Cómo los secretos pueden destruir una relación. El puente terapéutico. Reservados y maquiavélicos


Casi todos tenemos secretos, al menos algún secreto. Pueden ser la cosa más tonta o pueden, por el contrario, ser una bomba autodestructiva, o que cambiará la vida tal y como la conocíamos hasta su revelación.  Muchos de ellos tienen que ver con eventos traumáticos, con una identidad estigmatizada o con adiciones y transgresiones. Los secretos, mírelo por dónde los mire, son una trampa para nosotros mismos. Cuando cohabitan con la mentira tienen un pronóstico muy negativo sobre las relaciones.

Para hundir una relación no hacen falta grandes mentiras

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Los secretos profundos no tienen por qué depender de eventos externos. Las esperanzas y los sueños de los que alguien no se atreve a hablar también son secretos. En muchas ocasiones, una autoevaluación y sus ansiedades es el secreto más inconfesable. Los secretos, incluso si jamás se revelan o son descubiertos, nos dañarán, a nosotros y a quienes nos rodean.

Necesitamos reconocer y afrontar internamente nuestros secretos para ser fieles a nosotros mismos, aunque pueden hacernos sentir «como un fraude» si desafían nuestra identidad. Aprendemos, desde muy jóvenes, a guardar secretos, en ocasiones, en el marco de una sociedad de relaciones complejas, también hemos aprendido a ocultarnos cosas a nosotros mismos.

Una necesidad y una carga

La vergüenza es la base de muchos secretos. Tenemos miedo de lo que la gente pueda pensar si supiera que…Guardamos secretos para evitar herir a otras personas, aunque ocultarlos suele ser lo más perjudicial. A veces guardamos secretos porque queremos seguir con una conducta que nos es placentera, aunque generaría sufrimiento de revelarse.

El secreto, como la mentira, necesita memoria, ocupa un espacio mental tan enorme que interfiere con el trabajo, con las relaciones amorosas, con la amistad.  Es una carga muy pesada, ansiosa e hipervigilante para que no se escape por nuestra boca y nos ponga en una evidencia insoportable. Las mentiras secretas suelen ser los principales detonantes de las rupturas de pareja.



Cuanto más ocupa tu mente un secreto, más contundente es su efecto negativo. Los secretos persistentes en el tiempo, producen un efecto abrumador que influye considerablemente en el juicio de la persona. Guardar secretos es agotador, absorbe demasiados recursos mentales que deberíamos estar utilizando para otras tareas.

Guardar secretos perturbadores de nuestra psicología y emociones, tiene, también, consecuencias importantes sobre la salud física. Existe evidencia de que la ocultación de secuelas psicológicas de traumas propicia una mayor incidencia de problemas de salud. Cuando nos volvemos guardianes de secretos, los trastornos psicosomáticos nos visitan con frecuencia: dolores de cabeza y espalda, náuseas, hipertensión,insomnios, asi como casi toda la sintomatología que cursa con la ansiedad.


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Los secretos llevan a la rumia.  Vueltas y vueltas a pensamientos improductivos que dsembocan directamente en el delta de la ansiedad y a creencias distorsionadas sobre uno mismo o sobre las personas con las que se interacciona. El secreto, cuando se convierte en hábito, genera una vivencia de impotencia que arrasa con la confianza en uno mismo y hacia los demás. Con el tiempo, produce parálisis en las relaciones. En las parejas, los secretos desembocan en la rutina más mortal. En diferentes casos, en las terapias de pareja, se ha podido comprobar como la ocultación de los gustos sexuales, o de las necesidades emocionales, por vergüenza o por miedo, han socavado los cimientos de la relación

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Los secretos ¿callar o revelar?

Con frecuencia los secretos te llevan a un callejón sin salida. Conviene, entonces, plantearse seriamente qué hacer con ellos. No es fácil.  El atajo del autoengaño es una puerta de salida muy recurrente. Socialmente tendemos a considerar más eficiente a alguien que parece muy seguro de sí mismo, aunque solo sea resultado del autoengaño, que a quien habla abiertamente de sus defectos. No obstante, esto, muy habitual en las situaciones de dependencia emocional y de la conducta narcisista, los trucos cognitivos que empleamos para mantener a salvo secretos basados en la mentira y la manipulación, pasan una factura psicológica severa.

Decidir revelar un secreto es una manera directa de llegar al meollo del asunto. En las relaciones, es situarse en el punto de no retorno,  Hacer visible el secreto ayuda a soltar la presión de tenerlo que mantener oculto permanentemente y las emociones contradictorias que eso produce. Hay, no obstante, que estar dispuestos y preparados para afrontar otro tipo de presión, la del impacto que causaremos en los demás y sus respuestas. Es fácil que se produzca inicialmente un agravamiento del dilema original.

