De por qué los niños no son niñeras.


¿A qué edad un niño o niña deja de serlo? En algunos ya no se trata de una cuestión cronológica. Demasiadas niñas y niños dejan de selo, pierden su infancia o gran parte de ella, cuando asumen roles de adultos. Generalmente esto sucede cuando tienen que asumir la responsabilidad de cuidar de hermanos menores de forma sistemática o habitual.


niñosabandonadosLECTURA RECOMENDADA.

Orientada principalmente a los psicólogos, psiquiatras infantiles y psicoterapeutas, pero también a los educadores y actores sociales, así como a los padres, los profesores y las familias de acogida, esta guía trata de responder desde una perspectiva teórica y práctica a algunas de las preguntas que intrigan a quienes trabajan y conviven día a día con niños y adolescentes que padecen trastornos del apego: ¿Por qué hay cada vez más niños que los padecen? ¿Cuáles son las causas de su desarrollo y sus manifestaciones en el comportamiento y la personalidad? ¿Cómo dirigir el tratamiento en las diferentes etapas vitales del niño? ¿Qué puede hacerse para prevenir o atenuar sus síntomas? ¿Cómo reaccionan las personas, grupos y organismos que trabajan con estos niños? ¿Cómo desarrollar y mantener una actitud terapéutica y una estructura coherentes en el tratamiento?

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Las responsabilidades propias de madres y padres, y de los adultos en general, trasladadas a los hermanos y hermanas mayores, como el convertirlos en niñeras de sus hermanas y hermanos menores, predispone a estados de estrés , angustia y ansiedad en todos los menores, favorece las conductas de irritabilidad y ausentismo. El riesgo de accidente doméstico se cuadruplica. Cuando el niño a la niña lo asume como algo “natural”, su infancia salta en mil pedazos.

Los niños son sólo niños y, en consecuencia, ni tienen la edad ni la madurez suficiente para asumir este tipo de responsabilidades. Tanto para el niño o la niña que cuida, como para quien es cuidado, la situación en ningún caso es la ideal. Los riesgos de accidente doméstico y el desarrollo de absentismo escolar, son dos de las principales consecuencias de este tipo de situaciones en los menores. Es una responsabilidad para la que lógicamente no están preparados, y eso los marca psicológicamente.

El “trabajo” principal de un niño es el de jugar. Si se le ocupa en otras funciones no adecuadas a su edad y madurez, pierde la esta característica fundamental de la niñez. Hace algún tiempo escribí sobre la importancia del juego infantil. En aquel artículo destacaba la enorme relevancia en la construcción de la personalidad y del desarrollo adecuado del desarrollo mental que proporciona el juego durante la infancia. Cuando este desarrollo se pierde como consecuencia de la desestructuración del rol parental, los niños acaban por experimentar sentimientos poco saludables.


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Ante los graves problemas que afectan al mundo, cada vez son más los individuos y los grupos que se aventuran a construir nuevas relaciones humanas no caracterizadas por estructuras de dominio, y nuevos entornos más propicios para llevar a la práctica este ideal. Esta obra da testimonio del sinnúmero de preguntas que surgen cuando, en la educación de los niños, se toma este camino diferente y cambia la perspectiva de los adultos. – ¿Nos fijamos con suficiente atención en cómo son los niños en realidad, o preferimos moldearlos según nuestras necesidades, nuestra apreciación del tiempo, nuestro ritmo de vida, nuestros ideales y frustraciones? Entre aspirar a resolver todos los problemas del niño o renunciar a ofrecerle referentes y pautas, se encuentra el territorio donde se dan los auténticos procesos de desarrollo. Este libro es una invitación a ocupar este espacio revisando nuestras prácticas y actitudes y descubriendo que niños y adultos pueden crecer juntos.

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