Nuestra energía vital es el combustible que nos permite estar motivados para alcanzar objetivos personales y profesionales. El organismo humano utiliza la energía para muchos propósitos.
La energía vital no es un fluido ni una corriente electromagnética, sino una propiedad inherente a todos los seres vivos, una capacidad que necesitamos mantener en equilibrio para disfrutar de buena salud física y mental.
Cuando nos sentimos fuertes, todo parece que nos sonríe. Casi nos da igual las sorpresas que nos pueda reservar el día. En otras ocasiones, sin embargo, parece que las fuerzas nos han abandonado y ni siquiera sabemos el motivo. Si te suele ocurrir esto último piensa que nuestra energía diaria depende de dos variables: lo que nos pone las pilas menos aquello que nos desgasta. Estar en un extremo o en el otro, cuando no media enfermedad o trastorno mental relevante, dependen bastante de ti, de tus actitudes.
Los ladrones de energía son factores internos y externos que influyen a diario en nuestras vidas. Para neutralizar esta influencia, necesitamos primero identificarlos. Existen cuatro tipos de ladrones de energía sobre los cuales debemos definir un plan de acción si nos están condicionando la vida.
1 DESGATE FÍSICO: Es la sensación de estar desfondados; el cuerpo no nos responde como quisiéramos. Dependen de fundamentalmente de que hacemos o dejamos de hacer para mantenernos en buen estado físico. Estos ladrones se esconden en la conducta sedentaria y la mala alimentación. Con frecuencia el decaimiento físico está relacionado directamente con los conflictos emocionales.

2 DESGASTE EMOCIONAL: Emociones como el miedo, sensaciones pegajosas como la desconfianza, la falta de humor o la presencia de personas con actitudes que nos agotan a nuestro alrededor. Los celos, las envidias están entre los principales ladrones de energía. Tomar conciencia de lo que nos perturba emocionalmente es el mejor remedio para deshacernos de estos sentimientos y para recuperar nuestra energía emocional.
3 DESGASTE MENTAL: Los pensamientos recurrentes, que nos nos permiten relajarnos. Los pensamientos obsesivos, las quejas y la búsqueda de culpables. Cansancio por acumulación de tareas, tensión y aparición del estrés. una vez más, la toma de conciencia ofrecer la solución más eficaz ante el desgaste mental.

4 DESGASTE DE PROPÓSITO: Sin duda es el ladrón de energía más sigiloso. También se le puede considerar como el de mayor capacidad para minar nuestras energías. Se presenta, de improviso, cuando creemos que nos falta un proyecto vital, cuando creemos nuestras vidas vacías. Son ladrones que aparecen en forma de desazón y la mejor manera de reducirlos es la creación de nuevos propósitos y esforzarse en encontrar las mejores decisiones sobre lo que queremos o no queremos hacer.


