Más allá de lo poético, de lo romántico y de lo enigmático que puede ser el amor y enamorarse; el amor ha dejado de ser un misterio para la neurociencia.
El amor «es una droga»
Los centros y áreas neuronales que se activan en el encuentro con la persona amada son exactamente los mismos que aquellos que lo hacen cuando se consume alguna sustancia estimulante. El amor estimula nuestro sistema límbico (principalmente la corteza cingulada anterior) de la misma manera que lo hace el alcohol u otras sustancias adictivas, y es por ello que se le puede comparar con una droga.

Cuando estamos enamorado liberamos más dopamina, serotonina, oxitosina y otros neurotransmisores que hacen que nos sintamos más excitados, llenos de energía y que nuestra percepción de la realidad sea más positiva cuando el amor llama a nuestra puerta. Para enamorase bastan apenas un par de segundos para que este cóctel de hormonas, moléculas y neurotransmisores nos enganchen a alguien por lo que vemos, por lo que escuchamos o , sencillamente, por lo que percibimos.
Los avances en el estudio del cerebro permiten observar cómo cambia la respuesta neurológica en las distintas etapas del enamoramiento. Hoy sabemos que la actividad neuronal es distinta según se trate de amor, apego a la pareja o deseo sexual. También conocemos que el cerebro de las mujeres y de los hombres no se comporta igual ante el amor. Cuando ellos se enamoran se aprecia una mayor actividad en las regiones límbicas que, además, están más asociadas a los estímulos visuales En ellas las áreas que desarrollan mayor actividad son las relacionadas con la memoria (hipotalámicas) y las áreas auditivas.
Del amor al odio hay un paso. Esta es una afirmación que, pese a lo que podamos creer, tiene base científica. Amor y odio pueden hacernos actuar como si estuviéramos bajo los efectos de una droga más que cualquier otra emoción. Ambas comparte, también, estructuras cerebrales más que con cualquier otra emoción. Tanto el Putamente como la Ínsula son áreas cerebrales implicadas tanto en las expresiones de disgustos y de los estímulos desagradables, como expresiones del amor romántico. La diferencia está en que mientras el amor inhibe parte de estas regiones donde se procesan las ideas irracionales, el odio las hiperactiva.
¿Mucho más que un tópico?
Del enamoramiento sabemos que, para que se produzca, se han de producir , al menos tres procesos psicológicos claves, el de la admiración por la persona amada, el del deseo y la pasión y el de la necesidad de compartir la experiencia. Para algunos estudiosos de la psicología del enamoramiento, además, el enamoramiento no se vive igual en las mujeres que entre los hombres. El psiquiatra Enrique Rojas, por ejemplo, asegura que, las mujeres saben mucho más de sicología y de sentimientos que el hombre y salvo en casos excepcionales de hombres intelectuales o muy espirituales, el hombre se comporta de un modo más primario en las relaciones. Este autor asegura que » la mujer sabe lo que es enamorarse y buscar la belleza interior, mientras que el hombre se queda a menudo en lo exterior».
Para algunas personas estas afirmaciones tiene su lógica, su sostén en realidades que no dejan de ser igualmente tópicas para otras personas, como que ellos las prefieren jóvenes y ellas a alguien que admirar, que las mujeres dan mucha más importancia al amor que los hombres; que son más enamoradizas y que ellos pueden desligar con más facilidad el amor del sexo. Sea cuando sea de verdad que pueden tener estos tópicos, lo que parece ciento es que mujeres y hombres se enamoran de forma diferente. Cabría añadir, de paso, que en los errores del enamoramiento, por lo general, también actúan de manera diferente.
En el arte de enamorar, el psicólogo y sexólogo Antoni Bolinches, afirma que «el amor y el enamoramiento son construcciones sociales. Son una forma de canalizar el instinto sexual. Por eso, cuando se enamora, el hombre es muy pulsional y ve a la mujer como un sujeto erótico.» En este sentido coincide con diferentes estudios que establecen que los hombres se fijan más en el físico de lo que lo hacen las mujeres, que a su vez dan más importancia al estatus de ellos. Parece que los tópicos sobre cómo se enamoran y actúan en el enamoramiento hombres y mujeres, no solo tópicos son.
Cada quien tiene sus gustos, cada cual sus preferencias. Sin embargo, en términos motivacionales. Las mujeres los prefieren simpáticos y la simpatía es una cualidad sonora (salvo o excepto que se tengan grandes habilidades mímicas), inteligentes sin apabullar, otra cualidad intrínsecamente sonora. Por último, señalan algunos estudios, que las mujeres también los prefieren maduros y magnéticos, lo que se percibe a partir del arte de la conversación y de la seducción. A los hombres, coinciden casi todos los que investigan estos temas, los engancha el atractivo físico femenino (aspecto sociocultural que está en la base de la cosificación de la mujer) que con el tiempo disminuye, por lo que valoran el apoyo emocional que pueden encontrar en la mujer. O, en otras palabras, busca comodidad.
Pese a que esto sigue siendo así, pautas y roles están cambiando. Las mujeres se fijan cada vez más en el físico y los hombres, en aspectos como la inteligencia o el estatus. Parece que ambos necesitan ingredientes parecidos para enamorarse y que las diferencias hoy están más en la proporción de los mismos que en cualquier otra cosa. El futuro trae cambios que, sin duda nos acercaran a una forma de enamorarnos más asertiva para mujeres y para hombres.


