Efectos psicológicos de la violencia doméstica


Hace unos días, desde México, y apenas unas horas desde España, recibí consultas sobre un mismo problema que las personas que me consultaban estaban padeciendo. Tanto una como otra venía sufriendo desde hace ya mucho tiempo, violencia doméstica.

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La violencia doméstica es una realidad compleja y epidémica, que ejercen, en la mayoría de los casos, los hombres y se dirige a los sectores de la población más vulnerables, como son las mujeres, los niños y las personas ancianas. Se trata de un acto de subordinación, de control, de desigualdad…fundamentado en las pautas de un sistema de representación de la masculinidad a través del dominio. Por lo general conlleva algún tipo de maltrato físico, sexual y emocional, así como amenaza de maltrato. Con una atmósfera de “violencia íntima de pareja” conviven mis consultantes. Es obvio que, los efectos psicológicos adversos producidos por la violencia intrafamiliar son frecuentes y pueden ser devastadores.

El maltrato doméstico es una situación estresante que produce reacciones diferentes en cuanto al grado de intensidad, en función de diversas variables tales como factores de personalidad, habilidades de afrontamiento, apoyo social y característica específicas de la violencia que se sufre, fundamentalmente su duración e intensidad.

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Cuando solo con oír la puerta una mujer se echa a temblar, cuando con solo pensar de qué humor está un fulano una mujer sufre una crisis de angustia, producen en la víctima un estado de hipervigilancia ansiosa tal que se pierde el sueño y aparecen los pensamientos obsesivos en relación con el maltrato y el maltratador.

La culpa y el aislamiento social hacen su aparición en la mujer maltratada casi desde los inicios de los episodios de violencia doméstica. La vergüenza social y los propios límites impuestos por el maltratador generan dependencia psicológica. El maltratador que ejerce control a través de convertirse en el único refuerzo social y material de la víctima cronifica el miedo en ésta para enfrentarse a un futuro que percibe incierto “peligroso”.

Trastornos psicosomáticos y trastornos de la sexualidad, junto con la sintomatología anterior produce en las victimas de violencia doméstica un cuadro clínico de estrés postraumático muy parecido al que sufren las víctimas de agresiones sexuales. El sufrimiento de estas mujeres (niños y ancianos en su caso) es enorme, porque viven re-experimentación de las agresiones en forma de imágenes y recuerdos de manera constante e involuntaria, porque ponen en marcha mecanismos de defensa de evitación, que las distancias de los demás, incluidos quienes pueden ayudar efectivamente, porque viven en una respuesta de alarma exagerada a diario, con importantes problemas de irritabilidad y concentración. Todo esto provoca una sensación de pérdida de control y causa importantes problemas de adaptación a la vida cotidiana.

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