Hay quien huye de revisar el pasado. Bien porque lo considera una pérdida de tiempo, bien porque piensan que afectará negativamente a su presente, o bien porque teme al dolor de los recuerdos y de las acciones pasadas. Estas posiciones suelen expresarse como huidas hacia adelante que, en muchos casos, produce el efecto contrario al que se buscaba con dejar el pasado en un rincón o dentro de un cajón cerrado a cal y canto. Quien así piensa, no obstante, no deja de tener claro que meter lo barrido bajo la alfombra, acabará por generarnos alergias y la ansiedad propia de las cosas postergadas, sin resolver.

Hacer borrón y cuenta nueva con un pasado doloroso es una buena decisión, pero no ocurre así como así, ni porque sí. Conviene no perder de vista que, todas las decisiones que hemos tomado y todas las experiencias que hemos vivido han contribuido a convertirnos en la persona que somos en la actualidad, por eso es de enorme importancia estar lo más en paz posible con él. Con el pasado no podemos actuar como cuando tiramos algo viejo que ya no sirve, ni esforzarnos en convencernos de que aquello que sucedió no existió.
Hay quien, cuando viene a consulta, me pregunta si alguna vez, su pasado problemático, lo podrá olvidar. Olvidar, consiste, les respondo a todas esas personas, y a ti, por si te interesa saberlo, en recordar sin que el dolor de ese recuerdo afecte a tu vida de manera importante. Comprendido esto, el afrontamiento con los conflictos pasados resulta más sencillo y más eficaz. Aceptar nuestros errores es la mejor manera de superarlos, aunque aquellos hechos te hayan lastimado y continúen haciéndolo porque la experiencia emocional que guarda tu cerebro, aún no la has gestionado convenientemente.

las heridas emocionales nos acompañan durante toda nuestra existencia. En ocasiones tienen relación con experiencias traumáticas, en otras con situaciones vividas a edades tempranas o debidas a relaciones insatisfactorias. Esos acontecimientos no se evaporan con el tiempo, podemos esforzarnos mucho en querer «olvidarlos», pero, con frecuencia tanto esfuerzo es vano cuando, cualquier cosa, cualquier evento nos los devuelve al presente. En esos casos, si no hemos gestionado bien nuestro pasado, vuelve a hacernos bastante daño. Una de las mayores expresiones negativas de no resolver los conflictos con nuestro pasado, antiguo o de hace poco, son los fenómenos en forma de creencias limitantes. Una de las que más perjudican el futuro de alguien es la de la indefensión aprendida. (si te interesa, léete mi artículo sobre este tema).
Las creencias limitantes son percepciones distorsionadas de la realidad que nos impide crecer, desarrollarnos como personas o alcanzar todas esas cosas que nos hacen ilusión.
Cuando el pasado aún está presente
El pasado no se puede cambiar, pero tampoco se puede ocultar, ambas cosas hacen referencia a ti. A los demás solo los puedes engañar y mentir , pero a ti no. Y ese es el quid de la cuestión, lo que hace que nuestro pasado más problemático siga vigente en nuestra vida presente. Lo que sí está en tu mano cambiar, es la visión que tienes de ese pasado tuyo que tanto te afecta en el presente; puedes lograr que deje de causarte daño y de ser un obstáculo para desarrollar una vida plena y satisfactoria.
Las emociones puedes ser contradictorias en relación a una experiencia, incluso puedes sentir emociones encontradas que te hacen dudar y que te llevan a permitir que una situación dolorosa se prolongue en el tiempo. Cuando no gestionas bien tus emociones, cuando son ellas las que toman el manto y el rumbo de tu vida, tu presente parece permanentemente anclado en lo que pasó. Se trata de un circulo vicioso lleno de ansiedad y pesadumbre que debes romper para poder seguir adelante con tu vida, desprendiéndote de los sentimientos que te generan los conflictos pasados.
Los bloqueos emocionales originan problemas serios de autoestima, sentimientos de impotencia y profundo resentimiento. Cuando no los abordamos con el ánimo de superarlos, son como un bumerang que constantemente nos vuelve y golpea en la cabeza. La consecuencia más inmediata de los bloqueos emocionales es que generan muchas dificultades para analizar las cosas con objetividad. Cuando esto sucede, el pasado se presenta una y otra vez; pero, no necesariamente en forma de recuerdos, sino que adopta la apariencia de miedos, inseguridades, incertidumbre, falta de energía, etc.
Superar aquello que llevamos arrastrando durante tiempo, a veces muchos años, no es fácil, pero se consigue. Es cuestión de querer y esforzarse en conseguirlo. Si los conflictos que arrastramos de nuestro pasado son significativos, es conveniente asistir a terapia psicológica.
Cómo encontrar la paz con nuestro pasado problemático
El trabajo psicoterapéutico es esencial para sanar al pasado y detectar las vivencias traumáticas o las creencias heredadas que laceran nuestro yo. El principal objetivo de este tipo de terapia consiste en trabajar desde la seguridad de la consulta con las memorias guardadas en tu cerebro de las experiencias que te están limitando en el presente, ya sea consciente o inconscientemente, para poder aceptarlas, tanto desde el punto de vista racional como emocional. De esta forma dejarán de limitar tu futuro.
En general, los problemas con el pasado vienen de las emociones que nos generan. Muchas de estas emociones las hemos reprimido durante años, lo cual produce importantes situaciones de psicomatización (ver mi artículo sobre terapia somática), q cuerpo también enferma. Pero, por otro lado, debemos aprender a gestionarlas, lo cual conlleva un cierto nivel de represión. Para conseguir un equilibrio terapéutico que nos permita abordar las situaciones problemáticas, los psicoterapeuta utilizamos varias líneas de actuación. Por un lado, las técnicas no cognitivas de regulación de emociones, basada principalmente en técnicas de relajación y respiración.
Este tipo de metodología es complementaria a una intervención de mayor calado, como la siguiente:
Técnicas Cognitivas para la Regulación de Emociones
Cuando vivimos una emoción negativa, nuestra atención se centra en los pensamientos que mantienen esa emoción activa y si continuamente le damos vueltas a esos pensamientos, fortalecemos las emociones. Pero, sin embargo, si pensamos menos en el suceso que hizo aflorar la emoción negativa, esta disminuye. Vemos en este hecho como emoción y pensamiento están estrechamente ligados.

La técnica se fundamenta en la siguiente secuencia de intervención:



