Experimentar el arte: no es solo por el arte


Las opiniones en relación al arte son tan abundantes como variopintas. Pero la realidad es que no importa cuándo o dónde se cree o aprecie una obra de arte, para comprender que el arte siempre cuenta una historia. Esa historia puede estar destinada a que nos dejemos llevar por sentimientos de belleza o admiración, es decir, por una experiencias estética. Personalmente, he estado en algunos museos en los que he disfrutado de esta experiencia. O puede provocar otro tipo de emociones y sentimientos, incluso hasta ninguno.

Torso de Valvdere. Apolonio de Atenas. Vaticano.
foto: Blas Ramón, 2018

Si como decimos, el arte siempre cuenta una historia, es menos difícil aceptar que algunas obras de arte pueden no provocar ninguna emoción en absoluto. En cambio, la historia puede ser puramente conceptual, una que te haga pensar en lugar de sentir. También el arte es capaz de provocar ambas. La primera vez que vi el Guernica de Picasso, no solo recibí un impacto emocional importante, sino que estuve reflexionando sobre los horrores que inflige el odio durante algunas horas. En muchas ocasiones son las obras de arte contemporáneo las que te proporcionan una visión más interesante sobre las historias y el modo de vivir de una cultura. De hecho, en mi opinión, gran parte del arte contemporáneo está orientado a la idea de agregar un nuevo capítulo en la historia del proceso artístico en sí.

El arte es un concepto no fácil de explicar. Su riqueza reside en la capacidad para expresarse de formas muy diferentes, lo que es su característica esencial, o al menos una de ellas: la representación constante del ser humano, que puede estar en la obra o detrás de ella; de sus emociones, de sus pensamientos. Podemos definir el arte como una extraordinaria forma de expresión de la psicología humana. Para los psicólogos como yo, el arte en todas las manifestaciones que puedan o quieran ser incluidas como tal, resultan muy reveladoras a la hora de estudiar la mente humana.

Casa Museo de César Manrique. Lanzarote. 2019

De un tiempo para acá, cada vez que experimento el arte, llevo conmigo una caja de herramientas conceptuales que me permite manejar una variedad de trabajos, que antes habrían pasado por poco interesantes. Puede que me inspire la belleza, puede que el artista sea capaz de dirigir mis procesos visuales o mi atención, puede que me haga sentarme a reflexionar. Puedo considerar la obra en un contexto, una cultura, desde la política o desde la historia personal del artista. Puedo tomar un punto de vista conceptual de una idea, o puede que lo que me haga sentir nada tenga que ver con todo lo que acabo de comentar. De lo que no me voy a poder abstraer al visitar un museo, una sala de exposición o el taller de una artista, es de disfrutar de una experiencia de aprendizaje y de tener la posibilidad de estar informado sobre el mundo de maneras nuevas y diferentes.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.