Todo el mundo es sensible a algo. Las críticas que recibimos es de las cosas que más malestar personal genera. Pero la crítica es una parte inevitable de la vida. Conviene, en consecuencia, tomarnos las cosas de manera que el impacto emocional que nos provoquen no sea exagerado. Es decir, que no nos tomemos las cosas de manera tan personal, que nuestras reacciones no hagan otra cosa que hacer tambalear nuestro equilibrio emocional.
Recibir una crítica no es algo de gusto para nadie. Resulta desagradable que nos censuren, corrijan, nos reprochen o reprueben, aunque quien lo haga alegue ánimo constructivo, o incluso cuando ejercemos la autocrítica. De las críticas podemos sacar algo en claro, o nos las podemos tomar como un hecho dramático. La primera de las formas puede, de alguna manera, proporcionarnos una visión positiva dentro de la contrariedad o incluso, el desacuerdo que opongamos a la crítica. La segunda nos deprime. En cualquier caso, tomarse «a pecho», las críticas, particularmente si somos personas con una necesidad excesiva de aprobación, puede resultar demoledor para nuestro bienestar psicológico. En general, las personas con hipersensibilidad a la crítica suelen adoptar una actitud sumisa y pasiva ante los demás.
Pero, las críticas, son parte inevitable de la vida, vuelvo a repetir. Saber encajarlas de forma adaptativa es una habilidad necesaria para llevar una vida saludable. Cuando somos capaces de aceptar las críticas de nuestras acciones sin tomarlas personalmente, sin sentirnos abrumadoramente heridos o avergonzados, no solo evitamos que nos afecten negativamente, sino que se intensifique su daño. Así que, aquí les ofrezco una serie de recomendaciones para afrontar las críticas de manera asertiva.
Evalúa de dónde y de quién viene la crítica.
La fuente de la que provienen las críticas son de especial importancia ¿Verdad que no es lo mismo beber agua de un manantial cristalino que de un charco en medio de la calle? Por supuesto que no. Aparte del hecho de que eres una persona inteligente, el origen de las cosas es determinante. Con las críticas pasa lo mismo.
Si la crítica, aunque sea severa, viene de alguien bien intencionado y en quien confías, su impacto negativo es pasajero y estás en situación de interiorizarla de manera que consideres sus aspectos positivos. Por el contrario, si la crítica proviene de una intencionalidad mezquina, animada por la envidia, debes enfocarte en la persona que la realiza y no en el contenido de lo que expone. De esta manera podrás distinguir los motivos de alguien para herirte y, en consecuencia, relativizar el choque emocional que la crítica te produce. Tómate tu tiempo para evaluar unas y las otras. Sentirse confundidos es normal y, a veces, la orientación de un asesor psicológico nos abre puestas de salida que nos alivian y refuerzan nuestras decisiones.

Dale a los críticos otra oportunidad, pero no oportunidades ilimitadas.
Hay gente mala. Hay gente estúpida. Hay, también, quien no tiene límites para meterse en la vida de los demás. Y hay, en quien se conjugan todas estas funestas características. Cualquiera de esas personas puede herirnos con su lenguaje abrasivo, con sus calumnias y necedades. También, existe quien puede cometer un error y decir algo que pueda sonar insultante, descalificativo, que nos hiere. Es humano. La cuestión, en estos casos, es la frecuencia conque el error se produce y si se trata de un patrón de conducta.
Hay, por tanto, quien no merece que malgastemos ni un solo segundo de nuestro tiempo en encajar su crítica. La gente mala, estúpida y alcahueta se merece nuestro desinterés e inhibición, o directamente nuestro desprecio. Sin embargo, otras muchas personas que ejercen una crítica legítima (al menos en su opinión o manera de ver) sobre nuestras opiniones o acciones, quizá merezcan un ¿me repite la pregunta? Por ejemplo, quien sabiendo que sus palabras nos hará algún tipo de año, se disculpan sinceramente y en su ánimo no habita la intencionalidad de perjudicarnos. Quien se suele sentir muy afectado por las críticas debería (si aún no lo ha hecho) aprender a fijar los límites de su tolerancia.
Nuestra salud mental depende mucho de los límites que ponemos a aquello que sabemos nos puede afectar sobremanera.

