Pensamientos espontáneos: entre la creatividad y la ansiedad.


Tal vez sucedió durante una conversación en familia, con los amigos. Tal vez apareció mientras escuchabas una charla, atendías a un cliente o a partir de una determinada escena de una película que estabas viendo en el televisor. De repente un pensamiento extraño que te hizo perder el hilo de la conversación, te desconectó de lo que estabas escuchando o te distanció de quien tenías enfrente. Probablemente duró unos segundos, pero te dejó una sensación verdaderamente perturbadora, aunque rápidamente recuperaras el resuello y nadie notase nada

Es habitual en cada uno de nosotros, durante el día, tengamos episodios de pérdida temporal de control mental. Nos pasa aunque no seamos conscientes de ello. Es normal. Es humano. Todos tenemos pensamientos espontáneos no intencionados, especialmente cuando estamos solos, pero también cuando interactuamos con otras personas. Nuestra mente tiene “un punto” de errante que a veces resulta agradable y hasta reconfortante. Pero también un lado oscuro, que es como la rendija que deja la astilla en una puerta, por el que se nos cuelan pensamientos intrusivos negativos.

Todo pensamiento espontáneo es un modo predeterminado del cerebro. La neurociencia ha confirmado que más del cincuenta por ciento de nuestro pensamiento es espontáneo, pensamiento independiente del estímulo: pensamientos errantes, soñar despiertos, intrusivos, etc. No podemos evitar, en consecuencia, tener pensamientos espontáneos. No podemos conseguir que nuestro cerebro piense solo en lo que queremos pensar. Un ejemplo, yo mismo, en este instante que escribo esta entrada para mi weblog, intento concentrarme en el tema en cuestión, pero también tengo pensamientos espontáneos no deseados que me distraen. Aunque esto me ocurre, en general se trata de pensamientos espontáneos que me ayudan a adaptarme a mi entorno. Los pensamientos espontáneos son importantes para la creatividad y la resolución de problemas.

El pensamiento intrusivo, distorsionante y recurrente, por el contrario es como una ráfaga de malestar cargada de sensaciones inquietantes y angustiosas. Con frecuencia, estos pensamientos espontáneos no deseados son contrarios a nuestros valores, creencias e incluso amenazan nuestra propia identidad. De hecho, algunos de los problemas de salud mental más importantes, como la ansiedad patológica, los trastornos por estrés postraumático, el trastorno obsesivo compulsivo, la culpa excesiva e incluso la depresión, pueden desencadenarse por los pensamientos intrusivos negativos, especialmente por su fuerte carácter anticipatorio para imaginar lo peor.

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