Utilizar un puente terapéutico

Mantener un secreto disminuye enormemente la capacidad  de las demás personas para entenderte. Las pocas posibilidades de poder expresar lo que callas refuerza la idea de que tienes que pasar por esa situación tú sola/o.   Para muchas de las personas que guardan «secretos inconfesables», la dureza con la que se juzgan así mismas es demoledora, cargada de una culpabilidad difícil de soportar.

Los terapeutas profesionales no juzgamos a nuestros pacientes. Este hecho genera la confianza necesaria para que muchas personas acudan a consulta a «vomitar» aquello que les oprime y genera enorme malestar psicológico y, con  frecuencia, psicosomático. He podido comprobar como, la mayoría de las personas que acuden a mi asesoramiento o intervención psicológica, manifiestan un enorme alivio cuando abren la catacumba de su secreto. Será que, resolver el problema de una forma colaborativa (como principio psicoterapéutico)  afloja los resortes de las tensiones psíquicas.

Ese alivio de tristeza y de ansiedad, cuando te abres a alguien en el que confías ( la relación terapéutica se basa en la confianza, o no sirve para nada) es un refuerzo positivo importante para abandonar algo que, con frecuencia  y hasta casi siempre, acompaña al que guarda un secreto a fuerza de mentiras, el autoengaño y la falacia de control. Son diversas las cuestiones a resolver antes de enfrentarnos a la realidad de un secreto visto desde los ojos de las personas que lo desconocían pero  les afecta directamente.

La psicóloga Anita Kelly de la Universidad de Notre Dame, autora de La psicología de los secretos , ha planteado preguntas, en relación a la terapia para afrontar situaciones de confrontación ante la revelación de secretos fundamentados en mentiras, engaños e infidelidades,  que permitirán establecer estrategias de refuerzo y motivacionales cara, no solo a asumir las consecuencias de la revelación del secreto, sino a las de vivir con las de las respuestas al mismo

Por otro lado, el puente terapéutico para abordar las consecuencias de la revelación de un secreto, contempla lo que el sujeto se va a encontrar en la otra orilla. Descargar un secreto siempre produce un efecto de contrabalanceo, es decir, carga a alguien con algún tipo de dilema. Lo convierte en una especie de guardián secundario. Afortunadamente, en el desarrollo terapéutico también se contempla la forma de abordar este problema, especialmente para que, la solución no radique en descargar el problema sobre otros, convertirlos en cómplices o en partes del engaño.

Como nos explica la doctora Kelly, a pesar de la idea generalizada de que es mejor que todo salga, que el secreto es más dañino estando oculto, algunos secretos es mejor dejarlos  en su invisibilidad si, de hecho, acabarían por producir un daño imposible de reparar de compartirse.  No siempre podremos resolver el conflicto o el contenido subyacente al secreto de manera que, revelarlo una vez resulto, disminuya su capacidad de hacer daño a terceros.  Habrá entonces que aprender a vivir con ello, lo que, de alguna manera, siempre funciona como un bucle del miedo a ser descubiertos.

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La personalidad reservada

No todos los secretos son mantenidos ocultos intencionadamente, no todos obedecen a un intento de no quedar expuestos ante los demás. Para algunas personas, un secreto puede brindarle consuelo, un refugio privado en la mente. Naturalmente, hay secretos que no son tóxicos por mucho que los ocultemos o creamos que ocultándolo hacemos algo malo. Algunas personas son reservadas, incluso aunque esta característica no vaya en su propio beneficio.  Porque, incluso para quienes guardan secretos poco comprometedores o pequeñas mentiras, los problemas de salud y psicológicos suelen ser más frecuentes. Lo que tampoco debe sorprendernos demasiado, las personas reservadas son más deprimidas, propensas a la vergüenza, ansiosas y sensibles a los juicios.

Los maquiavélicos

Los secretos son una fuente de información y control que algunas personalidades histriónicas utilizan a sabiendas o con la intención de sacar beneficio.  Hay quien prospera engañando,  cualquiera de nosotros encontraría algún ejemplo de ello. Para estas personas  la información que obtienen sobre otras personas es de un gran valor, para manipular, para presionar, para chantajear o, sencillamente, para ocultar la información propia que podría jugar en su contra. Con frecuencia, los extremos más narcisistas de estos individuos correlacionan con la presencia de rasgos psicopáticos.

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