Por qué estamos cada vez más deprimidos


La depresión constituye la causa principal de incapacidad laboral a nivel mundial y es el trastorno mental más frecuente. A lo largo de la vida, afecta a más de 10 % de la población adulta. Es dos veces más frecuente entre las mujeres. Uno de cada diez pacientes que acude al médico de cabecera por otros motivos presenta un cuadro completo de depresión y uno de cada cinco sufre síntomas depresivos aislados. Desgraciadamente, casi la mitad de estos casos no se diagnostican y solamente el 50 % de las personas con depresión diagnosticada reciben un tratamiento adecuado. Por lo tanto, es una cuestión extremadamente importante para toda persona (no solo para los médicos) conocer la naturaleza y los síntomas de la depresión, así como las bases del diagnóstico y tratamiento.

La depresión es una condición que puede y debe tratarse, y sus manifestaciones pueden ser de carácter tanto recurrente como crónico. Actualmente se dispone de recursos terapéuticos mejorados, que por un lado garantizan una mayor eficacia, y por el otro proporcionan menores efectos secundarios.


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¿Sabemos qué la causa la depresión? Desafortunadamente, no. Sin embargo, existen suficientes estudios sobre sus factores de riesgo, es decir, las características y circunstancias que aumentan la probabilidad de que padezcamos esta enfermedad.

Algunos, como el sentido común dicta, se relacionan con acontecimientos vitales dramáticos, tales como la muerte de un ser querido o el diagnóstico de una enfermedad grave. Sin embargo, hay otros muchos factores de riesgo para la depresión que no son tan conocidos, aunque no por eso dejan de ser importantes. Como los factores sociodemográficos, los genéticos y neurológicos, los factores personales, experiencias adversas y comorbilidad (presencia de otras enfermedades).

Síntomas de la depresión

Sin duda, uno de los síntomas que más revelan la presencia de depresión es la pérdida gradual de la alegría de vivir y de los sentimientos de placer, así como de la capacidad de disfrutar las cosas y acontecimientos que anteriormente se percibían como placenteros, hasta su desaparición completa. Esto se conoce como anhedonía.

La disminución del ánimo y de la capacidad de disfrutar cursan con apatía («no me importa lo que pase ahora o mañana») y sentimiento de vacío.

A veces se presentan un ánimo variable (lábil) e irascible, dificultad para controlar el humor, tristeza (suelen ser de carácter profundo y penetrante, y se experimentan la mayor parte del tiempo), llanto cada vez más difícil de controlar, y a veces incapacidad de controlar las propias emociones y una impulsividad alejada de la conducta previa.

Aparece el pensamiento depresivo. Se trata de una valoración pesimista del propio pasado, presente y futuro, deterioro de la imagen propia, pérdida de autoestima, y sentimiento de no valer nada y ser innecesario. En algunos casos delirios depresivos (juicios falsos en los que el paciente cree a pesar de intentos inútiles de confrontarlos con la realidad) respecto al sentimiento de culpa, pecado, castigo, condena o relacionados con la pobreza, miseria, falta de perspectivas para el futuro propio y de la familia. La presencia de ideas delirantes es una indicación absoluta de la necesidad de terapia.

La creciente sensación de haber perdido el sentido para vivir, sinsentido de la vida, sentimiento de desesperanza, pensamientos de renuncia, ideas de muerte. Puede ser un deseo de muerte por causa natural («me gustaría dormirme y no despertarme nunca más», «le pido a Dios morir», «quiero tener un accidente»), y llegar hasta la idea de suicidio.

La depresión también a menudo cursa con síntomas como el déficit de atención y sensación de deterioro de la memoria y las funciones cognitivas, así como con trastornos del sueño, disminución o pérdida del apetito y decaimiento de la libido (deseo sexual).

Tratamiento de la depresión

El objetivo del tratamiento de la depresión es la desaparición de los síntomas y el restablecimiento del funcionamiento al estado previo al comienzo de la enfermedad (remisión), así como la prevención de recurrencias. La cooperación del paciente a lo largo de toda la terapia es requisito indispensable para alcanzar este objetivo. El terapeuta debe animarlo a practicar la autoobservación, formular sus propios objetivos y a hacer preguntas. Todo esto tiene por finalidad un mejor cumplimiento de las indicaciones y la cooperación en el proceso del tratamiento.

El tratamiento de la depresión debe ser completo. Debe combinar tanto el tratamiento farmacológico (uno o varios antidepresivos adecuadamente seleccionados), como la psicoterapia (y otras formas de terapia o de actividades terapéuticas) y la psicoeducación.

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