El poder de una pausa antes de hablar


Muy poca gente escucha con la intención de entender; solo escuchan con la intención de responder.

Stephen Covey
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No podemos controlar, ni deberíamos intentarlo, cómo los demás nos responden. Pero, sí tenemos cierto control cómo respondemos nosotros a otras personas, tanto a través de la elección de las palabra, lo cual es muy importante, como también por cómo entonamos nuestra voz, cosa, probablemente aun más importante. Y también por cómo utilizamos los silencios y las pausas al hablar, lo cual, en numerosas ocasiones es totalmente definitorio de nuestras intensiones, posturas u opiniones.

En un mundo que nos obliga a reacciones vertiginosas, aprendemos y enseñamos a decidir con urgencia, a hablar con precipitación, a lanzarnos a la acción sin proporcionarnos un día, una hora, un par de minutos, unos pocos segundos, que nos permitan controlar mejor nuestras opciones; ante la resolución de algún conflicto, en la respuesta a una interlocución, en la necesaria escucha de quien tengamos enfrente. Escuchar es una actitud ante la vida, que contiene muchos beneficios pero que desaprovechamos con demasiada facilidad y frecuencia.

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Comunicarse no siempre es fácil. Estamos acostumbrados a querer tener, casi siempre, la última palabra. Lo hacemos incluso a sabiendas de que la pausa para escuchar, la pausa antes de hablar, genera una mayor productividad de las ideas, inspiran la creatividad y mejora la actitud de los demás.

Comunicarse no es fácil cuando estamos activados de tal manera que nos resulta difícil reducir la velocidad con la que nos expresamos. A nuestra amígdala (implicada en las emociones) le encanta la precipitación. Sin embargo, ser capaces de hacer una pausa, nos ayuda a controlar nuestras emociones, en cualquier caso y circunstancia, desde el ritmo estimulante de una caricia hasta aquellos instantes en que nos hierve la sangre y conviene dejar enfriar las cosas antes de abrir la boca.

Photo by Andrea Piacquadio

Practicar pausas antes de hablar es una forma poderosa de favorecer la comunicación, de generar un clima de seguridad y de igualdad. La pausa nos permite experimentar más adaptativamente nuestros sentimientos y de tomar conciencia de las necesidades sensibles y los anhelos asociados a ellos. La pausa nos da un tiempo extra para establecernos en modo empático, relajado, responsables y congruente. La seguridad emocional que nos proporcionan las pausas proporciona mejores probabilidades de ser escuchados.

La pausa no es solo, ni mucho menos es siempre, pensar lo que se va a decir antes de decirlo. La pausa es, sobre todo, un espacio para, a través de percibir a otros y al entorno, percibirnos mejor a nosotros mismos. Una oportunidad de reunirnos, respirar y controlar lo que está sucediendo dentro de nosotros.

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