Navidad, navidad, dulce Vanidad.


Suponemos que las personas más cercanas son quienes también mejor nos conocen. Cuando en Navidad llega un mal regalo, este parece marcar la tendencia a reflejar cierta pobreza en la relación. El psicólogo británico Jeremy Dean afirma que en ocasiones, los obsequios navideños pueden convertirse en una situación sin salida.

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Los regalos son grandes protagonistas de la navidad. Casi todos deseamos recibir alguna cosa por estas fechas, aunque no siempre con lo que agasajamos o nos regalan es de nuestro entero gusto. ¿Sabías que las mujeres son más diplomáticas que los hombres al recibir un mal regalo por Navidad? Los hombres y las mujeres parecen tener diferentes mecanismos psicológicos para hacer frente a los regalos inadecuados, y reaccionan de forma distinta a corto plazo. Los varones son más propensos a mostrar su desagrado abiertamente.

No obstante, tanto en hombres como en mujeres, y más allá de la primera reacción instintiva, muchos regalos terminan dañando relaciones, cuando lo identifican con “alguien que realmente no te entiende ni sabe lo que te gusta”.

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Que la Navidad coexiste con la Vanidad es un hecho. Para algunos, la Navidad es un acto vacío, pasajero y sin valor. Para otros muchos continua manteniendo una base cristiana sólida y los hay para quien sigue siendo un acto de fe. En general todos ellos, consumen navidad. Si no todos, casi todos lo hacemos.

La natividad conmemora el nacimiento de un ser muy pobre en un lugar muy humilde, para indigentes. Un par de miles y pico de años después, la navidad es un ritual de comidas pantagruélicas, regalos y consumismo desbocado. Naturalmente hay quenes creen que lo que el “niño Jesús” preferiría unas navidades de menos viandas y más dádivas para socorrer a quienes realmente lo necesitan. El espíritu de la navidad. Pero reconozcamos que esos son los menos.

La Navidad es tiempo de vanidad, y la vanidad como dice Flaubert es un loro que pasea su hermoso plumaje entre los árboles. Un fenómeno de ésto por la fechas navideñas lo encontramos en la «adicción a la iluminación y la decoración navideña». La psicóloga Carol M. Werner (Universidad de Utah) sugiere que las decoraciones navideñas muy iluminadas exteriores tienden a sugerir más sociabilidad e integración en la comunidad y sus actividades sociales. En términos psicológicos, la Navidad es un buen momento para los «buscadores de atención».

La Vanidad en Navidad nos aflora hasta por los sentidos. La música en Navidad interactúa con los olores típicamente navideños para estimular nuestras actitudes favorables al envanecimiento consumidor. Miles de millones de personas en el mundo celebran la Navidad  estimulados por los efectos conjuntos de los aromas, los sabores y los sonidos navideños que nos hacen saltar de una tienda a otra. En nuestras casas tenemos comida especial, un árbol  o un pesebre muy lindo y, también, al menos en algunos casos a Jesús en el corazón, porque la Navidad también es un sentimiento interior para muchos humanos.

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