La hipocondría es un trastorno mental psicosomático cuya característica esencial es la preocupación excesiva, miedo recurrente o convicción de tener una enfermedad de moderada a grave, a partir de la interpretación personal de sensaciones corporales u otro signo que aparece en el cuerpo.
La interpretación catastrófica de los signos corporales es el mecanismo que produce las conductas hipocondríacas.
Se sabe que este trastorno afecta a menudo a ambientes familiares, e decir, que muchos miembros de una familia tienden a estar afectados. En general, las personas que componen este tipo de núcleos familiares viven con mucha angustia cualquier signo de enfermedad en hijos o padres. Es una interpretación, aunque también puede existir una predisposición genética.
La cibercondría hace referencia a los hipocondríacos digitales. Se refiere a la ansiedad excesiva por la salud generada por búsquedas online. De igual manera que la hipocondría, repercute muy negativamente en la salud mental de la persona, en el desarrollo profesional, en las relaciones sociales y familiares y en el funcionamiento general de la persona. A diferencia de la hipocondría, tal y como la veníamos conociendo y abordando por los especialistas em medicina psicosomática y psicología de la salud, ahora, encontrar vía Internet el diagnóstico y el tratamiento de algo que creemos tener, se alcanza en uno o varios clics de ordenador o smartphone. Esta peculiaridad es la que convierte a la cibercondría en algo complejo y peligroso ¡Un mal día pueden llevar a una persona a un autodiagnostico de cáncer o depresión mayor!

El uso de internet para consultar información sobre salud es muy frecuente. Esta conductas suele ser muy positiva en el marco de una relación médico-paciente. Sin embargo, la autoadministración de información en red puede ser tan perjudicial para nuestra salud como la automedicación, probablemente incluso más si arrastramos algún problema de tipo afectivo o emocional.
Existen miles de lugares relacionados con la salud que presentan, al menos, indicios de credibilidad, y miles de ellos lo son. Sin embargo, también la red está plagada de información sesgada, no actualizada o inexacta. También, claro está, nos podemos encontrar con información cuyo única intención es conseguir beneficios económicos, a veces, incluso, a través del fraude. Esta realidad exige que tengamos especial cuidado con la información que extraemos de Internet sin asesoramiento profesional.
Por qué la información de salud en Internet puede causarnos gran perjuicio.
Acudir al Dr. Google cuando nos sentimos mal es poco recomendable. Es, relativamente fácil, acabar creyendo que lo que nos pasa o creemos tener, es algo malo o muy malo para nuestra salud. Por ejemplo, sabías que, mientras los tumores cerebrales ocurren en menos de una de cada 50.000 personas, más del 30% de los documentos que aparecen en una búsqueda web de «dolor de cabeza» apuntan a un tumor cerebral como una posible causa.
Con frecuencia, las personas obsesionadas confunden las clasificaciones de búsqueda con la probabilidad real de tener una enfermedad grave. Hace no tanto, en mi consulta, un individuo que buscando información sobre «espasmos musculares» había encontrado resultados en la parte superior de varias páginas que lo relacionaban con la ELA, manifestó estar aterrorizado con la posibilidad de tener una enfermedad terminal.
De Interés para tu salud y la de los tuyos
La solución no es mantenerse alejado de Internet, sino aprender a filtrar. Las conductas cibercondríacas son especialmente recurrentes cuando no se filtran bien y se confundan los síntomas superpuestos, como cuando relacionamos emociones normales persistentes con problemas de salud mental.
Conviene verificar los sitios que visitamos buscando información sobre nuestra salud o la de un ser querido. No todos los sitios de salud se crean por igual y es difícil saber en cuál confiar. Una de las principales intervenciones terapéuticas con personas hipocondríacas es el trabajo en toma de conciencia sobre la necesidad de control de los impulsos y de los pensamientos distorsionados que llevan a el autodiagnóstico. Se tu propio defensor, pero no seas tu propio médico.


