El alcoholismo es una enfermedad de un solo individuo que se convierte con rapidez en un problema familiar muy importante. La negación del problema y la codependencia hacen que sea una enfermedad muy difícil de controlar, no solo para enfermo alcohólico, sino para la vida caótica e ingobernable que lleva el resto de la familia. Aproximadamente afecta a cuarenta personas alrededor del enfermo alcohólico. La familia del alcohólico es un caldo de cultivo para la creación de alcohólicos y drogadictos de las siguientes generaciones.


El mayor obstáculo para poder controlar esta enfermedad en la negación del problema, no solo por el enfermo alcohólico sino por toda la familia, que en ocasiones más que frecuentese s la que justifica y propicia este comportamiento. Se minimiza y se justifica el mal comportamiento del alcohólico, especialmente actuando como si el problema no existiera y se vive en un mudno de fantasías y mentiras creadas por los familiares para vivir el autoengaño de una «vida normal».
Esta negación se interpone entre el alcohólico y su sobriedad
La codependencia es una condición psicológica en la cual alguien manifiesta una excesiva y a menudo inapropiada preocupación por las dificultades de otra persona, en ocasiones, incluso, olvidándose de su propia vida. Este fenómeno es fácil que aparezca entra la familia de una persona alcohólica. Empieza por una decisión de ayuda, en un afán de facilitarle los problemas que consideran son causa de su adicción, sin ser conscientes en la muchas ocasiones con esta actitud sólo se envita que el enfermo afronte sus problemas y, en consecuencia, su tendencia al consumo no mengue y mucho menos desaparezca.
La madre, la pareja de la persona alcohólica, le habrá pedido miles de veces que deje de emborracharse, que abandone el consumo de alcohol. Sin embargo, sucede que son estas mismas personas quienes les proveen de dinero, comida, techo en el que vivir, evitándole responsabilidades y inhibiéndole de la toma de decisiones. Cuando se llega al punto de considerar al enfermo alcohólico como un individuo incapaz de cuidarse por sí mismo, y mucho menos sobrevivir por su cuenta, la familia ha caído en un pozo oscuro del que le va a resultar muy difícil salir.

La imagen corriente sobre el alcoholismo es la de familias devastadas por la violencia y desgarradas por conflictos dramáticos. Los autores de este libro orientador pintan un cuadro muy distinto y ofrecen pruebas contundentes de que la mayoría de los alcohólicos crónicos llevan adelante su vida en ambientes de familia intactos, relativamente tranquilos. Pero muestran que vivir en una familia alcohólica -en la cual el alcoholismo es el tema central alrededor del cual se encuentra organizada la vida de la familia- ejerce profundos efectos sobre sus integrantes, tanto de los que beben como de quienes no lo hacen, y que dichos efectos pueden prolongarse de generación en generación, en formas complejas. Sobre la base de más de diez años de investigaciones intensivas, incluidas entrevistas en profundidad y observaciones en los hogares, los autores -tres psiquiatras y un antropólogo cultural- utilizan la teoría de tos sistemas familiares para trazar el curso del desarrollo del alcoholismo en las familias. Ponen en tela de juicio muchas ideas vigentes en general, y muestran, por ejemplo que la identidad alcohólica de una familia la mantiene unida con tanta frecuencia, como la disgrega, y que las familias en las cuales el alcoholismo no invade las rutinas y los rituales no tienden a transmitir su identidad alcohólica a sus hijos. En la última sección, los autores describen un modelo de terapia familiar para el tratamiento del alcoholismo con una perspectiva de desarrollo. Su libro constituye un aporte de vital importancia para la bibliografía sobre el alcoholismo y la familia.
¿Tiene un familiar con problemas de excesivo consumo de alcohol?
Desde la familia se puede ejercer una importante presión positiva para que la persona afectada decida ponerse en tratamiento y superar su problema. de hecho, la familia suele ser el elemento que más eficazmente ayuda al cambio en el estilo de vida de la persona enferma por alcoholismo.
La eficacia de esta presión familiar ha de basarse siemrpe en las siguientes premisas:
- Hay que hablar de soluciones, no de problemas.
- No hay que insistir constantemente en lo mal que está la persona bebedora. Hay que dar por hecho que ya esa persona lo sabe y lo experimenta a diario, aunque nunca lo haya reconocido públicamente, o siempre tienda a justificar o minimizar el problema. Lo sabe…porque es el primero que lo sufre. Por eso lo importante es hablar de solución.
- Proponer ayuda. Hablarle de los beneficios que todos van a obtener cuando el problema se haya superado.
- Presionar para que el afectado se ponga en tratamiento, no para que deje de beber. Ser firmes en la presión.
Si la presión la ejercemos en la dirección de intentar que deje de beber estaremos creándole una mayor angustia, ya que, precisamente, el problema de una persona alcohólica es que no es capaz de controlarse bebiendo, y por lo tanto le estamos pidiendo algo difícil, fuera de su alcance. Este tipo de presión induce al fracaso, a la ocultación de la conducta, a la mentira, a la agresivida.
Si, por el contrario, la presión familiar va en el sentido de animarlo a un tratamiento especializado, las exigencias de actuación las puede ver mucho más al alcance de sus posibilidades en esos momentos iniciales. Nada le impide acudir a una consulta especializada, un grupo de ayuda, e iniciar su proceso de recuperación.




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