El extraño caso de la mujer gallina


Es en los rincones más oscuros de la psicosis donde uno encuentra los excesos más extraños y también más raros

El hermano de la paciente la había llevado a la sala de emergencias del hospital después de informar que la encontró en su jardín mostrando un comportamiento extraño, que incluía agitar los brazos y hacer extraños sonidos de cacareo.

 La mujer no tenía antecedentes médicos relevantes, ni de consumo de sustancias, ni de depresión. No mostraba, al menos aparentemente, problemas de salud mental, salvo de haber acudido a psicoterapia por las dificultades de un duelo complicado tras la muerte de su padre diez años antes. Aunque se la conocía en su entorno familiar y social por sus altibajos emocionales y problemas de ansiedad, no se pudieron encontrar pistas o indicios reales sobre qué era responsable de su extraño comportamiento.

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Clínicamente, la señora sudaba profusamente, temblaba, se le hinchaban las mejillas, hacía ruidos, como cacareando y cantando como un gallo. Después de unos minutos, pareció tensar los músculos faciales, su cara se puso roja. Parecía muy desorientada en el tiempo y en el espacio. Poco después del primer examen de la paciente, ésta experimentó una crisis con ataque epiléptico generalizado con evidencia de cianosis y espuma en la boca. Luego de ser tratada con una combinación de antiepilépticos y controlado el estado de alteración de conciencia, la mujer durmió durante muchas horas. Una vez que se despertó, su condición parecía completamente normal sin absolutamente ningún signo de su delirio anterior y todos los signos médicos habían vuelto a la normalidad. Ella también tenía una amnesia casi completa con respecto a lo que sucedió en los días anteriores.   

Las imágenes cerebrales y las pruebas de EEG no mostraron signos de anomalías que pudieran haber explicado su extraño delirio. Fue dada de alta del hospital y se siguió su estado durante varios meses sin signos de convulsiones u otros síntomas. Después de un año de recuperación, finalmente regresó al trabajo y, según los informes, está bien.

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Una explicación desde la neurociencia cognitiva

Si bien los casos notificados de zoantropía clínica siguen siendo raros, con frecuencia, muchos de ellos no se reconocen. A diferencia de la mujer que se creyó gallina, o del hombre que confundió a su mujer con un sombrero, muchos casos de delirio nos pasan desapercibidos. En diferentes ocasiones, los casos de despersonalización los catalogamos genéricamente como psicosis, como diagnósticos de esquizofrenia, depresión psicótica o trastorno bipolar, lo cual hace difícil revelar algunos de sus matices singulares. Los escasos casos de zoantropia, como el que acabamos de ver, suelen ser atribuidos al consumo de sustancias alucinógenas.

La zoantropia clínica es un ejemplo fascinante del tipo de síndrome de despersonalización que ocasionalmente surge en la literatura clínica. Síndromes similares incluyen el Cotard, una condición poco común marcada por la falsa creencia de que la persona o las partes de su cuerpo están muertas, muriendo o no existen, y la ilusión de Capgras cuando la persona afectada crea que un cónyuge o familiar cercano ha sido reemplazado por un impostor. 

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