De pocas cosas se habla tanto como de la infidelidad sexual y de la deslealtad hacia la pareja. Pocos temas son tan dolorosos. Los comportamientos de infidelidad se producen, conforme a una montaña de estudios sobre este tipo de conducta, sobre el 20 por ciento de matrimonios y relaciones similares, y hasta en el 70 por ciento de parejas en relaciones de noviazgo. Es la causa más común de separaciones y divorcios. El daño emocional que produce, ya sea cuando el engaño marca el final de una relación o el comienzo de un «viaje hacia la reconstrucción», suele ser persistente.
Lo habrán oído alguna vez, el refrán o el dicho de que «un tramposos siempre será un tramposo». Pero, ¿¿Qué tan cierto es? Pues, por lo que sabemos conforme a la evidencia de las investigaciones serias y rigurosas, las personas que han llevado a cabo una infidelidad sexual y/o emocional, tienen mayores probabilidades de volver a hacerlo en la misma o en una relación posterior. Relacionarse, salir con alguien con un historial de infidelidad es sin duda motivo de preocupación.
Para la mentira hace falta memoria, para la verdad valor.
Por qué es tan reincidente la infidelidad.
Seguramente, a ninguno de nosotros nos define totalmente nuestros peores comportamientos. Sin embargo, continuar desarrollando ese tipo de conductas sí. En el caso de las personas que reiteradamente son infieles a su pareja, se produce un fenómeno que la psicología define como «amnesia ética» que, básicamente consiste en olvidar esos actos de manera arbitraria para no sentirse perturbados por los sentimientos de culpa y evitar angustia psicológica.
Como la conciencia humana puede enviar a un plano, digamos, más débilmente consciente (lo que en la psicología clásica se conocía como subconsciente y los psicoanalista otorgan al inconsciente) determinados recuerdos de comportamientos que consideramos inadecuados o nos incomodan y «allí» los suprime o esconde, se produce un mecanismo psicológico de ‘doble distanciamiento’; por el cual juzgamos las transgresiones de los demás como peores que las nuestras.

Este hecho es muy prototípico en las personas activamente infieles para evadirse de la responsabilidad de sus actos. Se trata de un empeño para relajar la conciencia moral, no sufrir y continuar disfrutando de nuestros deseos de tener diferentes relaciones sexuales sin renunciar a casi nada.
La investigación científica, sobre el fenómeno de la infidelidad sexual y emocional en la pareja, nos indica que, aunque no todas las personas que son infieles son artistas del engaño, suelen tener habilidades para hacer «trampas» capaces de desensibilizar el cerebro de las emociones negativas asociadas con la mentira. A medida que la deslealtad se asume como una realidad personal y social y se envía al rincón cerebral del olvido consciente, se acaba reincidiendo.
Existe evidencia de que un mecanismos neuronal respalda las conductas deshonestas, como es la infidelidad. Este tipo de comportamientos producen una reducción de la señal en la amígdala que se asocia a la escalada de deshonestidad egoísta en las decisiones. Lo que comienza como pequeños actos de deshonestidad puede escalar a transgresiones más grandes.
Cuanto más mentimos, más reducida es la respuesta de nuestra amígdala.
Causas de la infidelidad
La infidelidad siempre implica una traición a la confianza depositada en otra persona, en el marco de una relación de compromiso. Las causas de este comportamiento son variadas y obedecen a factores específicos en cada persona, incluso en cada sexo. Entre los motivos más frecuentes podemos destacar:
Un vacío emocional: generalmente propiciado por relaciones insatisfactorias, tal vez, incluso, rotas hace tiempo. El sexo y el romance con otra persona son mecanismos capaces de llenar ese vacío emocional, aunque resulta muy habitual que la infidelidad acabe acentuando ese problema.
Rechazo a la monogamia: el individuo nunca ha tenido la intención de tener una relación, principalmente sexual, con una sola pareja, a pesar de haberse casado o aceptado un compromiso relacional. En general tienen un comportamiento de preservar la relación «oficial» alternando otras relaciones pasionales pero exentas de compromiso.
Se quiere romper la relación, pero se necesita apoyarse en otra persona: así de simple y de frecuente. Antes de terminar con la pareja buscamos alguien en quien apoyarnos para dar el paso. Es una de las actitudes más mezquinas que existen en las relaciones de pareja, que producen de los niveles más altos de dolor para la persona abandonada.
Podría extenderme mucho en enumerar causas (aburrimiento, ganas de venganza, trauma no resuelto, etc.). De la misma manera podríamos diferenciar la conducta de infidelidad en hombres y en mujeres.

