La melancolía es una sensación asociada a la tristeza, a pesar de que algunas veces implica revivir buenos recuerdos. De hecho, la escritora británica Amelia Barr afirmó que “todos los cambios están más o menos teñidos con la melancolía porque lo que dejamos atrás es parte de nosotros mismos”.
Sin embargo, no debemos confundir la melancolía con la tristeza. El concepto de «tristeza» implica dolor y cierta desesperanza, mientras que «melancolía» implica un «dolor» con propósito, una emoción con la que uno puede arroparse, algo que es cómodo de vivenciar y cuyo riesgo sólo reside en el exceso.
La melancolía es como el sol después de una tormenta; una imagen sombría que no deja de ser esperanzadora. Ser engullido en la melancolía es sumergirse en una infelicidad consciente e intencional, la que, perversamente, hace más feliz.
La melancolía, como experiencia humana, siempre ha existido. Sin embargo, la forma en que la sociedad cataloga esa experiencia ha cambiado a lo largo del tiempo.


Existe una delgada línea entre melancolía y todos los demás sentimientos. Pero la melancolía es tan rara como la neblina. Es objeto de emociones altamente subjetivas, aunque dotada de “belleza romántica”, de momentos imposiblemente personales y subjetivos que pueden surgir en cualquier momento: es habitual que nos aceche por las noches, que nos asalte en el crepúsculo poco antes de la oscuridad. La despierta el recuerdo de un amigo, de un amor ,o cualquier pequeña cosa encontrada en un cajón. La melancolía tiene su residencia en nuestro sistema límbico, concretamente en el hipocampo, allí donde habita también la memoria.
En una cultura, en la que la felicidad está muy a menudo vinculada no sólo al bienestar monetario, sino a la satisfacción individual, la gratificación instantánea y la ausencia de «malos sentimientos», es fácil sentirse deprimido. Por eso empleamos demasiado tiempo en buscar antídotos inmediatos contra la tristeza. Y esto perturba a más de uno obsesionado en querer ser feliz permanentemente, lo que no es otra cosa que, la manera más rápida de alcanzar la infelicidad.
Este ha sido un año difícil. Probablemente he estado más triste y preocupado que de costumbre. Y tal vez eso no ha sido malo del todo, incluso diría que ha estado bien. Tal vez está bien que haya una tristeza que a veces podría explicar y a veces no. Tal vez me pareció bella esta tristeza vivida, tal vez me ha ayudado a esperar mejor. Tal vez encontré en ella empatía y compasión. Esa fue mi experiencia humana este año. Creo que fue una experiencia de melancolía. Tal vez tú también lo has experimentado.


