Hay vida antes de la muerte y muerte antes de la vida


Tomo prestado para el título de este articulo, una parte de una reflexión de Eduard Punset. Punset es un referente para muchas cosas, para psicólogos como yo, amantes del acercamiento de la ciencia a todo el mundo, su lectura, sus conferencias han sido enseñanzas de gran ayuda y guía en mi actividad profesional y, también, en algunos aspectos de la vida particular. Con él aprendí a encontrar el alma en el cerebro. Normal, no puede andar lejos de donde habitan las emociones y los sentimientos.

Para reflexionar sobre la muerte, que es el objetivo de esta entrada en mi weblog, hay que estar vivo, parece lógico. Sin embargo, para entender cómo la muerte en realidad solo es una parte más de la vida, y en consecuencia perderle muchos de los miedos que nos provoca, hay que haber vivido antes. Creo que entiendes por dónde me estoy moviendo al escribir estas líneas.

Hoy, preocupadas por no morir, muchas personas se olvidan de vivir. Quien así vive pensando, acaba viviendo como piensa. Por eso conviene encontrar cuanto antes esa alma que todos tenemos y que de la suya, Punset, tal vez parte en aquel graffiti de una pared de Nueva York donde figuraba ¿Hay vida antes de la muerte?

Te invito a ver la reflexión que al respecto realiza Eduard en esta entrevista. Puedes verla ahora, aunque con la promesa de retomar luego mi lectura. O al finalizar la misma (hay otro vídeo).



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Confieso que he vivido

Como Neruda, hacerse preguntas y reflexiones sobre la vida, incluida la muerte como parte de ella misma, es un ejercicio muy sano para la mente. Nos ayuda a relativizar los miedos. En general nos cuesta hablar de ella y cuando lo hacemos la prolongamos a la lejanía de la ancianidad. Este enfoque, precisamente, es la que la convierte en angustiosa, sin necesidad, a medida que cumplimos años. Tememos morir y, sin embargo, no nos da miedo que la vida nos pase por delante sin pena ni gloria. La ansiedad que nos produce la idea de morir es la de no aceptar que la vida humana tal y como la conocemos tiene fin. En terapia del duelo, esta ansiedad se mitiga con la comprensión de que podemos dejar, a nuestros seres queridos, mucho más de lo que nos vamos a llevar.

Vivir es el mejor antídoto contra los pensamientos recurrentes en torno a la muerte. Viviendo se comprende mejor porque también y a la vez vamos muriendo un poco cada día. Esta perspectiva nos puede ayudar a ser mejores cada día en lo que hacemos y en lo que compartimos. Aceptando la muerte con naturalidad, aprender a vivir nos resulta más fácil y hasta menos doloroso. Cuando nos vayamos será porque hasta allí hemos llegado y, lo único que importará entonces será lo que hemos legado con nuestra experiencia vital.

Puede que te suene raro, cuando no estrambótico que te comente que, lo mejor para evitar las crisis existenciales que desencadena el miedo a la muerte, lo mejor es llegar a un acuerdo con la muerte. Aunque ser mortal resulte aterrador, saber que tenemos fecha de caducidad también puede resultar un buen aliciente para afrontar la realidad de manera más valiente, compasiva y preocupada por quien avanza delante de nosotros y por quienes crecen detrás. Lo que damos y lo que recibimos es una de las mejores maneras de sentirnos vivos y de aceptar que cuando llegue el fin lo importante es que nos encuentre en paz. Un ejemplo de esto que te comento lo encontramos, en mi opinión, en el cantante de jarabe de palo, Pau Donés, fallecido recientemente.

Pau sabía que le quedaban meses de vida. Y tenía una última meta: grabar su último disco y escucharlo en casa. Era todo un reto porque las fuerzas flaqueaban y le quedaban pocos meses de vida

Lo que me queda lo voy a disfrutarlo y compartirlo, voy a divertirme y voy a despedirme de la gente».


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Por supuesto que la aceptación de la muerte no significa que no quedaremos devastados cuando un ser querido muere. Lo que significa es que podemos ser capaces de concentrarnos en ese dolor sin otras cargas existenciales. Cada vez que escucho una historia como esta, o me entero de que a alguien conocido le han encontrado un cáncer, me paro a pensar sobre la muerte. Probablemente, a ti te pase algo parecido. Es lo normal. Paradójicamente, en nuestro interior, en ese lugar del cerebro donde reposa ociosa nuestra alma, como decía Punset, se intensifica nuestras ganas de vivir, de hacer cosas y aprovechar el tiempo al máximo (esto debe incluir el tiempo de las ganas de no hacer nada . (que es una manera muy provechosa de estar con nosotros mismos).

En relación con la muerte, lo más dramático, lo penoso, lo insufrible de verdad, es estar muertos en vida. Vivir como un zombie, además de ser muy aburrido, es un despropósito. Nos sumerge en una existencia cargada de reproches hacia nosotros mismos, y muy posiblemente hacia los que nos rodean también. Cuando no vivimos antes de morir, nos arrinconan los arrepentimientos. Una enfermera de enfermos en situación terminal (a la que le sentaban muy bien las sesiones de terapia con sorbos de café cuando venía a verme) me comentó las cosas de las que más se arrepentían las personas que, por su trabajo, veía o acompañaba en el momento en qué morían. Al final, la simplificó en una lista de los cinco «ojalá» compartidos por muchas de aquellas personas

  • Ojalá hubiese tenido el coraje de vivir un vida fiel a mí mismo, no la vida que otros esperaban de mi
  • Ojalá me hubiese dado permiso para ser feliz.
  • Ojalá no hubiese trabajado tanto.
  • Ojalá hubiese mantenido mayor contacto con familia y amigos.
  • Ojalá hubiese tenido más coraje para expresar mis sentimientos.

Vive deliberadamente

Vivir necesita propósitos. El aumento de nuestra esperanza de vida y la implicación en cuidar de nuestra salud, nos permite gestionar mejor nuestro valioso tiempo. Cuando esto es así comprendemos más claramente que, si estamos vivos lo que nos corresponde es vivir. Que la muerte no nos ha de coger simplemente vivos, sino simplemente viviendo. Ser conscientes de esto y practicarlo desvanece muchos de nuestros miedos a morir. Así que, mejor, practica a diario eso de vivir deliberadamente.

Fíjate, pensar en la muerte es algo muy sano, no solo pone en perspectiva nuestra realidad, sino que nos cuestiona nuestra actitud de posponer las cosas que realmente nos importan o interesan. A diferencia de los fatalistas, intenta comprender que, precisamente, hay que disfrutar de la vida porque vamos a morir. Eso sí, procura no vivir la vida como la quieren otras personas. Recuerda que tienes derecho tanto a vivir como deseas, como a morir como quieras. Es importante ser feliz, aunque la felicidad solo sea por momentos.


Si deseas consultarme algo en relación a la vida o a la muerte, puedes hacerlo por aquí…

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