Demonios y psicoterapia


Hay quien, cuando entra en mi consulta, parece convencerse a sí mismo, de estar pisando un suelo neutral en el que sentirse a salvo. Será porque las terapias se venden como “un lugar seguro”. A menudo, esta idea, cambia radical y rápidamente. Y es que, el objetivo esencial de la psicoterapia, es aprender a sentirnos cómodos con nuestras incomodidades, o si lo prefieren, conseguir sentirnos más cómodos con quienes somos y con nuestro lugar en el mundo, afrontando aquello que nos perturba emocional y psicológicamente.

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Podemos invitar a nuestras neurosis a tomar café – algunos gurús del positivismo neoliberal y del “todo se cura con amor”, lo hacen – ; pero la psicoterapia fracasa en los consejos de sobremesa. La mala psicoterapia, como la mayoría de las pseudoterapias, ataca los síntomas, funcionan en modo analgésico; calma durante un rato a “tus demonios”, pero no los ahuyenta.

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En los procesos de autoexamen terapéuticos, lo que nos “sana” es la adquisición de habilidades y capacidad para disminuir la carga de nuestras luchas. Sentarnos o recostarnos en consulta convoca a nuestras preocupaciones y neurastenias, hace emerger a todos “nuestros demonios”, para someterlos a la deconstrucción de los patrones repetidos y distorsionados de pensamientos, y comportamientos que perturban nuestras relaciones y otros muchos aspectos de nuestras vidas.

Todos tenemos demonios, pero no cualquier demonio nos quema. La vida, en más de una ocasión, nos abre armarios de frustración, de dependencias poco saludables, de ansiedad anticipatoria, y tantas otras situaciones por las que la gente pierde la paciencia y merma su calidad de vida. La psicoterapia arroja luz sobre muchas de estas oscuridades. Nos facilita y acompaña en el proceso de reconocer nuestras vulnerabilidades, de exploración de nuestro ser sombrío y hacer frente, con garantías, los desafíos de transformación de nuestro paisaje interior.

Cambiar es complejo, no es fácil, sobre todo si tememos al cambio. Eliminar la espiral de nuestras oscuridades privadas cuesta. Por eso, el psicoterapeuta, el que practica psicología “de verdad”, huye de los intentos deliberados de reducción sintomática y pone el énfasis del proceso de cambio en valores, aceptación, atención centrada en la persona y sentido trascendente en el ser. Cabe que tengas esto en cuenta si, en alguna ocasión, tocas a la puerta del psicólogo. Conviene que no olvides que, las malas prácticas, hacen más peligrosos, aún, a nuestros demonios.

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