Las emociones autoevaluativas


Las personas somos capaces de expresar multitud de emociones adaptadas a cualquier tipo de situación. Estas nos ayudan a mostrarles a los demás cómo nos sentimos y también nos ayudan a que identifiquemos los distintos tipos de situaciones, las valoremos y actuemos en consecuencia. Tanto las positivas como la alegría, como las negativas como la tristeza o el enfado, son esenciales para nosotros y forman parte de nuestra integración y supervivencia en el mundo.

Entender todo acerca las emociones es el primer paso para lograr una gran gestión emocional. Para empezar, hay que diferenciar entre lo que son emociones básicas y las emociones conocidas como secundarias (lo cual no significa que sean menos importantes).

Para que una emoción sea considerada primaria, debe cumplir una serie de requisitos, como ser universal,  es decir, que exista en todas las partes del mundo, reconocible a primera vista, puntual, que se produzca en un determinado momento y debe tener repercusión física; esto  significa que la emoción debe causar algún tipo de efecto en el cuerpo como, por ejemplo, que aumente el ritmo cardíaco, que se produzca sequedad bucal o que se tensen los músculos. Entre las emociones primarias existe consenso en señalar las siguientes: Alegría, tristeza, ira, miedo, sorpresa y aversión. Podríamos incluir el amor, pero el amor tiene, también, mucho de lo que define a una emoción secundaria.

Las emociones secundarias son aquella que surgen a partir de la combinación de las primarias, algo parecido a lo que ocurre entre los coleres primarios y secundarios. Este tipo de emociones fomentan el autoconocimiento y la identidad personal, son las que hacen que nuestro carácter se diferencia de los otros. Entre las emociones universales secundarias se encuentran: la culpa, la vergüenza, el orgullo, el placer y los celos.

En este artículo, quiero hablarte, en base a lo investigado por Itziar Etxebarría (2003. Catedráticas de psicología de la Universidad del País Vasco), de las emociones autoconscientes.

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    Qué son las emociones autoevaluativas.

    El concepto «emociones autoconscientes» no es muy conocido. Desde hace algún tiempo, los psicólogos acuñamos esta denominación para agrupar tres emociones secundarias : la culpa, la vergüenza y el orgullo. Fundamentalmente, la razón de este agrupamiento tiene que ver con el hecho subyacente de que en las tres se produce algún tipo de valuación relativa al propio yo, sin que, necesariamente esta autoevaluación tenga que ser explicita o conscientes, por lo que quizá el término más apropiado para denominarlas en comparación con el de emociones autoconscientes sea el de emociones autoevaluativas. Al menos será el que aquí voy a utilizar.

    Se trata de reacciones emocionales que tienen como antecedente algún tipo de juicio – positivo o negativo – de la persona hacia sus propios pensamientos o acciones. Teniendo esto en cuenta, es fácil entender la importancia de estas emociones en el control y dirección de la propia conducta. Culpa, vergüenza y orgullo son emociones complejas, en el sentido de que requieren del desarrollo previo de ciertas habilidades cognitivas que permiten la conciencia diferenciadora del otro.

    También son emociones sociales y morales. El desarrollo en nuestra infancia de lo que es correcto y de lo que no lo es, de lo deseable de lo desechable , determina los valores y la cultura en la forma en la que nos comportamos. Son emociones que surgen en contextos interpersonales. Esto está muy claro en el caso de la vergüenza y en menor medida del orgullo, si bien la mirada y la valoración ajena son fundamentales en las reacciones de orgullo. La culpa, si bien también tiene componente interpersonales, está más relacionada con la conducta moral.

    Como vemos, al mismo tiempo que comparten una serie de rasgos, cada una de ellas poseen características específicas: surgen ante un tipo particular de eventos privados, supone una experiencia subjetiva diferente y conlleva unas tendencias de acción también diferentes. Pero no es fácil definir exactamente lo que diferencia a las emociones autoevaluativa o autoconscientes.

    Distinción entre emociones autoevaluativas

    El orgullo es, sin duda, la emoción más fácil de diferenciar de las otras dos, especialmente por la dificultad de diferenciar los eventos que provocan culpa y/o vergüenza. La vergüenza es elicitada por una evaluación negativa del yo de carácter global. La culpa surge, también, de una evaluación negativa de uno mismo, pero de manera específica, se focaliza en la acción y no se refiere al yo en su conjunto. El orgullo aparece cuando la persona realiza una evaluación positiva centrada en una acción concreta y, por tanto, específica.

    Detengámonos con un poco más de pausa en cada una de estas emociones y sus diferencias.

    La culpa

    La culpa viene acompañada de dolor. Un dolor relacionado con el objetivo del daño que se ha hecho o con las causas de la acción realizada (o, simplemente, pensada). La experiencia de la culpa se centra en la conducta y no en la globalidad del yo, lo cual la hace menos displacentera que la vergüenza.

    Como psicoterapeuta he trabajado con esta emoción en muchas ocasiones. En muchos de mis pacientes la culpa aparece por algún lado, como sentimiento e incluso como estrategia de evitación. En cualquiera de los casos la persona experimenta dolor, pero, también una conducta de acción correctora, de reparación del daño o malestar provocado, así como una reconsideración de la forma de actuación futura.

    La vergüenza

    La vergüenza surge cuando se da una evaluación negativa del yo de carácter global. La experiencia fenomenológica de la persona que experimenta vergüenza es del deseo de esconderse, de desaparecer. Ésta es una expresión no verbal que no se presenta en el caso de la culpa. La vergüenza es un estado mental muy desagradable, que, y también a diferencia de la culpa, provoca la interrupción de la acción, confusión y torpeza. La vergüenza propicia estrategias de evitación que, con frecuencia, y a través de mecanismos de interpretación y/o disociación producen el efecto contrario al deseado.

    La vergüenza es una emoción pública ( a diferencia de la culpa, que es una emoción privada), en la medida en que surge de la desaprobación de los demás y requiere de la presencia (real o imaginada) de los otros – comenta en su trabajo la psicóloga Etxebarría.

    El orgullo

    La persona que siente orgullo por algo, por una acción propia, por un pensamiento, por una decisión . Es un sentimiento de alegría y satisfacción. Es una de esas emociones que nos gusta reproducir. Al ser una emoción altamente reforzante, va a favorecer futuras conducta similares y el fortalecimiento de la autoestima. El orgullo cumple una función de orientación de la conducta y de desarrollo psicológico que favorecen el bienestar subjetivo.

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