Rotundamente no. Incluso si vamos más allá, tampoco nos convertiría en homosexuales una práctica sexual puntual con una persona de nuestro mismo sexo. De la misma que por hecho de que un vegetariano se coma una chuleta de cerdo no deja de ser vegetariano. Las razones que nos llevan a la confusión de clasificar en términos absolutos, opuestos y excluyentes, las fantasías sexuales como algo que define los comportamientos de las personas, se encuentra en las raíces de nuestra cultura heterosexual militante.
En términos de orientación del deseo, lo fundamental es entender cuál es la tendencia predominante de nuestra atracción por las personas. En la mayoría de las ocasiones nos atraen personas del sexo opuesto, sin embargo, tener fantasías o algún encuentro esporádico homosexual no nos convierte en potencialmente gays. Es importante escapar de las etiquetas y no basar nuestra identidad sexual por identificación o pertenencia a un modelo externo por mucho que se comparta con numerosas personas.
Cada uno de nosotros es un complejo mundo de ideas, creencias, sentimientos, valores, sensaciones, etc., que hacen que la sexualidad sea una forma de ser y estar en este mundo personal e intransferible, es decir quelo que me seduce y provoca mi deseo define mi manera única, particular y peculiar de vivir mi sexualidad.
Éste es uno de esos libros que tanto homosexuales como heterosexuales deben de leer. Y es que la investigación que publicó en 2003 la psicoterapeuta Marina Castañeda analiza y explica cómo uno se vuelve homosexual y construye su identidad, la homofobia internalizada, el clóset, las dinámicas de las relaciones amorosas entre personas del mismo sexo y la bisexualidad, entre otros temas. En resumen, este libro contribuye a remediar la preocupante ausencia de información sobre el mundo gay
¿Por qué hay que ponerle nombre, por ejemplo, en su orientación sexual a una persona que se sienta atraído por transexuales que no han modificado sus genitales por procedimientos quirúrgicos? Alguien así, que comparte su intimidad con alguien con identidad de mujer, con pechos de mujer pero con pene, no tiene porqué recibir una etiqueta que lo defina como algo distinto a los demás, como algo fuera de lo normal. Ocurre, sin embargo, que muchas de las personas que gustan de este tipo de relaciones se sientes inseguras y hasta culpables, en algunos casos, por los condicionantes sociales al uso. Por las consultas especializadas aparecen personas buscando sentir que no son “anormales” en este sentido.
Las fantasías homosexuales entre mujeres no solo son las que hombres y no pocas mujeres colocan entre sus favoritas, sino que, además, son las más toleradas, admitidas e incluso potenciada desde la heterosexualidad más diligente y expeditiva. Esto hace que sean bastante menos las mujeres que se cuestionan su orientación sexual.
Desde el pensamiento y la conducta establecida en la diferenciación “estanco” de género, para el varón heterosexual, y también para la mujer heterosexual, en términos generales, el hombre no cae nunca ni siquiera en un sueño homoerótico. Sin embargo, ocurre. Cuando esto pasa aparecen las crisis de identidad, los miedos de pérdida de pertenencia al grupo de referencia. En algunos casos el hombre parece dejar de saber quién es, porque no acaba de resolver lo que es al perder su capacidad para definirse sexualmente dentro de una categoría