El suicidio de la autoestima: la mentira


Quien más y quien menos, adorna aquí o allá su historia personal de forma que se cause una impresión favorable en los demás. Los hay que lo hacen llevados por la inseguridad y la desconfianza en su propia capacidad para ser aceptados tal y como son.

Un ladrón tenderá a aseverar más robos de los que realmente ha hecho si tiene que presumir delante de los compañeros carcelarios. Las proezas sexuales se multiplican entre los hombres que se retan en su capacidad viril. Una madre puede hacer que su hijo mejore las notas con el fin de aparecer ante los vecinos como una madre exitosa con un hijo bien educado.

suicidioautoestima2

Mientras que la persona sincera no tiene que vigilar la versión que da de sus anécdotas y los episodios vividos, porque los transcribe al dictado de su memoria, en cambio el mentiroso debe controlar qué versión da de su historia, para que resulte coherente con la escuchada por cada persona ante la que ha presumido.

Cuanto más se cae en la tentación de mentir más difícil es controlar la abundante base de datos de las versiones dadas y más imposible resulta comentar, repetir o seguir con coherencia lo novelado. Los detalles chirrían. Así, ocurre, que en el mismo año se estudió en el extranjero y en un máster local a la vez, conocemos a quien después resulta que no nos conoce, o que la otra resulta que en realidad era la esposa de él.

suicidioautoestima3

Sin llegar a tanto, la mentira influye sobre la autoestima de manera que induce a su suicidio. Es decir. El afán por impresionar que subyace a la mentira está basado en la imperiosa necesidad de resultar valiosos y geniales. Cuando esto no acontece a través de medios naturales de simpatía y espontaneidad, se utilizan medios tramposos para atraer, o quizás sería mejor decir, para robar un poco de atención. Como finalmente siempre se coge primero a un mentiroso que a un cojo, la autoestima del embaucador suele precipitarse en el abismo del desinterés y el desprecio de los engañados.

La habilidad del mentiroso fantasioso con las palabras, la capacidad para que éstas sean cómodos sustitutos de los hechos, es lo que prolongará su entelequia y también la agonía de todas aquellas experiencias y valoraciones positivas, pero que el trolero no considera a la altura de su fantasía. Sea cual fuere el ámbito en el que estos individuos se desarrollan, siempre desean ser considerados como una personalidad de primera magnitud, de esas que los demás admiramos embelesados y envidiosos.

Mentir significa producir un conflicto cognitivo que hace que se activen diferentes áreas cerebrales. La neurociencia cognitiva es capaz de detectar las respuestas cerebrales asociadas a la producción de falsos recuerdos y mentiras, e incluso entre mentiras genuinas y mentiras ensayadas. Naturalmente es este un sistema demasiado costoso para desenmascarar a un compañero de trabajo mentiroso o para destapar la infidelidad. Sin embargo, si sabemos que el hipocampo (estructura límbica asociada a la memoria) es extraordinariamente eficaz con la recuperación de recuerdos vividos y experienciales, al mentiroso solo le es útil si la estructura está ampliamente desarrollada, como en el caso de los actores, gracias a su entrenamiento de años.

¿Quiero decir con esto que el actor es un poco mentiroso? NO. ¿Quiero decir con esto que el mentiroso “creíble” tiene que tener un poco de actor? SÍ.

El actor aumenta su capacidad memorística en base al esfuerzo y la constancia en el trabajo. El “buen” mentiroso necesita igualmente una gran memoria. Para alcanzar determinadas metas tomando el atajo de los embustes necesita, sin embargo, dedicar tiempo a la construcción de su ambición, de sus necesidades de ser lo que no se es y de hacernos sentir su fantasía como un sueño tan real que casi nos lo podemos creer. Sin embargo, lo que acaba sucediendo es bien diferente.

Quién vive como una persona inventada corre el serio peligro de confundirse y de olvidarse de quién es en realidad. En los casos más dramáticos, el mentiroso es el último en enterarse de que es mentiroso y todos los que le rodean lo saben sobradamente. Acabados los halagos, impresiones y valoraciones positivas arrancadas de los demás a base de mentiras, falsedades, patrañas, falsificaciones, e incluso calumnias, se produce el efecto contrario de que los demás se decepciones, se sientan despreciados y engañados, generándose una profunda desconfianza muy difícil de superar (píénsese por ejemplo lo difícil que es olivar que tu pareja te ha engañado, o te miente sistemáticamente).

En la progresiva languidez que produce el simular constantemente, en el desánimo que sobreviene con el desplome de la mentira,  la autoestima salte por los aires y existe evidencia de mentiroso que acaban saltando por una ventana, incapaces de soportar el rechazo hacia sí mismos.

Jugar limpio, ser nosotros mismos, es el mejor camino para ser aceptados por los demás. Lo primero es que nos acepten aun siendo humildes y mediocres. Una vez conseguida esta aceptación básica entonces se pueden intentar el asalto al mérito, que ya no será un mérito agresivo (de esos que aunque la persona valga mucho nos da igual porque nos cae antipática) sino un afán de darnos más, de buscar una mayor cualidad, de jugar más fuerte, una activa entrega para participar, colaborar, sugerir y animar la vida familiar, los equipos de trabajo, los grupos de amigos o la excelencia profesional.

pricipios.1png


 

RECOMENDACIONES PARA PROFESIONALES

libroenmentiras

 

 

 

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.