La terapia de pareja es una cosa aparentemente simple, solicitas una cita para una sesión cuando tu relación está en problemas y necesitas ayuda para resolverlos. Posiblemente ambos discutan sobre las cosas más nimias y banales, pero, éstas discusiones pueden elevar su intensidad hasta ser realmente desagradables cuando cada uno por su cuenta se enroca en su forma de ver las cosas.
Los conflictos por los que una pareja llega a terapia son diversos y de distinta complejidad y suelen relacionarse con temas como el decaimiento de los sentimientos y las insatisfacciones afectivas y sexuales, la fidelidad, crianza de hijos, familia política o las finanzas de la pareja. En general involucran expectativas y creencias muy arraigadas individualmente.
Sea el motivo que sea, ir a terapia de pareja suele ser una buena idea, si ambos están dispuestos a darse una nueva oportunidad. Buscar la ayuda de un interlocutor neutro y cualificado que facilite la comprensión de los problemas en la relación mejorará las posibilidades de reconstrucción de la relación de pareja, su estabilidad y continuidad o igualmente, por el contrario y en su caso, facilitará que la ruptura sea lo menos problemática posible.
Es importante resaltar que es mejor buscar ayuda lo más rápido que se pueda, de esta manera cualquier problema o conflicto será más fácil de resolver, si esperas demasiado el conflicto va a ser inmanejable y perjudicial. La pareja promedio acude a terapia después de varios años de tener conflictos que no pueden resolver.


No esperes soluciones mágicas ni resultados inmediatos. Es un proceso que toma trabajo de parte de ambos. Los principios básicos de la terapia de pareja, como modificar comportamientos disfuncionales y mejorar la comunicación, no son tarea fácil, así que debes estar preparado para pasar algunos momentos incómodos.
La influencia de las creencias y las expectativas en la relación de pareja
Lo habitual es que cada uno de nosotros tengamos un conjunto de creencia sobre cómo queremos que sea nuestra relación de pareja y una serie de expectativa que son las creencias, las ilusiones y deseos sobre cómo esperamos que actúe nuestra pareja, de como nos trate o satisfaga nuestras necesidades. El problema es que las expectativas son sólo eso, esperanzas o posibilidades de conseguir una cosa y que, como no expresamos ni ponemos en común, no siempre coinciden con la realidad.
Creencias inadecuadas y pensamientos limitantes
Muchas veces, los modelos culturales en los que hemos crecido nos llevan a creencias limitantes o erróneas, a los mitos sobre cómo debe ser una relación de pareja para que resulte satisfactoria de acuerdo a los cánones. Producimos entonces unos sesgos cognitivos (errores de pensamiento) en base a exigencias sobre nosotros mismos, sobre nuestra pareja o sobre la relación propiamente dicha.
Entre las creencias inadecuadas y sesgos más limitantes que interfieren negativamente en la relación de pareja y son objeto de atención terapéutica, existe consenso en destacar los siguientes:
1 Dar por hecho diferentes suposiciones ( inferencia arbitraria) para las que no existe evidencia o prueba alguna. Hacer suposiciones y llegar a conclusiones sin fundamento alguno. Ejemplo: » Se ha ido afuera a contestar al teléfono…seguro que está hablando con su amante«
2 Prevalencia de lo negativo (abstracción selectiva), es una tendencia a la descontextualización, un filtro mental por el que se destacan las flaquezas propias, de la otra persona o de la situación, aunque sean más evidentes las virtudes y fortalezas. Se trata de pensamientos anticipatorios, automáticos y rumiantes para justificar miedos a sentirse defraudados o debidos a la baja autoestima. Por ejemplo, al regresar de unas vacaciones donde nuestra pareja lo ha pasado mejor que nosotros: » Han sido unas vacaciones odiosas«
3 De un mal día a una mala vida (sobregeneralización). Pensamiento automático y rumiantes conforme al cual se suele sacar una conclusión general a partir de un acontecimiento puntual y entorno al cual creamos una filosofía de vida poco adaptativa que merma la relación de pareja. Por ejemplo: » Es la primera vez que me decepciona…pero no va a ser la última.»
4 Error de adivino (adivinación del pensamiento del otro). Creerse capaz de adivinar lo que pasa por la cabeza de su pareja. Esto suele acarrear un efecto de pronóstico negativo, cuya principal consecuencia es creer esas predicciones como verdaderas. Por ejemplo: » Ya se lo que me va a responder, así que no pierdo tiempo en preguntar.«
5 Culpar a los demás (personalización). Creencia por la que alguien se atribuye a sí mismo o a su pareja los sucesos de consecuencias negativas. Sentimientos de culpa. Por ejemplo “Si somos una familia unida, es lógico que sufra mucho si alguno tiene un problema y colabore intensamente hasta que lo resuelva”.
6 Todo o nada (pensamiento dicotómico o polarizado). No existen categorías ni fases intermedias. Un pensamiento extremista conforme al cual una relación de pareja o es perfecta o está mal. Pro ejemplo: «No me consiente lo suficiente, no me quiere de verdad.»

7 Como rey tuerto (visión de túnel). Ver lo que se desea, tener una visión de las cosas conforme a nuestros estados mentales. Ejemplo: «No conseguiremos superar esta crisis.«
Expectativas poco realistas
Las expectativas no son más que la posibilidad razonable de que algo suceda. Crearnos expectativas en relación a la pareja es algo que compartimos todos los humanos. Hasta cierto punto pueden hacer que una relación prospere. Pero es más habitual, que la expectativa nos genere algún tipo de frustración, particularmente cuando nuestra creencia de pareja ideal no se alinea con la realidad o parte de un estándar demasiado elevado. En estos casos es la comparación la que dará origen a esa frustración y, consecuentemente, provocará numerosos conflictos con uno mismo y en la relación con la otra persona.
Unas expectativas excesivas, difíciles de satisfacer, reducen notablemente las posibilidades de gratificaciones en la relación, abriendo la puerta a las desilusiones y los sentimientos de frustración, y lo que esto conlleva a nivel conductual (enfados, hostilidad, evitación).
Parece clara, la necesidad de ajustar nuestras expectativas en relación con nuestras creencias de cómo debe ser nuestra pareja ideal, empezando por lo que de disfuncional pueden contener lo que consideramos como ideal. Las parejas más felices y estables suelen tener bien ajustadas sus expectativas y controlada las atribuciones erróneas sobre culpabilidades y responsabilidades.
Mientras que las creencias, expectativas y atribuciones realistas son grandes reforzadoras de la relación y contribuyen positivamente a su mantenimiento: mejora la comunicación, reduce la crítica y el conflicto y propicia flexibilidad cognitiva adaptada a la relación, entre otras numerosa ventajas. Por el contrario, las creencias exageradas, las expectativas poco realistas y las atribuciones erróneas dificultan poner en valor a la pareja, percibir todo lo que aporta de positivo, cronifica problemas y complica los esfuerzos para cambiar las situaciones y las conductas que dificultan la resolución de problemas.


