El duelo por desamor no es lineal


Cada quien es cada cual y afronta las cosas que le vienen como puede. Superar la ruptura de una relación amorosa, para muchas personas, es algo así como agarrarse a una tabla flotando en el mar después de un naufragio. Las emociones se nos desatan distintas y contradictorias. Es lógico, lo que dejamos atrás, lo que sentimos como bueno y eterno, se nos derrumbó y ahora mal andamos entre sus escombros.


La tristeza es un sentimiento natural en cualquier proceso de duelo, no es permanente y no es saludable negarse a expresarla.


No hacen falta grandes mentiras para hundir a una relación. Incluso, en ocasiones, se nos va lentamente de las manos, de una forma imperceptible. El desamor obedece a distintos factores. Entre los más determinantes el alejamiento afectivo y la frustración de las expectativas de una relación sólida y consolidada. No todo el desamor, aunque sea muy abundante, llega por la traición del compromiso adquirido entre dos personas. Sea, la razón que está detrás de una ruptura sentimental importante, la que sea, el desamor necesita su duelo. Y como en todos los duelos, el duelo dolerá lo que el “muerto” duela.

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Ya lo he comentado en otras publicaciones y sobre esto hay cientos de referencias (algunas hay que tomárselas con prudencia y otras no son más que retuerzo de pseudociencia). La pérdida del amor suele ser complicada y, en ocasiones, dramática. En casos extremos hasta traumática. Por eso, como cuando fallece alguien entrañable para nosotros, requiere de un proceso de duelo para su superación o, sencillamente, para poder llevarla bien adaptada a nuestra realidad y no nos condicione la cotidianidad.

Yo comparto la conveniencia de situar en cinco las fases de un duelo por ruptura de pareja. Me parecen más que suficientes para que alguien supere la amargura de este trance. Con frecuencia no se acude a un especialista que acompañe en este proceso. Consideramos que forma parte de la vida, y así es, pero no debemos subestimar el daño que puede ocasionar en una persona cualquiera, en un momento determinado de su vida. Cada quien es cada cual para elegir cómo afrontar la ruptura, la separación o el divorcio. Pero, no es necesario sufrir más de lo soportable.

Formulario de consulta

1. NEGACIÓN. Al principio actuamos como si todo continuara igual. Negamos la mayor. Pretendemos anular la pérdida para minimizar el impacto de la realidad. Las emociones en esta fase son muy contradictorias. Aislarse de la realidad es la puerta falsa de salida que más se abre en los primeros días o semanas desde la separación.

2. IRA. En la fase de ira predominan el resentimiento y la frustración. Se suele culpar a la otra parte de los males que acarrearon el rompimiento, incluso si la decisión es nuestra, y se maquinan actos de venganza para causar más dolor. A veces esa ira se vuelve contra uno mismo, hacia las personas cercanas o hacia todo el mundo.

3. NEGOCIACIÓN. La siguiente fase, bien empleada, abre nuevas puertas que conducen a buenos términos, si ambos se muestran objetivos en su análisis. Sin embargo, puede resultar frustrante cuando no se negocia correctamente. Hay quien comete el error de hacer cualquier cosa por recuperar el idilio y termina arruinando un posible vínculo fraterno futuro.

4. DEPRESIÓN. Durante la fase de depresión se comienza a ver que no hay marcha atrás y se pierden las esperanzas. Esa tristeza, bien manejada, puede dar paso a la fase de aceptación, en la que ya visualizamos un nuevo futuro sin esa persona, lo cual puede traernos la paz que tanto necesitamos.

5. ACEPTACIÓN. ROMPER EL CÍRCULO VICIOSO. Ante una ruptura que pretende ser definitiva, se recomienda no tener contacto con esa otra persona durante un tiempo prudencial para evitar recaídas estériles. Si los reencuentros son inevitables porque hay una familia en común, amistades, un entorno laboral o proyectos que necesitan el esfuerzo de ambos, es importante manejar el duelo sin caer en la tentación de manipular a terceros, cuya salud emocional también puede dañarse. Nadie merece estar en medio de esas incómodas situaciones de supuesta lealtad dividida, y mucho menos ser usado en aras de atraer o alejar a tu expareja.

Puede que por momentos creas muy difícil cerrar el ciclo porque te mueves en círculos viciosos o te estancas en un estado depresivo profundo. Si te sucediera, asúmelo como parte del proceso, pide ayuda y confía en tu naturaleza para recuperarte sin cambiar aquella dependencia por otra igual de dañina: psicofármacos, sexo vacío o autocompasión.

La duración de ese período de fragilidad es variable, en función de la fortaleza emocional y otros factores sicológicos, culturales y hasta económicos. Cuando la dependencia es muy lacerante, la única opción es cortar el vínculo de raíz, pues cada encuentro con el ser «amado» te regresa a etapas del duelo supuestamente superadas, sobre todo si esa persona ya decidió reiniciar su vida en brazos ajenos a los tuyos.

Todos esos confusos sentimientos, bien entendidos y canalizados, encontrarán su lugar en tu vida. Aunque buscar ayuda profesional es una buena opción, ningún problema se resolverá solo por visitar especialistas. Sus consultas te proveerán de nuevas herramientas para superar la crisis, pero te toca a ti esmerarte en utilizarlas con ese fin.

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