Beneficios de la terapia de pareja (1) La afectividad


Una relación de pareja no se entiende, no funciona o acaba por romperse si por ambas partes de la pareja no se desarrollan dos conceptos básicos necesarios para el bienestar de la vida en común, el de la igualdad y el de la reciprocidad. Tener una buena percepción de que la relación se desarrolla en base a estos principios favorece que veamos más beneficios dentro que fuera de la pareja. Este beneficio hace que las relaciones y las convivencias duren en el tiempo.

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Usualmente, a la terapia de pareja se llega cuando existe un punto de desequilibro en la relación o se ha instalado una asimetría en cuanto a las emociones y a las conductas. Es muy habitual que detrás de una situación de incertidumbre en cuanto a la relación se encuentra algún tipo de distorsión de la realidad.

Es decir, se han frustrado las expectativas y han menguado notablemente las habilidades para comunicar (el lenguaje se ha vuelto monótono, poco amable y emocionalmente neutro o insulso) y limitadas las habilidades de negociación, lo cual conlleva a la falta de equidad en la relación; su consecuencia más inmediata y más perturbadora de la estabilidad emocional, es la falta de tolerancia hacia el otro miembro de la pareja o de que uno se vea obligado a ceder frente al otro, aunque a este último no le asista la razón.

Reajustes, correcciones y mejoras en las habilidades de comunicación y negociación son dos de los muchos beneficios que favorece la terapia de pareja para el sostenimiento de la relación y la mejora de la convivencia.

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Las habilidades para comunicarnos con empatía y negociar asertivamente favorecen en gran medida una mayor intimidad en la relación.

La expresión de la afectividad, en la que me detendré en este primer episodio de los beneficios de la terapia de pareja; carencia de expresividad de lo positivo y expresión exagerada de lo negativo, así como los sentimientos confusos, la infidelidad, los celos, las relaciones dependientes o la sexualidad insatisfactoria, son los motivos más frecuentes de las crisis de pareja y por los que más acuden a la consulta de un psicólogo especializado.

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La importancia de los aspectos afectivos

El vínculo afectivo es, de entre todos los vínculos que pueden propiciar una relación de pareja, el más relevante. Es donde habita el cariño y, desde luego, antecede a otro vínculo relevante en las relaciones sentimentales, el del compromiso. Parece evidente, que se necesita transmitir bien los afectos para que una relación crezca positivamente. Una adecuada expresión emocional en un factor de proximidad extraordinario. Una relación cálida y de confianza, así como de cohesión para afrontar los problemas, necesita de la buena comunicación en casa.

No es lo mismo tener afectos muy positivos hacia tu pareja que saber expresarlos. De hecho, un factor que se revela muy pronto en la terapia de pareja es, precisamente, las dificultades para expresar sentimientos y emociones y hacerlo de una manera que llegue al «corazón» de la otra parte de la pareja. Con demasiada frecuencia encontramos (los especialistas) parejas que dan por hecho, por obvio, el amor, el cariño, el afecto hacia su pareja. Hay quien, incluso, considera superflua la manifestación de los sentimientos y de los afectos. Estas formas de conducirse en una relación de pareja la llegan a situar en riesgo de ruptura o acaban rompiéndola definitivamente.

Existen dos expresiones de los afectos que ponen una relación al filo de cisma y la separación.

En primer lugar, si lo que deseamos es mantener «salvar» la relación de pareja, se habrá de cambiar y mejorar la comunicación en los afectos positivos (gestos de cariño, empatía, apoyo emocional, compartir momentos generando complicidad, etc.). En este sentido, es muy conveniente darle una gran importancia positiva al hecho de que uno o ambos acepten los intentos que hace la otra persona por corregir sus pensamientos o conductas perjudiciales para la pareja. En estos casos, se requiere trabajar en la recuperación de la habilidad de expresión de los afectos que devuelva a la pareja una conexión poderosa con sus sentimientos.

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Por otro lado, podemos establecer cuatro o cinco formas de manifestar desafección que son predictores de la ruptura de la pareja.

  1. Las conductas de críticas en forma de atribuciones directas de desvalorización («no vales para nada»), o a través de la descalificación de los rasgos de personalidad de la otra parte de la pareja.
  2. El desprecio, de forma verbal o no verbal, es una forma de vejación y abuso basado en la falta de respeto y la actitud de superioridad.
  3. La indiferencia hacia la pareja es una señal poderosa de desconexión afectiva que deja paso a una profunda sensación de malestar y de decaimiento del estado de ánimo. La desmotivación se impone en la relación de pareja.
  4. Ponerse a la defensiva es la estrategia más utilizada cuando se pretende eludir la responsabilidad en base, casi siempre , a la negación del conflicto.
  5. Falta de empatía y compasión, que no acepta el punto de vista de la otra persona y quita importancia al hecho de hacer daño.

Mantener la relación o preparar la ruptura

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Ya lo he comentado. La terapia de pareja es una forma de intervención psicológica ante las crisis de las relaciones de pareja, matrimonio o convivencia de gran eficacia, tanto si lo que se desea es tratar de mantener la relación mejorada, pero, también, para finalizar una relación de una manera que no resulte traumática para las partes.

Colaborar en el mantenimiento de la relación

Colaborar asertivamente en la sostenibilidad de la relación de pareja implica disposición al cambio. Mejorar la comunicación y fortalecer la confianza son los objetivos primigenios para este cambio y conforma la estrategia inicial en la terapia de pareja. La terapia también orientará a las personas hacia un nuevo reconocimiento mutuo. El esfuerzo en adquirir y mejorar en estas habilidades y otras, como la de ser receptivos a las críticas constructivas, promoverá la instalación de un clima emocional de intimidad que facilitará la continuidad de la relación de pareja a partir de estos cambios.

Suele ocurrir que nos dejamos llevar por las emociones y eso nos dificulta el juicio racional sobre los conflictos que ocurren en el seno de la pareja. Trabajar el control de la impulsividad en terapia supondrá estar abiertos a las variables que se pueden dar en una relación y adaptarlas propositivamente al curso de la misma.

Problemas frecuentes que producen o aumentan el riesgo de la ruptura

La pérdida de afectividad, la ausencia de sentimientos íntimos positivos es una de las causas de ruptura de la relación de pareja sobre la que, prácticamente, nada podemos hacer. Sin embargo, cuando alguien cree que la otra parte ya no siente nada hacia ella, frecuentemente lo que ocurre es que se ha instalado una forma pasiva de afrontar la relación y el decaimiento de la habilidad de hacer evidentes los sentimientos. En esto casos, la terapia de pareja ayuda considerablemente a desatascar esta situación.

Otros elementos que suponen un alto riesgo para la continuidad de la relación de pareja, incluso puesto de manifiesto los sentimientos positivos de uno hacia el otro, son las valoraciones inadecuadas y las dificultades del control emocional en situaciones complejas y dolorosas, como es el caso de los celos, la desconfianza y otros muchos conflictos no resueltos.

Posibilidades de actuación terapéutica

Mejorar la forma en cómo podemos expresar nuestras emociones es fundamental para que la relación de pareja con posibilidades de recomponerse. Esto supone, entre otros aspectos a trabajar en terapia, en el aumento de la frecuencia conque expresamos nuestros sentimientos positivos hacia la otra persona. Técnicas que ayudan a alcanzar este propósito son la regulación emocional, en entrenamiento en habilidades comunicativas y el control de los estímulos. Entre otras.

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