Toda emoción, incluso aquellas que nos hacen pasarlo mal, desempeñan una función adaptativa. El miedo activa mecanismos de afrontamiento o de huida ante peligros. La ira nos predispone al enfrentamiento o a la defensa ante una amenaza. Por su parte, la tristeza nos facilita la compasión y el apoyo a otras personas. La culpa permite el reconocimiento de un error o una negligencia y promueve la actitud reparadora.
Para que una emoción resulte problemática tiene que darse con frecuencia, ser muy intensa y durar demasiado tiempo. Cuando estos factores se producen, la emoción pierde su carácter regulador y se transforma en algo negativo que condiciona la vida de la persona, en una conducta patológica capaz de alterar el equilibrio en la vida cotidiana y ser fuente de numerosos conflictos.
La culpa, que es el objetivo de esta entrada de blog, es un acto causal, que puede ser real o imaginario, que arrastra una autovaloración negativa de tal acto, con mala conciencia y remordimiento. La culpa alude a una conducta en concreto y debemos saber diferenciarla de otras emociones similares, que no iguales, como la vergüenza. Esta diferencia tiene efectos clínicos importantes. La vergüenza es una emoción más devastadora ya que implica una autodescalificación global de la persona (por ejemplo: «soy una mala persona«), lo que dificulta el cambio; la culpa (por ejemplo «he hecho algo malo«), donde el foco está en los demás, facilita más el cambio.
Desarrollo del sentimiento de culpa.
Los sentimientos de culpa están directamente relacionados con la conciencia moral y con las diferencias individuales y pautas educativos de cada persona. Las personas introvertidas y con rasgos obsesivos experimentan la culpa con mayor intensidad. Quienes han vivido o viven castigos psicológicos (por ejemplo «con lo que hemos hecho por ti») sienten sentimientos de culpa más profundos y patológicos.
Los sentimientos de culpa evolucionan positivamente cuando transitan del miedo (por ejemplo, por haber hecho algo malo), al remordimiento (por haber hecho daño), lo que promueve a la rectificación y a la reparación. Este arrepentimiento se puede vehicular reparando a partir de los principios éticos, corrigiendo los errores y haciendo todo lo que se pueda hacer por aliviar el daño causado. El pronóstico terapéutico de estos sentimientos de culpa es muy favorable.
Sin embargo, existe un sentimiento de culpa, más intrínseco, que es más anormal y patológico por ser excesivo, inapropiado, que está vinculado con los episodios depresivos y el trastorno obsesivo de la personalidad. Se trata de una culpa caracterizada por un alto nivel de exigencia y perfeccionismo. Este sentimiento presenta peores consecuencias psicológicas y peor pronóstico de cambio o recuperación.

Quiero detenerme unas líneas en el sentimiento de culpa en la depresión. En la depresión, la emoción de culpa se vive con ideas de desprecio hacia sí mismos o si mismas, sobre todo cuando existe en la persona un patrón obsesivo y compulsivo. En estos casos, la culpa funciona como un mecanismo de autocastigo por los errores cometidos. Los deseos de expiar las culpas pueden llevar a la persona a conductas de riesgo y al suicidio.
Otras veces, la patología de la culpa se relaciona con su inexistencia, como ocurre el la tipología del trastorno antisocial de la personalidad o en la personalidad paranoica, en los que existe grave deterioro emocional, ausencia de arrepentimiento y nula compasión por aquellas personas a las que se ha hecho daño.
Estrategia de afrontamiento del sentimiento de culpa
Afrontar el sentimiento de culpa es la mejor manera de evitar sus consecuencias negativas. No obstante, conviene, antes que nada, tener en cuenta la inutilidad de algunas estrategias y conductas de evitación de la culpa que solo consiguen enquistar este sentimiento en su forma más negativa. Las comentamos primero.
Estrategias evitadoras de la responsabilidad o culpabilidad por el daño causado
Las estrategias de afrontamiento insanas pueden ser muy variadas. Lo que se pretende con estas conductas de evitación es suprimir la culpa, soslayar el remordimiento, sin afrontarlo directamente. La negación, la justificación o minimización, o la atribución de la culpa a la víctima o a factores externos son algunas conductas propias de estas estrategias de evitación. No se trata solo de mentiras, sino de autoengaños para evitar que aparezca el sentimiento de culpa. No es de extrañar que, quien actúa así, tiende a desarrollar conductas de riesgo compulsivas y adictivas, así como conductas abyectas.
Por el contrario, lo sano, es tomar conciencia de la culpa, expresarla adecuadamente y asumir las responsabilidades debidas. Esta es la dirección apropiada para buscar soluciones, reparar daños y compensar los efectos negativos y, especialmente, de eliminar la posibilidad de que se vuelva a repetir la mala conducta.
| ACCIÓN NEGATIVA/ EVITACION | SUPERACIÓN DE LA CULPA |
| A NIVEL COGNITIVO: MALA CONCIENCIA. A NIVEL AFECTIVO: REMORDIMIENTO. | ARREPENTIMIENTO: SOLICITUD DE PERDÓN. REPARACIÓN: DIRECTA INDIRECTA ALTRUISMO |
Claves para liberarse de la culpa

Estas son las claves más importantes para afrontar la culpa y para poder acabar superando esta emoción cuando supone un conflicto importante para el bienestar de tu vida.
- Identifica la conducta que te provoca la culpa. Piensa qué es lo que te hace sentir culpable.
- Acepta que los errores forman parte de la persona, son fundamentales para el aprendizaje y el cambio, y no un signo de torpeza y fracaso.
- Piensa que las personas no somos perfectas en el cumplimiento de las normas, sobre todo cuando nos exigimos más de lo que realmente podemos dar.
- Expresa verbalmente como te sientes, tu arrepentimiento frente al error cometido.
- Solicita el perdón por haber causado daño. No solo muestra tu arrepentimiento sino también haz saber que solicitas el perdón por el año cometido.
- Repara el daño. Por en marcha conductas para hacer consciente a la persona implicada que no solo te arrepientes y pides perdón sino que también no va a repetir el daño.
- Responsabilizate. Sustituye la culpa por la responsabilidad.