«¡No deberían decir eso!»
Las personas hipersensibles a las críticas suelen tener altos estándares morales. Y eso es bueno. Pero en el contexto de asumir, aceptar o tolerar las críticas, los valores morales pueden suponer una desventaja. Me explico. El hecho de que actuemos desde una posición moral de respeto a los demás, incluso incluyendo en nuestro razonamiento la asertividad y la empatía, nos lleva a considerar que, los demás, deberían actuar de manera similar. Pero eso no tiene porqué ser así y, cuando no lo es, nos encontramos ante una situación que oscila entre la perturbación y la indignación ¡No deberías decir eso! ¡No es así como deberían ser las cosas!
Recibir criticas que consideramos injustas, indebidas o poco morales, es una realidad que no vamos a poder esquivar. La frontera de lo ético, de lo honrado y de lo decente, es una línea que se transgrede con suma facilidad. Conviene, por ello, no evaluar a nuestros críticos desde nuestras posiciones morales. En estos casos nuestra mejor estrategia para que la crítica no nos dañe es relativizar los efectos de estas manifestaciones en relación a nuestras vidas, poner en valor nuestra forma de ver el mundo. Piensa, y repítete si hace falta que, sentirse molesto u ofendido puede estar justificado, pero no es útil. Responder a las mismas con honestidad es la mejor manera de desactivar las criticas malintencionadas. Es decir, centra tu atención en el contenido de la crítica para rebatirlo o dejar que te resbale, no en si debía o no haber sucedido.
Cuestiona tu propio perfeccionismo.
Existe una línea continua entre hipersensibilidad y perfeccionismo. El perfeccionismo genera una tendencia a conflictos psicosomáticos preocupantes y suele ser una vía rápida y directa a la infelicidad. Si eres de las personas que se toman las cosas muy personalmente, es muy probable que la crítica te produzca retroalimentación negativa, o lo que es lo mismo, confrontamiento con el nivel alto de tus exigencias personales. Producen diferentes desajustes psicológicos las críticas cuando uno es perfeccionista. En estos casos, trabajar terapéuticamente este perfeccionismo ayudará a una vida más adaptable a los entornos sociales y a las relaciones personales.
«¡Debería haber dicho …!»
Todos hemos experimentado ser criticados, incluso acosados a críticas en diferente grado. En más de una ocasión, pasados unos minutos o incluso unas horas, se nos ocurrió un buen zinger (respuesta retardada), que deberíamos haber dicho en aquel momento de la crítica o comentario que nos sentó mal. Reproducir estas escenas en tu cabeza es un arma de doble filo.
En algunas ocasiones puede tener un efecto positivo, de alivio y empoderamiento. De hecho cuando se realizan con un terapeuta, a través de la técnica de reescritura de imágenes (especialmente si existe algún elemento traumático) es de una gran utilidad. Por el contrario, en otros casos, reproducir una escena ansiosa producida por las críticas de otras personas, puede resultar bastante problemático. Con frecuencia da lugar a fantasías de venganza, al cruzar la línea del empoderamiento al egoísmo. Ser honestos con nosotros mismos cuando, pasada la crítica recreamos escenas en nuestra cabeza, es la mejor manera de evitar los conflictos psicológicos que nos producen los pensamientos recurrentes y rumiantes.
Tómate las cosas muy personalmente.
¡Vaya, caramba! ¿pero no estábamos hablando de todo lo contrario?
Sí, pero no te sorprendas tan rápidamente.
Tomarse las cosas personalmente requiere separarse de la hipersensibilidad y de las tentaciones narcisistas y perfeccionistas. De lo contrario, sufriremos.
Pero esto no nos debe llevar a confusión. La vida hay que tomársela muy en serio. Las cosas que nos suceden necesitan de nuestra total implicación personal. Por eso, entre las críticas y tú ha de haber algo personal, y esa cosa es relativizar, acertar con la justa medida de las cosas y tomar las mejores decisiones al respecto. Nada, incluidas las críticas que nos disgustan, pueden estar sometidas a la despersonalización. Cuando se despersonaliza una acción o un rol, rápidamente pierde su valor. Y el valor de las críticas que nos hacen daño está en que seamos capaces de encontrar el término medio entre ser hipersensible y preocuparse.


