» Nadie está tan vacío como aquellos que están llenos de sí mismos»
¿Cómo nos enfrentamos a los eventos difíciles capaces de cambiar nuestras vidas? ¿Cómo reaccionamos ante situaciones traumática como la muerte de un ser querido, una enfermedad difícil, la ruptura sentimental o la pérdida del empleo?
En los años que llevo ejerciendo como psicólogo, en las intervenciones y asesoramientos que he llevado a cabo con cientos de personas, especialmente aquellas en situaciones de vulnerabilidad y exclusión social, me ha dado tiempo para conocer el valor de la resiliencia más allá del marco teórico en los que muchas veces nos desenvolvemos los profesionales de la psicología. Tener la posibilidad de observar la capacidad humana para realizar ajustes positivos bajo situaciones desafiantes, es un aprendizaje integral que no tiene precio.
El concepto de resiliencia, o capacidad para adaptarse y superar la adversidad, debe entenderse como condición ordinaria, no extraordinaria, del humano. Por lo general las personas logran adaptarse con el tiempo a las situaciones que cambian dramáticamente sus vidas y que aumentan su estado de tensión, independientemente del entorno en el que la persona se desarrolla cotidianamente. La resiliencia se aprende mediante un proceso que requiere tiempo y esfuerzo y que compromete a las personas a tomar una serie de pasos. En ocasiones puede necesitarse orientación psicológica para conseguirlo.

Un factor clave para vivir de manera más resiliente es saber cuándo necesitamos ayuda y poder buscar la ayuda que necesitamos. Hoy sabemos que la humildad nos permite conocer nuestras limitaciones y comprender mejor las áreas de nuestra vida en las que necesitamos la ayuda de los demás. Cuando enfrentamos dificultades, ponerse en contacto con lo que necesitamos es realmente útil.
La humildad en la resiliencia pone en fuga a las suposiciones. Preguntarnos por lo que necesitamos o qué necesita otra persona nos facilita el camino hacia la resiliencia. Las relaciones de cariño, dentro y fuera de la familia; las relaciones que emanan confianza, las que promueven modelos a seguir y que ofrecen estímulos y seguridad, las que desechan actitudes de vanidad y soberbia, contribuyen a afirmar la resiliencia en las personas.
La humidad tiene dos partes clave. Por un lado es interna, implica una visión precisa del yo e incluye la conciencia y el reconcomiendo de nuestras propias limitaciones. Ésta es la que nos proporciona la capacidad para hacer planes realistas y seguir los pasos para llevarlos a cabo. Nuestra capacidad para manejar sentimientos e impulsos fuertes también se ve muy mejorada. La otra clave es interpersonal, implica estar orientado hacia el otro en lugar de centrarse en uno mismo. En clave de mensaje, la humidad nos proporciona destrezas de comunicación y resolución de problemas al interactuar con los demás.



