ¿que pasa si el tiempo fuera solo el ritmo de una conciencia palpitante de que la vida avanza?

Cuestionar el tiempo nos ha llevado siempre a mil preguntas sobre si el tiempo existe. Fuera de nuestro pensamiento, se entiende. La cuestión ineludible es, entonces, plantearse si el tiempo existe más allá del momento presente, ese momento que se va casi al instante en que llega. ¿Es real? ¿Es ilusorio? ¿Está fabricado? ¿Es parte integral de nuestra conciencia? ¿Es relativo o es absoluto?
La conciencia, a diferencia del tiempo, es discontinua, esporádica, a menudo interrumpida y reanudada. Cualquier pensamiento consciente del tiempo conlleva la noción de que el tiempo realmente se está moviendo; y que se nos escapa como un copo de nieve en una mano cálida. No debemos olvidar que, la conciencia, suele ser interrumpida por el sueño y los sueños.
No hay muchas dudas de que la conciencia se forma y registra por medio de complejas señales sincronizadas que provienen de todos los sentidos humanos. las señales de tiempo están cuidadosamente empaquetadas dentro de nuestra consciencia.

