Enfermar de miedo


Todos experimentamos miedos y ansiedades. Algunos más que otros. Es algo, comúnmente aceptado que algunas experiencias provocan miedo prácticamente en todo el mundo. ¿Quién no sentiría miedo al notar que sale humo por debajo de una puerta, si se pierde el control de un coche o al ser diagnosticados de una enfermedad grave? El miedo es una emoción universal que nos alerta sobre un peligro inminente, real o potencial. Pero, como tal emoción , resulta útil y adaptativa ante los peligros reales.

Pero cuando el miedo no viene a cuento, es excesivo o no guarda relación con la realidad, ya no es un indicador, una señal de peligro fiable y precisa. En estos caso, el miedo juega un papel importante, se encuentra en el meollo de todos los cuadros de ansiedad más complejos. Uno de ellos, del que les vengo a hablar aquí, es el ansioso e irracional miedo a enfermar.

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Pero, miedo y ansiedad no son la misma cosa, aunque se hable de ambas situaciones como si significaran lo mismo. Los psicólogos cognitivos establecemos una distinción muy importante a la hora de abordar los trastornos de ansiedad en las terapias.

A diferencia de la emoción de miedo, la ansiedad es un estado emocional más prolongado y complejo, que el miedo inicial que la puede desencadenar.; el miedo es el estado psicológico subyacente que mueve la ansiedad. La ansiedad, la trastornada claro, es un estado de aprensión y de excitación física que nos produce cambios orgánicos que nos llenan de temor y agitación y mentales, éstos nos instalan pensamientos y creencias potencialmente adversas en relación al futuro. Por ejemplo, alguien que teme por su salud constantemente, puede, en cuanto nota la menor sensación de molestia estomacal, abdominal, sufrir ansiedad. Su miedo subyacente, o básico, podría ser ¿ y si es algo grave y me siento peor, voy a vomitar o no puedo respirar?

Identificar y analizar el miedo que anida en el núcleo de la ansiedad y cómo ésta afecta a nuestra esfera física, emocional y conductual, es esencial para hacerle frente y superarla.

La ansiedad por miedo a enfermar

Cuidar de nuestro cuerpo y tener preocupaciones razonables por su salud son conductas adaptadas, adecuadas, preventivas. Y, cuando realmente se padece una enfermedad, son aún más adecuadas. Por el contrario, las conductas desajustadas, maniáticas, hipocondríacas generan una preocupación desorbitada que favorecen los trastornos de ansiedad por miedo a enfermar.

Los miedos subyacentes al desarrollo del trastorno comienzan por cavilaciones sobre sensaciones físicas vagas e imprecisas o sobre hechos que, aunque reales, no suponen evidencia de una patología concreta; pero despiertan preocupaciones que acaban por ser angustiosas.

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Con la actual pandemia por coronavirus que azota nuestra realidad, el miedo a enfermar se ha disparado exponencialmente. En particular, las personas aquejadas por trastornos de ansiedad y psicosomáticos, como la nomofobia o la hipocondría están, si cabe, sufriendo mucho más de lo esperado. Pero no es el miedo a enfermar un fenómeno nuevo, o que haya llegado con la presencia en nuestras vidas de infecciones o epidemias. Se trata de algo más complejo, enraizado en la cultura de nuestras sociedades y entroncado con el ancestral miedo humano a la muerte.

Actualmente, aunque popularmente se siga utilizando, el término hipocondría, a nivel clínico, ha sido sustituido por dos definiciones etimológicas más precisas: trastornos de síntomas somáticos y trastorno de ansiedad por enfermedad. El conocimiento de los mismos es de gran ayuda para los terapeutas a la hora de abordar el padecimiento de las personas que sufren de miedo a enfermar o se alarman ante síntomas corporales que atribuyen a una enfermedad, sin que en ninguno de los dos casos haya evidencia o causa justificada de tal enfermedad.

¿Qué le sucede a la persona que padece estos trastornos?

  • Tiene un temor intenso a padecer una enfermedad grave.
  • Evalúa indebidamente sus síntomas corporales generando conclusiones muy negativas sobre su estado de salud.
  • Se alarma fácilmente cuando oye que alguien ha enfermado, al escuchar noticias sobre enfermedades,…
  • Observa continuamente su cuerpo y cuando percibe algún síntoma, dolor, … reacciona de manera desproporcionada.
  • Busca una respuesta que le tranquilice y para ello, comienza a indagar sobre la enfermedad que teme con el fin de encontrar indicios que echen por tierra la posibilidad de padecerla.
  • Consultan en internet (cibercondría) o en otras fuentes, recurren a familiares, pareja… buscando la confirmación de que están bien, acuden al médico muchas veces, aunque en otros casos, reaccionan de la manera contraria, no acuden a él por miedo a que confirme su temor.

Este tipo de comportamiento va a amplificar la percepción de sensaciones y síntomas corporales de malestar físico y de preocupación mental, por lo que la persona entra en un estado de hipervigilancia obsesiva. Las respuestas tranquilizadoras que se da van perdiendo capacidad de autocontrol, y cada vez le costará mas encontrar otras que las sustituyan.

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Se trata de un trastorno que acabará por convertirse en el eje central de la vida de la persona, que interferirá en todos sus ámbitos, personal, social y laboral. De ahí la necesidad de la atención psicológica especializada. Los mejores resultados los ofrece la Terapia Cognitivo-Conductual.

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