Trastorno de Ansiedad Generalizada


Las personas sentimos ansiedad en diferentes momentos de nuestras vidas, de nuestro día a día incluso. Esto es algo normal, particularmente si tu vida es estresante. Sin embargo, cuando presentamos excesiva preocupación por las actividades cotidianas y problemas para controlar esas preocupaciones sufrimos mucho. El trastorno de ansiedad generalizada (TAG) tiene síntomas similares a los trastornos de pánico, por lo que quien la padece adquiere una forma de pensar catastróficamente que refuerza el trastorno.


Si después de leer este artículo crees que puedes estar sufriendo este tipo de ansiedad generalizada, quizá creas conveniente conocer que te está pasando. Pueden consultarme y analizamos el nivel del problema y cómo solucionarlo.

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Típicamente, es posible padecer un trastorno de ansiedad generalizada tanto en la niñez como en la edad adulta. Con frecuencia es algo que acompaña a una persona durante mucho tiempo, puede que hasta el resto de su vida, si no afronta el problema y le pone remedio.

Vivir con un trastorno de ansiedad generalizada es un verdadero desafío a largo plazo. Suele correlacionar o tener comorbilidad (es decir que se da paralelamente) con otros trastornos de ansiedad o emocionales. La ansiedad generalizada tiene mucho que ver con el estilo de vida que llevemos.

Diferencias entre la ansiedad generalizada y la ansiedad adaptativa

El trastorno de ansiedad generalizada produce unas preocupaciones que son excesivas; mientras que, las preocupaciones de la vida cotidiana están justificadas, se perciben como más manejables y pueden aplazarse ante situaciones de urgencia. Las preocupaciones del Trastorno de ansiedad generalizada son más angustiosas y penetrantes: tienen mayor duración y aparecen sin desencadenante identificable.

En la ansiedad generalizada, la diversidad de temas de preocupación es mucho mayor. De hecho, cuando mayor sea la variedad de las preocupaciones, mayor es el riesgo de sufrir un trastornos de ansiedad generaliza. Y esto ocurre, tanto en la edad adulta como en los adolescentes y los niños. Obviamente, la principal diferencia se da en el tipo de preocupaciones que son propias en cada grupo de edad. Es muy probable que antes de la aparición de un trastorno de ansiedad generalizada hayan sucedidos eventos muy estresantes, incluso, en algunos casos, traumáticos.

Epidemiología del Trastorno de ansiedad generalizada

Generalmente aparece en etapas tempranas de la vida. Esto hace que muchas personas con este problema no reconozcan que están padeciendo la enfermedad porque les parece que siempre se han comportado de la misma manera: siempre fueron de preocuparse por todo. Este vivencia hace que se detecte tarde el deterioro de las áreas sociales y laborales. En este punto debo insistir que si no estás seguro de si tu ansiedad es adaptativa o patológica, hables con un profesional de la salud.

La ansiedad generalizada es un trastorno que suele presentarse en la edad media de la vida y es más frecuente en mujeres, con una proporción de 2:1. Son las personas que vivimos en países más desarrollados los que, paradójicamente, tenemos un mayor índice de aparición de este trastorno. Y es tal la proporción de personas que se ven afectadas, tan elevado su impacto en nuestra sociedad – estamos hablando de más de un 5% de la población – que se puede considerar incluso una forma de vida en las sociedades desarrolladas. Es un trastorno frecuente en las consultas de psicólogos y psiquiatras.

Síntomas de la ansiedad generalizada

Existen factores genéticos que determinan una predisposición biológica a la ansiedad, si bien éstos, por si solos, no provocarían un trastorno de la ansiedad. Otra cosa es cuando a los mismo se suman factores ambientales, como, por ejemplo, tener modelos de padres ansiosos. También sabemos de la fuerte asociación entre el trastornos de ansiedad generalizada y la depresión. Pero, lo importante es que aprendamos a reconocer sus síntomas.

Las personas con Trastorno de ansiedad generalizada tienen la sensación de estar con los nervios de punta todo el tiempo, atrapados en un estrés que no desaparece o con una inquietud persistente. Esta ansiedad tiene las cualidades de ser excesiva, persistente e injustificada y puede aparecer por cuestiones cotidiana como el dinero, la familia, la salud, el trabajo o las relaciones.

La ansiedad es persistente cuando no desaparece, es excesiva si es mayor que la que sentiría otra persona en la misma situación y es injustificada cuando no es proporcional. Las personas con TAG pueden llegar a ser conscientes y reconocer la desproporción y exageración de su preocupación, pero no lo pueden evitar. Consideran que está fuera de su control y no saben como parar de preocuparse.

Además de la preocupación característica del Trastorno de Ansiedad Generalizada, este también cursa – aunque lo hemos comentado ya, conviene recordarlo – con cansancio, irritabilidad, problemas de concentración, tensión muscular, presión en el pecho, dolores de cabeza, cambios en el apetito, pesadillas, insomnios y, eventualmente, fatiga crónica.

“Las personas con ansiedad generalizada pueden reconocer que su preocupación es desproporcionada, pero no pueden parar.”

Terapéutica del TAG.

La preocupación es un proceso cognitivo. Por este motivo, se considera muy apropiada para el abordaje terapéutico del Trastornos de Ansiedad Generalizada, la terapia cognitivo-conductual. Como psicólogo recomiendo la psicoterapia para casi todos los trastornos que afectan a la salud mental, si bien, en determinados casos el uso de la farmacología resulta necesario para el éxito del tratamiento. En mi opinión, no obstante, la medicación ataca el síntoma del problema, pero no puede hacer casi nada con su origen y con sus causas, y además tiene el problema del abuso de las benzodiacepinas, ya saben, por eso de que buscamos soluciones rápidas a nuestros sufrimiento y dolor.

Con la psicoterapia se revisan los hábitos de vida para hacerlos más saludables, investigar sobre el origine de algunas de las preocupaciones principales y ofrecer técnicas de relajación y de cambio de esquemas mentales, de pensamientos automáticos y de actitudes. Los efectos beneficiosos de la psicoterapia se empiezan a notar después de varias sesiones y pueden persistir a largo plazo si se completa el tratamiento.

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