Es muy conocida aquella reflexión que dice, que si no trabajas duro por un objetivo propio, acabarás trabajando mucho por los intereses de otra persona. Vivir la vida que realmente queremos no es sencillo, pero si es posible, aunque sea a cachitos. Necesitamos, no obstante, interiorizar muchas de nuestras virtudes y saber manejar bien las frustraciones, para estar en disposición de afrontar personalmente lo que la vida nos puede deparar.
En esta publicación quiero exponer algunas de las claves que, a mi juicio y experiencia profesional, son decisivas para acercarnos a ese objetivo de desarrollar una vida tal y como la pensamos y anhelamos.
Si no vives como piensas, acabarás pensando como vives
Agradece lo que tienes
La felicidad son momentos y estos momentos de felicidad rara vez provienen de circunstancias externas. Los asuntos y adquisiciones materiales ayudan a tener un mejor estado de bienestar, igual que no nos cuestionamos esto, tampoco debemos pasar por alto que hay quien «lo tiene todo» y vive en una ruina interior desoladora. Estar agradecido por lo que se tiene es un buen colchón para no hacernos daños en las pérdidas de ilusión y en las frustraciones. Ser agradecidos te prepara para afrontar con más entereza los imprevistos y los obstáculos que se interponen en tu camino.
El perfeccionismo no es más que un trastorno ansioso que te roba felicidad.
Abandona tus preocupaciones por ser perfeccionista, es un ejercicio inútil y sin fin. Solo incorpora a la vida insatisfacción y estrés. El perfeccionismo dificulta el necesario equilibrio para saber diferenciar una circunstancia de otra o determinar con claridad y capacidad de decisión de una situación en relación contigo mismo. El perfeccionismo te llena finalmente de dudas y de inseguridades

Tomar buenas decisiones ha de ser vocación
Las buenas decisiones a veces pueden molestar e incluso herir a otras personas. En consecuencia las mejores decisiones se toman con honestidad. Quien te quiere te apoyará. Aprender a tomar buenas decisiones nos aclara el camino hacia nuestras metas, nos hace disfrutar con lo que hacemos. Decidir lo más acertadamente posible requiere valor y aprendizaje para enfrentarte a tus propios conflictos internos (habilidades, experiencias, valores) y a la perseverancia y decisión para tratar los asuntos del entorno y las relaciones. Buscar la decisión mejor es una buena forma de contener a la impulsividad.
Potencia tus fortalezas.
Conócete, tú mejor que nadie debe saber que es lo que se te da bien, que puedes mejorar y , finalmente, que es lo que no quieres en tu vida. Potenciar tus fortalezas es aprender a diferenciar lo que puedes cambiar y lo que no. Aprovecha esta ventaja.
No descuides tus relaciones. Somos seres sociales y en la interacción con los demás aprendemos a vivir y a mejorar.
Dejar ir
La preocupación es el mayor gasto inútil de energía, no la podemos evitar en muchas ocasiones o situaciones, pero sí relativizar. Hacer algo que amas te ocupa más que te preocupa. Para que esto ocurra conviene entender bien que no vale la pena preocuparse por aquello que no depende de ti. Deja ir (o expulsa si se obstina en permanecer) todo aquello que te genera dependencia, lo que supone un obstáculo. Sé honesto a la hora de decidir sobre lo que se queda y lo que se va. Lo que no puedas evitar que se quede, procura que pase por un proceso positivo de adaptación a tus objetivos e intereses.
La culpa es una emoción incapacitante.
Fracasar en los intentos y los intentos fallidos son algo normal, incluso necesario, cuando construimos algo. Perseverar es el camino que debemos seguir en casi todo lo que emprendamos en la vida. El enemigo más peligroso para nuestra voluntad de persistir y seguir nuestro camino es el miedo a sentirnos culpables en los fracasos. Por lo general, este miedo aparece cuando empezamos con excusas para hacer o afrontar aquello que nos hemos propuesto. Ten esto bien en cuenta.

Ejercita tu concentración.
La capacidad de concentración es clave en esta vida. Si eliminamos nuestra mente de distracciones y ponemos nuestros 5 sentidos en la tarea que estamos haciendo nos saldrá todo mejor. la vida es corta y conviene aprovechar los momentos. La felicidad está hecha de momentos.


