No es la primera vez, ni será la última, en que les intente llamar la atención para que me lean, hablándoles de algún aspecto, característica o experiencia relacionada con la dependencia emocional. Aunque, hasta no hace más de una década este trastorno psicológico y emocional apenas era conocido y tratado, hoy lo podemos encuadrar clínicamente como un Trastorno de la Personalidad Dependiente. Se trataría, básicamente, de un estado mental caracterizado por una necesidad extrema de carácter afectivo que una persona siente hacia su pareja a lo largo de sus diferentes relaciones.
«Necesidad» es el componente esencial de este problema. Se trata de un concepto que está por encima de otros que, a priori, parecerían fundamentales para una relación de pareja, como amor, deseo, o cualquier otro sentimiento positivo que indique voluntad de mantener una relación afectiva próxima con otra persona. Una necesidad extrema que lo perturba y condiciona todo, especialmente todo lo que tiene que ver con la vida de la persona que experimenta este tipo de trastorno o aquellos otros con los que es fácil que tenga comorbilidad o semejanza ( me abstengo de citar aquí aquellos términos manidos por la autoayuda y las pseudoterapias), como el apego ansioso, la codependencia, la sociotropía o la personalidad autodestructiva.

Hay quien me considera especialista en este problema; solo puedo decir que he tratado a algunas personas afectadas por el mismo. Para casi todas ellas la gran pregunta que les resulta imposible de contestarse es ¿por qué siempre me enamoro de quien no debo? A lo largo del tratamiento de la dependencia afectiva y de los rasgos desadaptativos de la personalidad que la producen, los pacientes van encontrando su propia respuesta adaptada a su experiencia vital. Entender las características del trastorno en su realidad particular es fundamental para avanzar en la erradicación de este trastorno.
Resumen de las características del Trastorno de Dependencia Emocional
Sobre el eje principal de la necesidad psicológica excesiva de otra persona, pivotan características muy marcadas que definen el problema y nos permiten un diagnóstico acertado del mismo. El deseo de exclusividad, de acceso constante a la pareja. La idealización de la otra persona y su prioridad frente a cualquier otra persona ( a veces incluso los propios hijos) o cualquier otra cosa. Aceptar relaciones basadas en la sumisión y en la subordinación, que conduce, incluso a asumir el sistema de creencias de la pareja aunque este vaya contra los principios y valores de la persona dependiente. El miedo y la intolerancia a la soledad. La autoestima por los suelos. Y muy a menudo un historial de relaciones de pareja desequilibradas. Es, en este último aspecto, en el que fijo la atención de mi narración en este artículo.
De la una a las otras historias de pareja
Es muy habitual, que la vida amorosa de las personas con dependencia emocional, sea una sucesión de relaciones insatisfactorias y atormentadas. En muchas de ellas ha sido habitual experimentar una espiral de dolor y humillación que la persona dependiente ha asumido porque lo insoportable para quien vive en este estado mental distorsionado sería la ruptura y la consiguiente soledad. Cuando la ruptura se presiente cercana, inevitable – lo habitual es que el roto lo provoque la pareja – la salida que suelen tomar las personas dependientes emocionales es encontrar lo antes posible a otra persona, incluso antes de que suceda la separación.
Las relaciones de las personas con este trastorno psicológico son cíclicas, se repiten con patrones similares constantemente. Cuando una relación termina, necesitan establecer una nueva en similares condiciones, esa es una de las partes más difíciles de erradicar cuando asisten a terapia; cuando no lo hacen, su vida en un bucle de relaciones intoxicadas por una patológica «hambre» de pareja.

Ocurre, sin embargo, que no todas las relaciones que mantiene una personas con un trastorno por dependencia emocional son desequilibradas, al menos en el sentido con el que se identifica etiológicamente este problema psicológico. Son las llamadas relaciones de transición. Básicamente, podemos definirlas como intentos poco serios para evitar periodos de soledad. Es decir, relaciones para un apuro. Se producen mientras la persona dependiente trata de encontrar con afán a quien vuelva a hacerla sentir seducida y encantada, alguien a quien poder idealizar y sumirse nuevamente.
Es habitual que estas relaciones de transición se produzcan casi inmediatamente a la ruptura de pareja. Si, podría definirse como lo que quizá estés pensando de que «un clavo quita otro clavo», aunque supongo que también ya sabes que este es un mito falso que produce el efecto contrario. Se trata de relaciones puente, destinada a mitigar el síndrome de abstinencia (efecto perfectamente aplicable en la dependencia emocional). Las relaciones de transición carecen de las características que busca la persona dependiente, en cuanto a que la patología se debe a la conjugación de las principales características desequilibradas que hemos mencionado : baja autoestima, facilidad para la subordinación, idealización exagerada hacia ciertas personas de ego muy marcado.


