No hace nada, el otro día, escuché a dos personas, las tenía detrás, quejarse de sus parejas. Me retuve, desconcertado. Estábamos los tres en un saliente de rocas por el que se accede al mar. Es un lugar hermoso, propicio y seguro para aquellas personas que nos gusta nadar. Desde luego, el lugar menos sospechado para expresar los conflictos amorosos. Pero, por lo que sabemos los psicólogos, los problemas relacionados con los sentimientos amorosos tienen dificultad para escapar de la angustia. De las penas del desamor oiríamos hablar hasta en pleno desierto.
Cualquiera ha visto alguna vez parejas discutiendo por la calle. Ella le sacude con un reproche y él exclama enfáticamente que está “loca”. En más de una ocasión, incluso desde una amplia distancia social, les he visto alejarse heridos. En nuestra búsqueda de sentirnos amados y en nuestra frustración por no serlo, al menos tal y como lo teníamos pensado, o pensábamos que era el amor de otra persona, nos invaden los pensamientos distorsionados. En ocasiones solo salen al paso de un desacuerdo, pero en otro brillan como faros de verdad en medio de un mar de frustración.
A quien más y a quien menos nos ha pasado de estar convencidos de que tal persona no nos escucha, que habla demasiado, que espera mucho y es perezosa para dar más; que es desconsiderada o la persona más difícil que hemos conocido. A veces exageramos estos pensamientos y en otras pueden no estar muy alejados de la realidad. Pero, lo cierto es que, en los vaivenes amorosos, las emociones ponen a deambular a nuestros pensamientos, les llenan de incertidumbre, y los transforman en una especie de sicarios silenciosos de las relaciones amorosas. Vamos un poco más de cerca los pensamientos tóxicos más usuales en los conflictos entre parejas. Los psicólogos no leemos las mentes, pero sabemos que dentro de ella habitan algunos de los pensamientos con mayor capacidad para asesinar una relación, para ponerle un fin del cual muchas y muchos acaban arrepintiéndose. Veamos de qué se trata:

La trampa de todo o nada.
Este es un pensamiento excluyente fundamentado en una distorsión cognitiva, es decir, en un error en el procesamiento de la información sobre la otra persona de la pareja. Vemos a esa persona como alguien que suele hacer lo incorrecto, porque lo correcto nos lo atribuimos a la percepción del mundo y de las cosas tal y como la vemos nosotros. Es un pensamiento dicótomo, no realista. Genera un gran distanciamiento entre la pareja.
Conclusiones catastróficas.
Exageración de las acciones y de los eventos negativos, atribución a la actitud de la pareja. Los pensamientos catastróficos son una fuente debilitante de ansiedad. Provocan mucha disfuncionalidad en las relaciones afectivas. El pensamientos y las actitudes de este tipo, son la antesala, también, de los menosprecios.
Lectura recomendada

Sabemos que en una relación de pareja nunca hay garantías, pero algunas personas se enganchan, generan vínculos tóxicos con el otro y, sin darse cuenta, empiezan a perder el control de su propia vida. Quienes padecen dependencia emocional tienen un concepto erróneo del amor y creen que éste va ligado siempre al sufrimiento. Por ello, dejan de ser quienes eran, su vitalidad se apaga, sus ilusiones desaparecen y toda su vida gira en torno al otro. Esa persona con la que ni siquiera son felices.
El juego de la culpa
Los pensamientos de culpabilidad y los de culpabilización, son demoledores, convierten en escombros una relación en muy poco tiempo. Expresar las emociones en forma de reproches e incluso de acusaciones es una práctica que genera una distancia difícil de recuperar. Culpabilizar genera desconfianza mútua. La culpabilización es una forma de maltrato, conviene no olvidarlo.
La imaginación hiperactiva
Los celos, con frecuencia, hacen más daño por lo que parece que por que sucede en realidad. Como los celos, los pensamientos tóxicos suelen ser precipitados, ansiosos, impacientes. Nos llevan a conclusiones inexactas, e incluso alejadas de toda realidad.
Destino la desilusión
Las expectativas son a menudo fuente de mucha frustración. La idealización de la pareja suele ser una causa habitual de las relaciones insatisfechas. Ocurre que las expectativas nos alejan más de la otra persona a medida que pasa el tiempo, especialmente cuando hemos creado una fantasía que no se cumple.


