La pandemia de coronavirus copa toda nuestra realidad cotidiana. Lógico, nos enfrentamos a una situación desconocida, imprevisible y tremendamente peligrosa. Cualquier otra realidad ha perdido relevancia informativa ante el impacto de una enfermedad viral que nos ha recluido a todos en casa y en el miedo. Pero no es la única epidemia que nos viene asolando en unas sociedades donde el consumo nos está consumiendo.
El confinamiento en casa es la medida terapéutica más eficaz contra la expansión de la epidemia del coronavirus, la única que parece poder contener el azote imprevisible e impredecible de esta enfermedad respiratoria conocida como covid-19; al menos hasta que la ciencia nos proporcione una vacuna capaz de inmunizarnos contra la misma. Este aislamiento social, consecuencia de una condición sanitaria preventiva y de recuperación en el caso de estar contagiados, puede acarrearnos algún tipo de sintomatología propia de conflictos o alteraciones psicológicas.
Aumento de las conductas impulsivas, obsesivas y compulsivas
Cuando vivimos bajo condiciones de aislamiento, como las actuales para minimizar el impacto de esta pandemia, es habitual que pueda presentarse sintomatología propia de algunos conflictos o desajustes psicológicos. En los casos más severos aparece ansiedad y depresión. Otro tipo de complicaciones que son igual de probables, si no más, es el desarrollo de conductas obsesivas y compulsivas directamente relacionadas con el consumo: ingesta alimentaria, sustancias tóxicas o juego patológico. Hoy quiero detenerme en el análisis del juego compulsivo en tiempos de aislamiento.
El juego por placer, ocio u objetivos monetarios tiene como base la excitación y la huida rápida e irreflexiva del aburrimiento. El juego de azar, las apuestas, tienen miles de años de antigüedad y están presente en casi todas las culturas, en todos los tiempos. En la actualidad, España es el país de la Unión Europea que más dinero gata por habitante en juego y uno de los primero del mundo. Es lógico que también sea uno de las comunidades con mayor problema de juego patológico, que genera ruina personal y económica y grave trastorno psicológico.
Las situaciones de aislamiento generan conductas de mayor impotencia e insatisfacción personal y social y son caldo de cultivo para que se desarrollen comportamientos patológicos en relación con el juego, especialmente el que se lleva a cabo por los medios tecnológicos virtuales actuales. En concreto, el factor de riesgo de participación de juegos de azar entre adolescentes y en la edad adulta, se multiplica exponencialmente al tiempo de confinamiento. Encerrados en casa, este problema se magnifica en los casos en que existe en el entorno personal o familiar mayor precariedad laboral, situaciones de adicción a sustancias o conductas de juego patológico entre otros miembros de la familia. La depresión aparece con frecuencia acompañando al juego en la persona jugadora, aunque también influye la depresión en el contexto familiar.
El juego patológico en un fracaso crónico y progresivo para resistir los impulsos de jugar, aunque se sea perfectamente conscientes de los problemas que acarrea tanto a nivel personal y familiar como laboral. Consideramos que existe juego patológico cuando existe pérdida de control, dependencia emocional al juego, una pérdida de interés por otras actividades y una interferencia negativa en el funcionamiento normal de la vida cotidiana. Para que ocurra esto no es necesario que estemos aislados, aunque en general el jugador o la jugadora patológica tiene carencia al aislamiento. Lo que ocurre en tiempos como el actual de aislamiento forzoso es que se agudiza la desconexión socioambiental y se potencia la fijación al objeto de placer, es decir, al acto de jugar.

La adicción patológica al juego se supera.
En breve, analizo en un ensayo las conductas de adicción al juego y las acciones terapéuticas efectivas para abordar las situaciones de las personas que padecen esta patología; recuerdo que desde 1980 la ludopatía tal y como se entendía entonces, donde el juego online no existía, se consideró como un trastorno adictivo de entidad y nivel similar al que producen la adicción a las drogas. La Organización Mundial de la Salud también la reconoce, aunando bajo la terminología de juego patológico, toda referencia diagnóstica referente a juego neurótico, juego compulsivo, juego excesivo. Esta unificación nosológica ha permitido una mejor intervención terapéutica en las personas afectadas.
Los trastornos de ansiedad son muy frecuentes en los jugadores patológicos. De hecho, existe evidencia de una mayor incidencia en estas personas de conductas acordes con los trastornos de personalidad, especialmente antisocial, límite e incluso narcisista. Esta realidad, también, ha facilitado el diagnóstico y la intervención psicoterapéutica más adecuada para el control de los impulsos en el jugador patológico.

Hay muchas esperanzas para la superación de la adicción al juego, para todos los afectados y especialmente para todos esos jóvenes que hoy están enganchado a la adicción a las apuestas deportivas y al juego online. Las psicoterapias se vienen, cada vez, más unificando en torno al abordaje de modificar y cambiar las características que comparten los afectados; en tanto a las dificultades para resistir un impulso, deseo o tentación de llevar a cabo algún acto que sabe dañino o perjudicial para sí mismo; la percepción de malestar emocional, en forma de tensión o activación interior; la modificación de las sensaciones de placer, gratificación o liberación patologizada; o trabajar sobre los sentimientos negativos de culpa, vergüenza, remordimiento, arrepentimientos y reproches, que convierten al juego patológico en verdaderamente peligroso para la salud física y emocional de persona.
Existe una evidencia muy favorable para estos tratamientos y que, los profesionales que hemos trabajado durante años con personas en exclusión social y/o con problemas importantes en relación con las adicciones, sabemos. Los jóvenes ludópatas y los enganchados al juego online, piden ayuda mucho antes que los jóvenes enganchados a sustancias tóxicas. Y esa percepción temprana de su problema es un gran paso terapéutico.