Uno de los principales motivos que impulsa al hombre a cometer una infidelidad es el deseo sexual, el atractivo de la otra persona. Esto significa que en muchos casos no existe una gran inversión e implicación emocional, frecuentemente no pasa del plano físico aunque las estrategias para conseguir sexo estén llenas de promesas de amor y futuro. La mayoría de las mujeres no buscan una simple satisfacción sexual, se implican más emocionalmente, quieren añadir romanticismo y pasión a sus vidas. Obviamente no siempre ocurre así , y aunque esta diferencia aún sigue siendo una realidad, los patrones en las mujeres están cambiando. A la luz de estos datos es probable que el hecho de que los hombres buscan sexo y las mujeres romanticismo muy pronto será un mito del pasado.
En cualquier caso, la decisión de mantener relaciones de infidelidad obedece a la satisfacción de deseos personales apoyados en la mentira y el engaño, que siempre produce un daño difícil de reparar. Las personas que han sido engañadas, que han sufrido una infidelidad en el pasado tienen el doble de probabilidades de volver a serlo en el futuro y por las mismas razones que les llevaron a ser víctimas, con similares consecuencias devastadoras para su salud mental. Las personas engañadas, no solo pueden experimentar ansiedad y depresión, sino que también aumento de caer en comportamientos de riesgo: consumo de sustancias tóxicas, trastornos alimenticios comportamientos sexuales muy expuestos a problemas de salud y sufrimiento psicológico.
Una persona cambia cuando cambia la conciencia de sí misma.
¿Se puede evitar ser infiel?
Aunque no existe una receta universal validad de cómo superar la infidelidad, y afrontar el engaño tiene que ver con la forma de ser de cada persona y de sus recursos emocionales; de cómo afrontamos otros acontecimientos y de la capacidad de la persona para la resiliencia, tampoco existen estrategias claras para evitar cometer infidelidades. Sabemos que es nuestra conciencia la que nos impide implementar la mentira y el engaño en nuestras vidas. Evitar las conductas que nos llevan al filo de lo imposible (como ocurre con la traición de la confianza) requiere de una voluntad firme de practicar la autoconciencia relacional, o lo que es lo mismo, la capacidad de adoptar una actitud comprometido con uno mismo y basada en la honestidad propia y hacia los demás.
Ser infiel y serlo de manera reiterada puede estar originado por alguna de las diferentes causas que ya hemos mencionado más arriba, pero, también puede deberse a un problema de control de los deseos y de los impulsos, e incluso relacionado con un trastorno de la sexualidad. Pero, en cualquier caso, y más allá de que se necesite ayuda profesional, se requiere un importante esfuerzo de reflexión y voluntad, así como la asunción de criterios válidos de empatía y asertividad. No todo infiel está dispuesto a ello. A no todo infiel le acompaña un sentimiento de culpabilidad y la voluntad de cambiarlo por el de responsabilidad.
En los casos en que la persona infiel decida dejar de serlo, la autoconciencia relacional, abre puertas de salida asertivas, nos convierte en dueño de nuestros actos, nos libera de repetir errores y nos dota de la libertad de poder actuar de otra forma en el futuro.



La contradicción de ni contigo ni sin ti
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