Las caras de la timidez


La timidez es un rasgo de personalidad que depende del temperamento de la persona y del tipo de experiencias vivenciales que haya tenido. Este rasgo tiene una enorme importancia en las relaciones de la persona con su entorno y con las personas. Quienes experimentan timidez pueden desarrollar un comportamiento que limita su desarrollo social en la vida cotidiana.

La timidez no es una enfermedad, aunque se puede convertir en un trastorno psicológico y emocional capaz de condicionar las relaciones interpersonales en persona que no quieren estar aisladas, desean relacionarse con los demás, pero no saben cómo hacerlo, mostrando gran dificultad para atreverse a hacerlo.

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Las personas tímidas, particularmente las muy tímidas, pueden presentar poca flexibilidad psicológicas y rigidez emocional, desarrollando conductas sociales poco adaptadas a la situación y al contextos en el que estas personas se desenvuelven fuera, generalmente, del contexto familiar.

Los síntomas de bloqueo emocional y ansiedad suelen estar presentes en estas personas, así como un marcado sentimiento de inseguridad en si mismas que, por lo general, se alimenta de la excesiva importancia que se le da a la opinión de otras personas.

La timidez se puede dividir según su origen interno o externo . Cuando está relacionada con la autoobservación , se considera que el origen es interno. Cuando está ligada al temor a los otros , se considera externa.

En la timidez de origen interna se manifiesta menor activación fisiológica y los pensamientos se centran en la evaluación negativa de la situación, generando inhibición comportamental moderada.

En la timidez relacionada con factores externos, se produce una elevada activación fisiológica, inhibición comportamental y preocupaciones relacionadas con el miedo a una evaluación negativa de los demás.

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Cómo afrontar la timidez

Tanto en los casos en que la timidez sea de origen externa (miedo a la evaluación) o interna (autoobservación), tenemos que identificar y comprender el rol del temor a la valoración negativa de los demás. Es decir, debemos discernir cuál es el origen de nuestras preocupaciones para poder enfrentarnos a ellas de forma eficaz.

Trabajar la autoestima y el autoconcepto, desarrollar habilidades sociales y herramientas para controlar la propia ansiedad e inseguridad pueden ayudar tanto a reducir nuestros temores como a manejarse en situaciones sociales. Con la progresiva gestión de los síntomas, lograremos sentirnos más cómodos en muchas situaciones sociales, experimentando sensaciones más placenteras en situaciones que, antes, considerábamos imposibles de afrontar.

Es importante tener en cuenta que las habilidades sociales, como cualquier otra habilidad humana, se pueden aprender y mejorar y son una herramienta fundamental para la superación de la timidez.

En los casos en que nuestra timidez resulte extrema, o exista alguna sospecha de que pueda estar relacionada con una marcada ansiedad o fobia social, resultará fundamental consultar a un experto para una valoración profesional que oriente una psicoterapia adecuada.

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