Psicoterapia en la obesidad infantil


La población infantil con sobrepeso y obesidad presenta una importante problemática psicológica y es objeto de estigmatización social y deterioro de la autoestima. El contexto social y el entorno cultural en el que viven los niños tienen una influencia determinante para el desarrollo de trastornos de la alimentación.

Ya he comentado en otros artículos los factores psicosociales influyentes en las patologías alimentarias que llevan a la delgadez extrema, como en la anorexia nervosa; en esta ocasión les expondré aquellos factores que afectan más decididamente a los trastornos por obesidad y al sobrepeso en los niños.

Vaya por delante que el origen de la obesidad infantil no radica solo en los excesos en la ingesta de alimentos calóricos o en la falta de ejercicio físico, siendo estos aspectos fundamentales en el pronóstico de este trastorno. Las dinámicas familiares disfuncionales o con problemas para ofrecer contención emocional y conductual, juegan también un papel decisivo en la evolución de la obesidad infantil. Es por este motivo que la terapia en la obesidad infantil necesita, además de cambios de hábitos en la vida cotidiana, intervención psicológica que aporte mecanismos útiles al núcleo familiar para enfrentarse a problemas emocionales que subyacen en esta enfermedad.

Factores psicosociales del sobrepeso y la obesidad infantil.

  1. a) Sedentarismo/pobre actividad física.

La cantidad de horas que los niños dedican a la Televisión, a los videojuegos y a otros recursos tecnológicos se están convirtiendo en algunas de las principales causas del sobrepeso y la obesidad en los niños. A esto hay que sumarle la cultura del ocio dentro del hogar basada en la comodidad y el mínimo esfuerzo. Es fácil de comprender el desbalance energético (las calorías consumidas superan a las calorías que se queman) que estos factores desempeñan.

  1. b) Factores relacionados con los hábitos alimentarios aprendidos.

Las familias funcionan según unos patrones de conducta, entre ellos la conducta alimentaria, que se mantienen en el tiempo; la exposición repetida de un niño a su patrón familiar hace que éste acabe por asociar determinados alimentos con eventos específicos, por ejemplo el rechazo de los padres hacia ciertos alimentos específicos (verduras, pescados, etc.), la desestructuración de horarios familiares para las comidas, la alimentación como gratificación ante frustraciones. Esta comportamiento familiar agrava el problema de la obesidad si, además, se acompaña de carencias afectivas y de estímulos positivos en general y hacia la alimentación en particular. Lo que más influye de estos patrones familiares sobre la obesidad de sus hijos no es el efecto modulador que hace que los más pequeños adopten preferencias por una alimentación poco equilibrada y explosivamente dotada de sustancias que engordan, que alteran nuestras hormonas y causan  alteraciones a todos los niveles de nuestro metabolismo. Si no que estos niños toman decisiones sobre su alimentación en base a la insistencia y la manipulación, que conducen a una alimentación obesógena, especialmente en familias permisivas, aunque en los últimos años se ha extendido a cualquier tipo de familia con escasos recursos psicológicos para la contención, la formación y el ejemplo.

  1. c) Factores relacionados con los hábitos de descanso.

Existe una relación directa entre las horas de descanso y la probabilidad de sobrepeso y obesidad en edad infantil. Muchos niños con obesidad duermen poco, menos horas de las necesarias. Esta falta de sueño influye en el peso porque afecta a las hormonas grelina y leptina, (“hormonas del hambre”) que regulan  los procesos relacionados con el apetito y el hambre y la acumulación de grasas. Cuando se duerme menos de lo necesario, envían señales que aumentan el apetito al producir más grelina y disminuye la producción de leptina, perdiéndose el control de la grasa almacenada y el peso.

El tratamiento implica a toda la familia.

En general, los tratamientos contra la obesidad y el sobrepeso están centrados en el cambio de hábitos alimenticios y en el incremento de la actividad física. Recientemente la eficacia de estos tratamientos ha aumentado con la introducción de la psicoterapia individual y familiar o sistémica.

En este sentido se posibilita la apertura ante problemas emocionales que confunden las sensaciones de hambre, aburrimiento, preocupación y ansiedad. Frecuentemente el niño obeso es el reflejo (y el síntoma) de una interacción familiar desorganizada en cuando a su estilo de vida y hábitos de conducta. El tratamiento temprano de la obesidad infantil sería la mejor estrategia para su prevención, sin embargo. Constituye un difícil desafío que requiere de cambios a nivel individual, familiar, educacional y social.

El abordaje de la dimensión psicológica integral del problema constituye una tarea principal. Las conductas de sobreingesta suelen estar relacionadas con variables de personalidad, los procesos regulatorios de los mecanismos de control mental, las disfunciones del funcionamiento familiar que dificultan el control y el manejo emocional y la promoción de la autonomía entre sus miembros. La intervención psicológica tiene, así mismo, una notable influencia positiva sobre los factores psicosociales, mejorando la relación con los mismos y, en consecuencia, recuperando una relación con la alimentación que mejora el peso y minimiza los riesgos de la obesidad.

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